En el fútbol también caben las explicaciones sencillas, incluso las sencillísimas. El Real Madrid venció al Real Zaragoza y se clasificó para los cuartos de final de la Copa del Rey porque fue muy superior. Mucho. Desde el primer instante se apoderó del partido con un fútbol incontestable, directo y repleto de alternativas. No hubo emboscada en La Romareda o no dio tiempo a montarla. A los seis minutos, Varane ya había marcado el primer gol, consecuencia de un desajuste defensivo. En el 72′, cuando Vinicius marcó el tercero, el zaragocismo decidió ganar el único partido posible y se puso a cantar. Por la vida y por el ascenso. Por San Valero y por San Primera. Bufandas al aire y esperanzas al vuelo.

Como viene siendo habitual, Toni Kroos ejerció de mariscal de campo. No se puede ser más elegante en la dirección, ni más efectivo. El alemán movió a un equipo con muchas ganas de moverse. Valverde, otra costumbre, ejerció de siete pulmones y Lucas Vázquez se reivindicó con un gol excelente, nada fácil en la ejecución; disparar rápido es tan importante como tener puntería. James es otro que parece volver de las tinieblas y ese es, quizá, el principal mérito de Zidane: su capacidad para recuperar a los futbolistas perdidos. Si también lo consigue con Bale debería montar una clínica con inciensos.

Todo fueron buenas noticias para el Real Madrid camino del derbi con la única excepción de Luka Jovic, que tiene la movilidad de una secuoya, creo que ya se puede decir. Ni siquiera en las noches felices cuenta con un papel destacado. La entrada de Benzema en la segunda mitad le dejó sin excusas. Jovic no estaba fijando a los centrales, se estaba fijando a sí mismo. En cuanto Benzema tocó un par de balones el ataque se reactivó y las ocasiones se sucedieron. Una de ellas la remató a gol el propio Karim.

El gol de la noche, sin embargo, fue el de Vinicius. El chico sin pólvora eligió el golpeo más difícil y marcó como si fuera fácil. Tal vez eso le falló en las cincuenta ocasiones anteriores. Es posible que lo suyo no sea el chut convencional, sino la cuchara o la folha seca, o el taconazo tras lambretta. La duda es saber si el gol le habrá quitado el tapón que tiene en el conducto de la confianza. Es probable que lo descubramos en el derbi.

Respecto al Zaragoza, decir que sus mejores minutos los vivió en cuanto entró al campo Luis Suárez, un colombiano de 22 años cedido por el Watford al que sus padres no llamaron Luis Eduardo, Irving o Lincoln. Lo bautizaron Luis para que les saliera futbolista de tronío y acertaron. Ese muchacho tiene un ascenso en las piernas y esa es buena razón para que Zaragoza cante. 

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