Lo confieso. A mí lo que me gustaría es escribir de Kobe Bryant, de lo que significa su muerte (cómo si alguien lo supiera) y de lo que significó para el baloncesto. En estos momentos me parece imposible hacer una crónica de un partido de fútbol que ignore la desaparición de Bryant, porque el impacto en el deporte prevalece sobre el fútbol, o debería, y hablar aquí de la victoria o del liderato del Real Madrid, por relevante que sea en el campeonato, resulta casi irreverente en mitad de los lamentos y las lágrimas de esa comunidad de la que todos formamos parte. Me refiero, por si no quedó claro, a ese pueblo plurinacional que se emociona con esa glorificación de la vida que es el deporte y que, en ocasiones como hoy, también se conmueve con la muerte de sus ídolos.

Tampoco quisiera engañar a nadie. Apenas pude ver la primera parte, o mejor será decir que pude, pero no quise; preferí leer todo lo que se contaba sobre la muerte de Kobe, las reacciones del mundo, la descripción en caliente de su legado. Vi, eso sí, que el árbitro anuló un gol a Casemiro y me llega que el partido estuvo igualado en la primera mitad, y si ocurrió todo lo contrario pido sinceras disculpas.

En la segunda mitad presté más atención, o me lo impuse sin lograrlo enteramente. Observé el asedio del Real Madrid y me pregunté cuánto resistiría el Valladolid. Bastante, según pude comprobar. No fue hasta el minuto 78 cuando Nacho hizo el gol que tanto resistía. Lo marcó con un cabezazo espléndido, respuesta adecuada al exquisito pase de Toni Kroos, uno de esos centros con comba y tensión que dan ganas de rematarlos aunque tengas gafas. Es muy posible que cuando toque analizar el éxito del Real Madrid en la presente Liga, el nombre de Kroos aparezca en primera posición.

Y sí, dije éxito. Todavía faltan 17 jornadas, pero es en fines de semana como este cómo se definen los campeones de Liga, al menos desde un punto de vista psicológico. El Madrid sabe que puede y el Barça lo duda. 

El Valladolid se volcó desde el gol de Nacho y no estuvo lejos de empatar el partido. Pero hay algo que protege al Madrid esta temporada y que está más relacionado con la convicción que con el juego. 

Y hasta aquí me veo capaz de llegar. Quizá debí extenderme en Nacho y en su abrazo a Zidane tras el gol, pero es que ha fallecido Kobe Bryant y me genera cierta confusión que los inmortales se mueran.

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