Lucio del Álamo, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, decidió en los años setenta construir la Ciudad de los Periodistas, donde tras cinco décadas sigue habiendo residentes que han desempeñado el oficio. Es el caso de Julián García Candau (Vila-real, 1939), que fue jefe de deportes de Ya, El País, Efe y TVE, además de director de AS. Actualmente escribe en republica.com.

Candau, un histórico del periodismo nacional, llegó a jugar con el Villarreal en Tercera División cuando todavía era juvenil. Pero no fue el fútbol, sino su entrevista a Curro Romero, la que le convirtió en una celebridad cuando era un chaval de solo 25 años. Sucedió el 25 de mayo de 1967. Curro se negó a matar un sobrero de la ganadería de Cortijoliva porque el maestro argumentaba que el bicho ya estaba toreado. Y el plante le costó caro: El Faraón terminó con sus huesos en la Dirección General de Seguridad, un búnker que no fue inexpugnable para el instinto periodístico de Candau.

—Usted es autor de una de las grandes exclusivas del periodismo de los años 60, la entrevista a Curro Romero. ¿Cómo recuerda aquello? ¿Cómo se coló vestido de camarero en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol?

—Casualmente yo iba con un pantalón gris marino muy oscuro y con camisa blanca. Tenía parte de la vestimenta de camarero. Al camarero de La Tropical, una cervecería en la que luego hubo una bomba terrorista, le pedí acompañarlo. Me prestaron la pajarita y la chaquetilla. La primera vez entré con el camarero y la segunda entré yo solo. Curro estaba en el segundo piso de la Dirección General de Seguridad, no en los calabozos. Y le acompañaban dos comisarios. Le serví la cena dos veces. Naturalmente, eso se publicó en la primera página del periódico El Alcázar, propiedad de PESA (Prensa y Ediciones SA). Fraga lo cerró el 27 de septiembre de 1968.

—¿Cómo hizo para entrevistar a Curro Romero?

—Curro me conocía mucho y sabía que si yo estaba ahí sería para enterarme de algo. Curro habló cuatro cosas, no tuvimos una conversación fluida. Su suegro no me reconoció. Y le dijo a Curro vaya camarero más torpe; yo no conseguía abrir una botella de vino. Curro le dijo que se callara. Fue un hecho que se reprodujo en toda España. Es un éxito periodístico que tienes con 25 años.

—¿Sería eso posible en el periodismo actual?

—No, por una razón: en un acontecimiento así ahora habría catorce cámaras de televisión, treinta periodistas de radio… En mitad de ese follón, alguien me delataría. Aquella vez no pasó.

—¿Quiénes fueron sus maestros en el periodismo?

—He tenido varios, pero el que más me enseñó y ayudó fue Luis Apóstol. En Valencia fue José Umbuera.

—¿Quién es el mejor periodista español?

—El mejor periodista en todos los aspectos era Antonio Valencia. Era un hombre que sabía de fútbol, de ópera, de música, de teatro… Hizo crónicas de todo. Como él no ha habido otro.

—¿Y actual?

—Es que ahora ese perfil de columnista ha desaparecido. No sé decirte uno.

—¿Por qué los periodistas han perdido tanto prestigio en los últimos tiempos?

—Seguramente porque ahora hay mucho barullo. Hay emisoras de radio en las que no hacen más que gritar. Y en televisión hay también un programa, que yo no veo, en el que también se dedican a gritar.

—¿Se refiere a El Chiringuito?

No me refiero a ninguno. No me gusta ninguno. Hay veces que apago. Se organiza un alboroto en el que están todos discutiendo y hablando de un mismo tema. Recuerdo que hace años en la radio al principio de la emisión te contaban todas las noticias del día y después se iban analizando una tras otra. Ahora no hay más que un tema y con suerte dos. Se ha monopolizado la información y ha quedado casi reducida a Real Madrid y Barcelona.

—José María García dijo en una entrevista que los periodistas de bufanda estarían fuera de su equipo al día siguiente. ¿Qué haría usted?

