El sobao pasiego es un producto de repostería típico de la comarca cántabra de los Valles Pasiegos. La receta original llevaba leche de vaca, miga de pan, huevos y miel. Pero antes de que la harina sustituyese a la miga y el azúcar a la miel, la pastosa mezcla resultante había que sobarla mucho y bien –de ahí el nombre de sobao–. Valga la introducción culinaria para hacer notar que Quique Setién, como buen cántabro, da la sensación de querer afianzar el axioma número uno del Cruyffismo: “Si tú tienes el balón, el rival no lo tiene” a través de una alegoría gastronómica de su tierra: sobar, sobar y sobar el balón. Las lecciones sobre circulación rápida, movimiento sin balón y desmarques continuos, llegarán más adelante. Lástima que ya estemos a mitad de curso.

De esta manera, el equipo azulgrana repitió la receta del partido frente al Granada. Y casi del de Ibiza. El dominio insulso no solo carecía de profundidad, sino que directamente no llegaba al área contraria. Frente al insustancial juego visitante, el Valencia oponía un orden defensivo y una velocidad más que suficiente para forzar el penalti de Piqué en la primera llegada. El central barcelonista fernandohierrea a cada partido que pasa y ya está a un sprint nedvediano de Salah o de Mbappé de pedir a Xavi un lugar en la defensa del Al-Sadd. Por suerte para él, Ter Stegen sacó las castañas del fuego con una palomita de las que no se comen.

El acierto del alemán apenas cambió el panorama del partido: la defensa y los medios azulgrana ponían la posesión y los ché las ocasiones claras, incluyendo un tiro al palo y otro paradón de MATS. Del ataque culé seguía sin haber noticias: mientras Messi seguía meditando y analizando el extraño juego de su equipo, el chaval Ansu se buscaba (y no encontraba) la vida por la banda derecha y El Hombre Gris continuaba saviolizándose. En su progresión futbolística en lo que va de temporada, el francés acaba de entrar en la conocida fase de Nódulo Incierto (a.k.a. Bulto Sospechoso). Nuevamente desaparecido ante un rival top.

La segunda parte comenzó con espejismo: la insípida ocasión de Ansu Fati fue el preludio del primer gol local. Maxi Gómez buscó y encontró en Jordi Alba el mejor socio para el gol. Porque no va a ser Messi el único que lo hace. El rechace del lateral derribó finalmente al de Mönchengladbach. Gol que afianzó las posturas de ambos equipos: Coquelin y Kondogbia encabezaron el firme paso atrás de los locales para invitar al Barça a darlo adelante, a sabiendas de que el físico de Arthur y Busquets no pasaría del minuto 70, como en toda la temporada. Y eso que el genial Don Honesto nos adoctrinó con la poca importancia de la preparación física.

Tocaba remontada, como en Ibiza. Pero ni el Valencia está en 2ªB ni el Hombre Gris volvería a ser decisivo. Messi tomó las riendas: faltas, disparos lejanos, cabezazos y hasta un intento de vaselina. El único argumento ofensivo de un equipo exánime se perdía una y otra vez entre las gradas, las manos de Domenech y las piernas de Gabriel Paulista. La ausencia de Luis Suárez empieza a hacerse más larga que la sombra de aquel ciprés de la novela de Delibes. Porque incluso con harina charrúa casi caducada se tarda menos en hacer sobaos que con miga fresca francesa o hispano-guineana.

Y ante el slow food barcelonista el Valencia sirvió comida rápida: saque de banda en el centro del campo y rápida transición para que Maxi Gómez encontrase nuevamente en Jordi Alba a su socio principal, esta vez en forma de ausencia. Su disparo ajustado dejaba el balón lejos del alcance de Ter Stegen y al Barça más cerca del nadaplete. Al menos el aficionado blaugrana se consuela sabiendo que quizá en junio ya estará todo cocinado y tendrá muchos sobaos con los que endulzarse esta amargura de temporada.

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