Viejos amigos o enemigos íntimos. Los partidos entre Thiem y Nadal nos resultan familiares, tienen un olor a transición dulce que no acaba de producirse porque el austríaco no asume el mando para encabezar el golpe de estado, a pesar de que le sobra muñeca para intentarlo, pero sobre todo, porque la voluntad de Rafa, Nole y Federer por seguir dominando el circuito es inquebrantable. A veces pienso que la Next Gen no busca los medios para vencer porque creen no poder vencer.

El trayecto a cuartos de final de Nadal había sido placentero hasta que Kyrgios, el rebelde sin causa, se puso serio e hizo que el español tuviese que subir el nivel para poder alcanzar los cuartos de final. Fue el australiano quien le arrebató el primer set del torneo, porque hasta entonces, Rafa había superado la tres primeras rondas sin ceder ni un solo set ante Dellien, Delbonis y Carreño. Thiem llegaba al enfrentamiento con Rafa habiendo recorrido un camino paralelo. Superó a Monfils sin dificultades en el último partido (6-2, 6-4 y 6-4), en su estreno derrotó por 3-0 a Mannarino, en segunda ronda se fue hasta el quinto set para superar al australiano Bolt y en dieciseisavos cedió un set ante Fritz.

Enfrentamiento histórico entre ambos hasta el duelo de cuartos de hoy.

Una hora duró el primer set, un ejemplo de lo que supone tener a estos dos jugadores a uno y otro lado de la red. Se castigan mutuamente con inquina como si tuviesen cuentas pendientes. Rafa dispuso de un 5-3 a favor, servicio y bola de set para cerrar la primera manga por la vía rápida y sin contratiempos, pero Thiem resucitó montado en uno de los mejores reveses a una mano del torneo para terminar ganando el set en el tie-break. El austríaco fue de menos a más y gracias a una potencia en el golpeo descomunal, empujó a Rafa varios metros fuera de la pista.

 


 

La dificultad de la situación estimuló a Rafa en el comienzo del segundo set. En Nadal hay un hilo conductor entre la voluntad y la resistencia. Rafa tenía que entrar en pista y estirar los brazos para quitarse la camisa de fuerza, para demostrarle a Thiem que pretendía quitarle la iniciativa y dejar de acusar el golpe moral del primer set. La situación fue similar a la del primer set, Nadal dispuso de un 4-2 para afrontar la segunda manga con algo más de pausa, pero la intensidad de Thiem no le dio respiro. La excelencia que persigue el austríaco ya no es un acto, sino un hábito. Levantar el partido con 6-7 y 6-7 a favor de un Dominic impasible, ya no era una hazaña, sino un milagro.

 


 

Si algo hemos aprendido de Rafa, es a esperar hasta el último segundo para agachar la cabeza y asumir la derrota con dignidad. Después de otra lección de pundonor, Rafa no iba a vender su piel tan barata y se aferró al encuentro a base de carácter. Se llevó el tercer set (6-4) y alargó la noche sobre la Rod Laver. Nadal nunca ve la línea de meta ni para tirarse al suelo antes de tiempo y pedir clemencia por el cansancio acumulado.

 


 

Dijo Jonas Edward Salk, que la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho. Quizá haya llegado la hora de que Thiem culmine su obra. El siguiente escollo será Alexander Zverev. La calidad de Dominic Thiem no es un accidente, es el resultado del esfuerzo de su propia inteligencia. El 6-7, 6-7, 6-4 y 6-7 final así lo refleja. El austríaco tuvo más fuerza en el brazo y en la mente en los momentos cruciales, jugó un tenis casi perfecto e hizo que Rafa hincase la rodilla con resignación, quedándose moribundo en la orilla. El heredero en arcilla se llevó por delante al rey con todas las de la ley.

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