A estas horas habrá quien se pregunte cuál es la diferencia entre un futbolista de Primera y uno de Segunda B. El talento es un argumento de peso, pero no lo explica todo. Salvo casos excepcionales, la suerte influye más que el ingenio. Y la abundancia: no caben todo los buenos futbolistas en Primera y en Segunda, y hasta es posible que tampoco quepan en Segunda B. Esta es la razón por la que un equipo como Unionistas le plantó cara al Real Madrid. Porque la distancia deportiva no es equiparable a la desigualdad salarial. Y no hay que extrañarse. Lo mismo o parecido sucede con abogados, ingenieros o periodistas.

La historia del partido es la de todos los jugadores modestos. En algún momento, Unionistas dio la sensación de poder con el gigante. Le superó en ganas y a ratos le igualó en fútbol. Sin embargo, en el refugio de la suerte tampoco caben todos. En el primer gol del Real Madrid, Bale se vio favorecido por un rebote que burló al portero. Para entendernos: esto es como si en el desembarco de Normandía te pica un avispa. Alguien intenta decirte algo.

Lo normal es que la disputa hubiera terminado en ese punto. Pero la víctima no sacó bandera blanca. Entendió que la diferencia no era tanta y advirtió la abulia del enemigo, clamorosa en el caso de Bale. Lo cierto es que sólo Vinicius y Brahim entendieron el partido como una ocasión para pasárselo bien. Para el resto fue un compromiso engorroso.

Álvaro Romero empató el partido con un gol de futbolista excelente. Si no ha llegado más alto es, precisamente, porque no ha llegado más alto. Apenas mide 1,50 y el fútbol ya es prejuicioso con los que miden diez centímetros más. Eso sí, la talla no le impidió conducir un contragolpe en el que fallaron sucesivamente Marcelo y Militao. El propio Romero lo culminó con un recorte y un zurdazo que sorprendió a Areola. El tamaño no es importante, no tanto.

Si quieren saber cuánto dura la alegría en la casa del pobre puedo ser exacto: cinco minutos. Fue lo que tardó en marcar el Madrid el segundo, con otra dosis de buena fortuna. Brahim remató mal y un defensa salmantino despejó peor. Sin embargo, el partido siguió sin romperse. Unionistas tuvo un par de ocasiones de igualar la eliminatoria y el Madrid rozó la sentencia en la misma jugada: primero fue Brahim quien chutó contra el palo y luego fueron Vinicius y Jovic (nada raro) lo que se tropezaron con Brais, buen portero.

En el tiempo añadido, Brahim hizo el tercero gracias a un regate le reveló como un futbolista superior. Lo que nos devuelve a la teoría inicial. La vida no elige a los mejores, sólo a los extraordinarios, y de esos también se deja a buena parte por camino. La Segunda B no es otro mundo en relación al fútbol de élite, tal y como pensamos muchas veces. Es un barrio a las afueras. 

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