—No mientes a José María García porque no quiero aparecer junto a él de ninguna manera. Le favorecí mucho, le ayudé y me pegó puñaladas por la espalda. No quiero tomarme la revancha. Afortunadamente, ninguno de los periodistas que trabajaron conmigo estuvo asalariado, vendido, llámalo como quieras, a un club, a una federación o algo por el estilo. Sabían que no podía ser.

—¿Por qué cree que ha surgido este tipo de periodismo?

—Cuando empecé, en los periódicos había señores que inevitablemente eran partidarios de algún equipo, pero no se notaba. Nadie puede decir que Antonio Valencia o Carlos Cronos fueran atléticos. No eran militantes. El problema de ahora es que hay mucha militancia. Yo no escribo normalmente del Villarreal porque soy de Vila-real, me crié allí y llegué a jugar dos partidos con el primer equipo siendo juvenil, cuando estaba en Tercera. No hablo del Villarreal porque me va a cegar la pasión. Del Valencia sí que he escrito alguna vez en El Levante. Por ejemplo sobre la Supercopa de España, en la que creo que han estafado al Valencia. Me parece una indecencia lo que han hecho.

—¿No está a favor de estos nuevos formatos?

—No, son dos cosas distintas. Una cosa es que me pueda gustar para el futuro el nuevo formato de la Supercopa y otra cosa es que hayan cambiado la Supercopa para este año con el agravante de que han hecho una distribución económica injusta. Resulta que el campeón de Copa cobra menos de la mitad de la cuarta parte que el tercero de LaLiga. ¿Dónde se ha visto? La Copa del Rey ha cambiado mucho desde que yo era pequeño. Con Franco había incluso partidos de desempate, en campo neutral. He visto cruces a partido único también. Y no estoy en contra de que lo cambien. Lo que me parece un poco extraño es que haya que salir al extranjero para disputar una competición nacional. Que la Supercopa, que es un apéndice, la jueguen fuera se puede pasar. Pero que el señor Tebas quiera jugar la competición nacional en Miami no me parece de recibo. Porque eso es modificar la competición. Cambiar un partido como el Villarreal-Atlético de Madrid… En La Cerámica el Villarreal puede ganar, pero en un campo neutral es más difícil. Con esa decisión beneficias o perjudicas a terceros. Eso no es de recibo. Es una competición que se tiene que jugar en España. Si yo he pagado mi abono para toda la temporada, ¿por qué me tienen que quitar un partido? Dicen que te compensarán, pero eso no lo compensa nadie. Quizá ese Villarreal-Atlético sea el partido más importante del año y lo ponen en Miami.

—¿Qué lugar tiene en el fútbol actual el aficionado?

—El fútbol hace mucho tiempo que es un negocio, pero ahora el negocio es excesivo. Es verdad que el aficionado supone menos de un 20% de los ingresos económicos del club. Por tanto, hay que buscarlos de otra manera. Pero una cosa es eso y otra es que se abandone totalmente al aficionado. Si el aficionado ha pagado su abono, tiene derecho a ir a todos los partidos. El anterior encuentro que quisieron llevar a Miami fue el Girona-Barcelona. Olía a partido político.

—Borges decía que «el fútbol es popular porque la estupidez es popular». ¿Se ha superado el prejuicio de algunos intelectuales hacia el fútbol?

—Hubo un tiempo en que los intelectuales se avergonzaban de ir al fútbol, de ser seguidores… Pero no todos. Tengo el ejemplo de unos amigos míos, Javier Pradera y Juan García Hortelano. Recuerdo que se encontraban en las puertas del Bernabéu cuando se dijeron que si les gustaba el fútbol, ¿por qué no iban a ir? He visto en Zaragoza la final de Copa del Rey (1987) entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid con Pradera, Elías Querejeta, García Hortelano… Tenía tertulia con ellos y hablábamos de fútbol. También con el Duque de Alba, que solía sacar la filosofía. Conseguí que hubiera intelectuales que escribieran de fútbol en El País como Vázquez Montalbán, García Hortelano, Juan Benet, José María Guelbenzu… En cuanto a Borges, él fue estúpido porque montó una conferencia el día de un partido importantísimo en el que Argentina se jugaba la clasificación frente a Perú; la gente se fue a ver el partido. En cambio, hubo otro escritor brasileño, Jorge Amado, que montó también una conferencia cuando jugaba Brasil y la suspendió. Hay una importante nómina de escritores que han jugado al fútbol. De los sudamericanos, salvo Borges, no conozco a ninguno que haya estado en contra del fútbol.

