Es más fácil soportar la muerte de Kobe Bryant sin pensar en ella. Valoremos este nudo en el estómago por todas las horas que llevamos dando gracias por la vida. Kobe sigue dando lecciones hasta desde allá arriba. Para poder tragar, Rafa Nadal y Nick Kyrgios pisaban con gesto serio la Rod Laver. Nick, además, lo hacía visiblemente emocionado y protegido por unos cascos que le alejaban del ruido exterior, pero no del que hay dentro de su propia cabeza. La camiseta de los Lakers con el 8 a la espalda que llevaba hacía las veces de crucifijo para alejar al vampiro, un Nadal que respetó el luto hasta que llegó la hora de enfrentarse a la realidad y dejar de acordarnos de los que ya, por desgracia, nos han dejado. Kyrgios no pudo contener las lágrimas cuando recibió una sonora ovación por parte del público como consecuencia de su detalle. Y es que, igual que a los que creemos inmortales no lo son, los chicos duros terminan teniendo corazón.

 

Rafa se llevó el primer set (6-3) gracias al dominio desde el fondo y a un servicio sin fisuras. Era necesario desgastar a Kyrgios desde el principio para evitar los arreones del australiano, y Nadal fue lo suficientemente agresivo para mantenerlo a raya.

 


 

A Kyrgios, el dolor le metió en el segundo set. Cuando el australiano acalla las voces que le hacen elegir el mal por encima del bien, se vuelve peligrosísimo. Le pegó a la bola con el alma y con mucha inteligencia, le entró todo y saltó por los aires para celebrar que el partido estaba muy vivo llevándose la segunda manga (3-6). Nadal tendría que sufrir para pasar a cuartos de final

 


El tercer set fue una oda al tenis por parte de los dos. Una manga que se definió en un tie-break igualado y de infarto, la tónica habitual desde que Kyrgios se metió en el partido, del que solo se marchó en determinados instantes, para desgracia de Nadal que tuvo que dejarse la piel y sudar en exceso para doblegar al australiano y llevarse el set (7-6).

 


 

Kyrgios se aferró al partido con uñas y dientes cuando todos creíamos que se dejaría llevar por la corriente de Nadal. El australiano no entiende de pactos de no agresión y a Rafa le costó mucho esfuerzo cerrar el partido en otro tie-break electrizante (7-6). Kyrgios, al contrario que Kobe, no vivirá para siempre en nuestra memoria porque así lo ha decidido. Sin embargo, hoy estuvo a la altura de los momentos tan dolorosos que vivimos siendo un rival luchador y digno. La muerte es el comienzo de la inmortalidad, aunque haya algunos que se adelanten incluso a eso. Como Rafa. Como Kobe.

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