Tardó el fútbol en hacerse presente en Camp Nou. No por el extraño planteamiento del Pasiego (que también, con Arturo Vidal de extremo izquierdo) sino por los problemas técnicos en el VAR. Tiempo que aprovechó el público para abuchear al palco. Uno ya no sabe bien por cuál de las posibles múltiples razones: por el I3Venture-gate, tal vez por el caso Abidal, por los continuos fiascos en fichajes, por la pérdida de identidad futbolística del equipo, por el desprecio continuo a la cantera, por elevar el coste del Camp Nou en casi 200 millones en apenas tres años…

Sea la razón que fuere, los pitos se tornaron aplausos en apenas 45 minutos por obra y gracia de la exhibición de un solo hombre. Al menos en cuanto a aspecto físico porque en lo futbolístico sigue siendo de otro planeta. Ante la flagrante dejación de responsabilidades en la salida de balón por parte de Piqué y Lenglet ante la presión armera, Messi volvió a pedir el bastón de mando. Túnel por allí, picadita por allá y balón por encima de Dimitrovic al fondo de las mallas. Ya había avisado Mendilibar: “El cabrón no descansa”.

El técnico del Éibar, que no contaba con que Messi descansara, debió mirar en el calendario que el partido no era un domingo. Y efectivamente, D10S no descansó. De un hueco aparentemente inocuo en la izquierda de la defensa visitante, el argentino encontró el pasillo por el que colarse para marcar el 2-0.

Si quedaba alguna duda de que el partido ya estaba sentenciado, el genio del fútbol obró su último milagro: dar una asistencia y marcar el gol él mismo. Colaboró en el milagro el nuevamente torpe partido de El Hombre Gris. Que Messi esté tres (o 30) partidos sin marcar no le debe preocupar a nadie. Que lo haga el francés empieza a generar un extraño aroma coutinhista.

Ante el cercano regreso a la Champions y la visita a Madrid, el carrusel de cambios y descansos programados dio lugar a una segunda parte asemejable a un pacto de no agresión: yo no te goleo si tú no me complicas los tres puntos. Ligero intercambio de ocasiones y goles (bien) anulados a Arbilla por juego peligroso y a Umtiti y a Vidal por fuera de juego.

Nadie esperaba algo que quedase en los anales de la historia del fútbol pero como diría el mítico personaje de Jeff Goldblum en Parque Jurásico “la vida se abre camino” y éste quedará como el día del debut de BarryWhite como barcelonista. Lleva el club años buscando un delantero de perfil Larsson: alguien con el rol de suplente más que asumido, luchador y que siempre aporte algo en ataque. El hecho de ser escandinavo como el bueno de Henrik parecía una premonición y en apenas 20 minutos generó los dos goles que cerraban la manita. Primero con su pase a Messi que compensaba su pequeña sequía, tras tres amagos dentro del área pequeña. No intenten imitarlo en casa sin supervisión paternal. Y después otra buena jugada individual del danés terminaba con gol de Arthur, también justo premio al buen partido del brasileño. Al contrario de lo que muchos temían, Martin no dio el cante: se metió al público en el bolsillo.

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