—¿Quién ha escrito mejor de fútbol?

—Mario Benedetti. Mira, el fútbol ha llegado a ser tan importante que tenemos un papa que es socio de San Lorenzo de Almagro.

—¿Cuál es el deportista más culto que ha conocido?

—Pardeza es uno. Vilanova, exjugador del Zaragoza, era catedrático de cristalografía. Alcántara era médico. En el Athletic de Bilbao había una media que era la de los ingenieros. Gárate también era ingeniero. No olvides que la AFE la fundaron Quino y José Cabrera Bazán, catedrático de Derecho Laboral en la Universidad de Málaga.

—En uno de sus libros, usted habla del desarrollo y la supervivencia del fútbol durante la Guerra Civil. ¿El fútbol resiste incluso a la guerra?

—El fútbol era un placer durante la Guerra. Tanto en una zona como en otra había que entretener al personal civil. Era doloroso lo que estaba pasando en los frentes y la retaguardia. Es mentira que durante la Guerra Civil no hubiera fútbol oficial porque se disputó la Copa Mediterráneo y la Copa de España auténtica, la que ganó el Levante en 1937.

—¿Habría que reconocer esa Copa de la España Libre al Levante?

—Naturalmente. Es más auténtica que la que ganó el Sevilla en 1939. Porque el Levante jugó contra equipos todos reconocidos oficial y federativamente. El Sevilla la ganó frente a clubes que no existían: Recuperación de Levante, Automovilismo 280… Eran equipos de fútbol, pero no clubes. No era un fútbol legalmente constituido. La Copa que ganó el Sevilla comenzó a jugarse cuando aún no había acabado la Guerra Civil. El Sevilla la ganó en Montjuic frente al Racing de Ferrol. Ese Racing de Ferrol tenía jugadores del Madrid, del Valencia, del Oviedo…

—También ha escrito sobre la rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona, ¿se puede entender sin el conflicto político?

—El primer conflicto que tiene el Madrid en Barcelona no es contra el Barça, es contra un club que se llamaba España. Después de la Guerra Civil, la rivalidad se convirtió en una cuestión política por una sencilla razón: en 1943, y en un partido de ida de Copa jugado en Les Corts, ganó el Barcelona 3-0. Antes habían recibido al Madrid con una pitada enorme porque en Barcelona estaba la gente que había perdido la guerra. La Federación multó al Barça con 25.000 pesetas (150 euros). Antes del partido de vuelta, los periódicos de Madrid empezaron a calentarlo. Cuando los aficionados fueron a comprar las entradas para la vuelta, les dieron la entrada y un silbato. La pitada fue tremenda. Antes de salir a jugar, el director general de seguridad se presentó en la caseta del Barcelona y les dijo a los futbolistas que no quería el menor conflicto y que tuvieran en cuenta que algunos de los allí presentes jugaban gracias a la generosidad del régimen. Porque algunos barcelonistas se habían ido al exilio y habían regresado. El resultado fue 11-1. Como consecuencia del escándalo, Enrique Piñeyro, Marqués de la Mesa de Asta, dimitió como presidente del Barcelona. Al presidente del Madrid le obligaron a dimitir. Entonces, el presidente de la RFEF, Javier Barroso Sánchez-Guerra, nombró a un amigo con el que iba de putas, Santiago Bernabéu. Don Santiago llegó a presidente del Real Madrid por eso.

—El primer Clásico de esta Liga tuvo que ser aplazado por la tensión política en Cataluña. ¿Se ha vivido algún Barcelona-Madrid en un ambiente tan politizado?

—Estoy convencido de que se podría haber jugado. No es lo mismo el Espanyol, pero el Espanyol jugó. Que haya cien tíos que vayan a molestar es inevitable, y no ahora, en cualquier momento. Las barras bravas de Argentina, los Boixos Nois y los Ultras Sur han existido. El club más sancionado de Europa es el Real Madrid, entre otras cosas porque un día los Ultras Sur tiraron una portería. Menos mal que Florentino arregló eso. Lo del Bernabéu era intolerable. Esos gamberros, que se ha acabado con ellos afortunadamente, te pueden surgir en cualquier sitio. Sinceramente, creo que no habría pasado nada en el Clásico. La tensión entre el Madrid y el Barcelona es larga… el caso Di Stéfano es un ejemplo…

—¿Cuál es la verdad de ese asunto?

—¿Por qué jugó Di Stéfano en el Madrid? Porque sale de Argentina y se va al Millonarios de Bogotá. Como Colombia está fuera de la FIFA, allí puede jugar. Di Stéfano deslumbra y el Barça decide que hay que ficharlo. Cuando la FIFA reincorpora a Colombia, establece que los jugadores que han sido fichados por los equipos colombianos sólo pueden ser traspasados en caso de que se pague al equipo colombiano y al de procedencia, en este caso River Plate. El Barcelona ficha a Di Stéfano y paga una parte del traspaso. Pero tiene que ir a Colombia a pagar la parte de Millonarios. El presidente del Barcelona, Martí Carreto, manda a Trías Fargas. Este le llama y le dice que le han bajado el importe, pero el presidente insiste en que siga rebajando. Millonarios se planta y Martí Carreto le ordena que se vuelva. Lo que pasaba es que al presidente le iban a pasar una inspección de su empresa y renunció a Di Stéfano. El argentino estuvo en Barcelona y jugó dos partidos amistosos, además con buen nivel. El Madrid había comprado una parte y la otra la tenía el Barcelona. El padre de Agustín Montal no quiso quedarse con Di Stéfano porque en un Consejo de Ministros del Pazo de Meirás se decidió que jugara dos años en cada club, alternando una temporada en el Madrid y otra en el Barça. Así vino a Madrid y en Barcelona sentó muy mal.

—¿Ramos y Piqué son el símbolo de las dos Españas?

—Ramos es el símbolo de la España de charanga y pandereta; Piqué de la España transversal.

—¿Acertó Vázquez Montalbán cuando definió al Barcelona como el ejército de un país desarmado?

—Sí. Lo que dijo en esa época era más que una frase porque el Barça era más que un club. Por cierto, el que dijo esta última frase fue Narcís de Carreras, el presidente de La Caixa.

—¿Era Bernabéu franquista?

—Formó parte del ejército de Franco como cabo observador.

—¿Por qué se dice que el Madrid es el equipo del régimen?

—El equipo del régimen cuando acabó la guerra fue el Atlético de Madrid. Porque pasó a llamarse Aviación y al escudo le pusieron hasta las alas de aviación. Los jugadores hacían la mili en aviación. Nunca ha estado muy claro si el régimen benefició al Madrid o viceversa. Ambos se beneficiaron. En aquella España en la que no había puertas abiertas, el Madrid abría ventanas. El Madrid creó con las Copas de Europa una imagen de España que no era la que se veía desde fuera. La que en realidad era…

—Usted ha escrito crónicas de la Selección desde 1963. Imagino que se le habrá escapado alguno de esos gerundios que tanto odia…

—Muy pocos. Siempre recuerdo gerundios como siendo retirado y dando la vuelta al ruedo. Los mejores gerundios que se han acoplado en España a cualquier nota fueron cuando a Franco le estalló una escopeta de caza una Nochebuena. La nota empezaba diciendo: estando cazando. Dos gerundios muy bien utilizados porque es la simultaneidad de la acción.

—¿Qué cambió Luis Aragonés en la mentalidad de los futbolistas españoles?

—A Luis Aragonés no podías pedirle discursos filosóficos porque era un hombre muy pegado a la competición y al oficio. Era un personaje extraordinario, una persona entrañable… No tenía fama de simpático, pero era entrañable. Hay personajes que han tenido mala fama, como Di Stéfano cuando estaba en Valencia. Se peleaba con los periodistas, pero yo me llevé bien con él porque me hizo un examen un día.

—¿Un examen?

—Lo entendí así. Di Stéfano no hablaba con los periodistas porque no se fiaba. Tenía que tener un buen concepto de uno para que se explayara. Un día en el hotel Sidi Saler de Valencia él estaba con unos amigos y yo con otros. De repente, me dijo que le explicase a uno de sus amigos qué significaba “Agustinet, bombeja”. Es una frase del Levante. Cuando el Levante no sabía cómo ganar, el público le decía al lateral derecho, Agustín Dolz, que bombeara la pelota, que centrase al área. Le expliqué a su amigo qué significaba esa frase y debió tomar nota. A partir de eso, me llevé bien con él.

—¿Cuál ha sido el lugar más extraño desde el que ha escrito una crónica?

—Armenia tal vez, porque cuando fuimos había alcanzado la independencia hacía poco tiempo. Recuerdo que era un país oscuro, con poca luz… En Leipzig, con Alemania dividida, recuerdo que había mucha tristeza. También he estado en sitios curiosos como Islandia, donde una noche me la pasé entera de pie a ver qué era eso de que no se hacía de noche. He viajado muchísimo y he entrevistado a personajes históricos como Videla, Fidel Castro, Dalí…

—Tendrá cientos de anécdotas…

—Voy a contar una cosa que es casi secreto de Estado. La entrevista con el General Videla fue en septiembre de 1978. Durante el Mundial de Argentina 78, yo había hecho muy buena relación con el embajador de España, Enrique Pérez Hernández. Cuando volví a Argentina para hacerle a Videla la entrevista, pasé antes por la embajada para comentárselo al embajador. Recuerdo que estábamos en su despacho y me llevó a otro sitio. Él suponía que en su despacho nos estarían escuchando. Me preguntó si sería capaz de hacer algo muy importante por España. Le contesté que si podía, lo haría. Me contó que iba a todos los cócteles a los que Videla le invitaba, pero que nunca le dejaban hablar con él. El caso es que los Reyes iban a hacer una visita en aquellas fechas y había siete españoles que estaban en la cárcel, aunque no tenían delitos de sangre, ni estaban acusados de nada importante. El embajador me dijo que estaban haciendo lo posible para que los liberaran antes de que llegaran los Reyes y me preguntó si sería capaz de darle a Videla una lista con los nombres para que los dejasen en libertad. Le respondí que sí… Videla me recibió en la Casa Rosada y le hice la entrevista. Al final, le dije que entendía que fuera un gran patriota argentino. Y que él entendería que yo fuese un gran patriota español. Le comenté que iban a venir los Reyes y, mientras aprovechaba para sacar el papel, le transmití que nos gustaría que esos españoles, que no tenían ningún delito de sangre, pudieran estar en la calle. Se puso colorado. Me dijo que haría lo que pudiese. En ese momento yo era redactor jefe de El País… Cuando volví a Madrid me dijeron que había que ir a Barajas porque llegaba el primero de los presos que había liberado Videla. Cuando pregunté cómo se llamaba, descubrí que era el primero de la lista. Los habían soltado. El ministerio de Asuntos Exteriores nunca me mandó una carta ni nada. Jamás constó.

—¿Y con Fidel?

—Con Fidel hablamos de los puros y me dijo que le gustaba mucho que los obispos españoles fumaran puros. Porque Tarancón fumaba puros.

—¿Quién ha sido el mejor futbolista español?

—Luis Suárez.

—¿Qué opinión le merece Peter Lim?

—Ha montado un chiringuito en Valencia y trata de beneficiarse de ello. Ni ha resuelto el problema económico del Valencia, ni ha hecho el equipo que decía que sería campeón, ni ha cumplido con la promesa de acabar el estadio en el año del Centenario.

—¿Y los magnates del fútbol?

—Creo más en los que compran los nombres, como Wanda, que en los que vienen a poner dinero. Porque el del Málaga, como no consiguió las obras de los puertos tras comprar el club, lo ha empeorado.

—¿Se puede considerar a Fernando Roig como un mecenas del fútbol?

—Fernando Roig es un hombre muy curioso porque es el quinto o séptimo industrial del azulejo más importante del mundo. Con el Villarreal no ha hecho esas acciones que han hecho otros empresarios de ir a vender sus productos a Arabia Saudí u otros países. En lo que respecta al club de fútbol, no es un club a secas. Un día se muere un niño por un colapso en un campo de fútbol y a partir del día siguiente hay catorce desfibriladores en campos de fútbol de pequeños clubes de la provincia. Está muy al tanto del atletismo de Castellón, protege la natación y una serie de deportes que no tienen nada que ver con el fútbol. Un año que el Villarreal acaba con déficit lo paga de su bolsillo. Eso no lo hace ningún presidente.

—¿Bilardo o Menotti?

—Menotti. Lo conocí en Italia en septiembre de 1968. Fui a hacer la información de la rebelión de los universitarios en Roma y lo conocí en Véneto.

—¿Messi o Maradona?

—Hay que analizar a las personas como seres humanos, no sólo como deportistas. Así que digo Messi. Maradona ha podido ser todo y él mismo se ha destruido.

—¿Tebas o Rubiales?

—Creo que son dos personajes contradictorios. Hay cosas que me gustan y que detesto de ambos. De Tebas me gusta la labor económica que está realizando. No se le puede discutir nada en ese aspecto. Pero no me gusta el tema de los partidos en Miami. En cuanto a Rubiales, creo que se acelera en ciertas cosas, pero también es verdad que no le tiembla el pulso; no me gusta que quiera llevarse la Supercopa fuera de España. Cuando destituyó a Lopetegui me pareció bien. Ahora con el asunto de Luis Enrique se han meneado. De qué se sorprende Robert Moreno cuando Luis Enrique le dice que quiere volver. Si él y la Federación lo saben. Moreno se precipitó cuando la Federación le dijo que el martes hablarían, porque se temió que le iban a sustituir y por eso montó el pollo.

—Usted ha sido jefe de deportes en Ya, El País, Efe, TVE y director del AS. ¿Qué medio le ha faltado dirigir?

—Ninguno. En TVE tuve una época muy mala porque estaban apareciendo las televisiones autonómicas y cuando yo quería comprar el partido de Champions el Barcelona se lo vendía a TV3. Fue una época dura y difícil. Tengo buenos recuerdos de El País, donde fui fundador, jefe de deportes y redactor jefe. A El País mandaron una bomba a mi nombre con la que mataron a un compañero porque yo no abrí el paquete. Tengo buenos recuerdos de la Agencia Efe, donde trabajé con absoluta libertad, sin que nadie nunca me dijera nada. Tuve una bronca con un secretario de Estado para el deporte socialista, Gómez Navarro, y en la Agencia me dijeron que no me preocupase. En el Ya, donde estaba de reportero, acabé con la Guardia Civil en mi casa. Escribí una información sobre dos profesoras que habían sido castigadas por el Gobernador Civil de Castellón porque habían suspendido a sus hijas. El director del Ya se portó como un caballero y todo acabó con la destitución del Gobernador Civil. En el AS estuve tres años y fue la etapa más difícil de mi carrera.

—¿Por qué?

—Me encontré una empresa que no era lo que yo creía. Ojalá hubiese estado con PRISA. Conseguir que ese periódico, que casi se escribía a mano, se escribiera a ordenador fue muy complicado. Antes era un motorista el que llevaba las páginas debajo del brazo. Si se perdía un envío, era un problemón. Conseguí que se hiciera a ordenador, pero la primera noche fue un fracaso. La redacción se portó estupendamente. Eran ordenadores con transmisión directa. A las 23:45 un domingo teníamos todo cerrado, pero no empezamos a tirar hasta las 2:30 porque se había contratado una línea telefónica que tardaba 15 minutos en una página de negro y media hora en una de color.

—¿Ha sido El País el mejor periódico de la democracia?

—Sin duda.

—¿Cuándo se extinguirá el papel?

—Yo no lo veré. Indudablemente, el mundo va en contra del papel. El final llegará. Todavía hay gente que le gusta leerlo y releerlo. El periódico lo compras, lo guardas en el bolsillo y te gusta estar en la cafetería leyéndolo. Tú no vas con un ordenador o con una tableta a leerlo a la cafetería. Eso tardará. Vamos camino de ello y la prueba es que los periódicos digitales tienen cada vez más importancia.

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