El tiempo pasa deprisa aunque hay condenas que parecen eternas. Pocos podían imaginar el 28 de abril de 1990 que la oscuridad se cernía sobre ellos. El Liverpool acababa de ganar su 18ª Liga y la sonrisa de Kenny Dalglish en el banquillo no presumía tormenta alguna. Anfield explotaba de júbilo en esos minutos finales del partido frente al Queens Park Rangers, donde con la inestimable ayuda arbitral habían remontado el 1-0 en contra. Eran los días de Ian Rush y John Barnes, autores de los goles y cómplices necesarios de que en el amanecer de la nueva década los Reds siguieran ganando. Ellos no lo sabían pero la fiesta tocaba a su fin. Ahora otra sonrisa igual de carismática, la de Jürgen Klopp, está a punto de acabar con 30 años de sequía.

Aquel equipo resultó ser el crepúsculo de una ciudad y un club, también de una manera de entender el fútbol. Nieto de la idea que en su día tuvo Bill Shankly desde principios de los 60 y que posteriormente fueron tejiendo Bob Pasley, Joe Fagan y el mencionado Dalglish. Ocho manos para moldear tres décadas de fútbol en Anfield en las que el ídolo, Kenny Dalglish pondría el punto y final. El primer jugador-entrenador resultó ser el último eslabón de un tiempo. Una época en la que los reds extendieron su dominio en las Islas y cruzaron el Canal de la Mancha para hacer lo propio en el Viejo Continente. Fue el premio a una apuesta por la identidad local, por una idea donde el esfuerzo colectivo era lo único innegociable en un estilo de juego marcado por el passing game primero y la verticalidad y el ataque después. Fueron días de esplendor a orillas del Mersey, pero tal y como le sucedió a la ciudad a mediados de los 80 con la reestructuración industrial, el club tampoco supo digerir la nueva realidad futbolística: el nacimiento de la Premier League.


Klopp, paciencia y evolución


Han pasado 30 años, cinco de ellos con Klopp, desde la conquista de la última Liga. Una anomalía histórica en el club más laureado de las Islas Británicas que remite a los días previos a la llegada de Shankly. Cuando el técnico escocés arribó a la ciudad portuaria del noroeste inglés en 1959, el club llevaba 12 años sin ganar título alguno y la entidad se encaminaba hacia la ruina. Ni siquiera jugaban en primera división. No era tan dramática la situación del Liverpool en octubre de 2015, pero el aterrizaje de Jürgen Klopp tuvo desde el inicio esa reminiscencia salvadora. Con el alemán se terminaron los bandazos en el estilo de juego, la pérdida de identidad continua, o la desconexión entre la grada y lo que sucedía en el terreno de juego de Anfield.

Pero para crear el equipo perfecto se necesitó también grandes dosis de paciencia. Un bien cada vez más escaso en la industria del fútbol. Muy lejos queda hoy esa final de Europa League perdida de manera contundente (1-3) ante el Sevilla o ese octavo puesto en la Premier. Klopp solo llevaba ocho meses en Anfield y aunque el enfermo emitía señales positivas, la vuelta al triunfo todavía no se vislumbraba. En la temporada 2016/17 el Liverpool se clasifica para la Champions por los pelos (cuarto, un punto por encima del Arsenal), al año siguiente repite el puesto en Premier pero a lomos de su eléctrica delantera (Salah, Mané y Firmino) se planta en la final de la Champions League. El equipo parece haber alcanzado su tope, pero lo mejor aún está por llegar.

Klopp detecta los puntos débiles de su escuadra y la refuerza. Desde la portería hasta el mediocentro defensivo, abriendo también el abanico de posibilidades en el centro del campo. Así da una vuelta de tuerca a un conjunto que comienza una endiablada carrera por la Premier con el City de Guardiola. A estas alturas Klopp sabe perfectamente cuál es el trofeo más deseado en Anfield y se lanza a por el torneo de la regularidad. El equipo es líder 15 jornadas, 12 de ellas consecutivas. Salah no llega a las cifras del año anterior, el de su explosión (44 goles en 52 partidos), pero repite junto a Mané como pichichi de la Premier (22 goles cada uno). Los reds solo perderán un partido en el torneo doméstico pero será definitivo. Ese 2-1 en el Etihad frente al Manchester City condenará a los de Klopp. Es el punto de inflexión de la pasada Premier. Un título liguero que se terminará resolviendo por una diferencia mínima, 98-97, a favor de los sky blues.

Desde entonces, desde el 3 de enero de 2019 los reds no han vuelto a perder en la Premier League. Y las cifras son de auténtico vértigo. Si la temporada pasada sumó 97 puntos de un total de 114, en ésta el listón se ha elevado hasta los 58 de 60 posibles. Los reds solo han cedido un empate, (1-1 frente al United en Old Trafford) en una progresión endiablada que ha terminado por descarrilar a los perseguidores. El Leicester, sorprendente segundo, marcha a trece puntos. El City, al que no pudo dar caza el año pasado, está a catorce. Y eso que los reds tienen un partido menos, por la disputa del Mundial de Clubes. Un título que el Liverpool levantó por primera vez en su historia el pasado mes de diciembre.

En este tiempo solo tres equipos han logrado doblegar a los de Jürgen Klopp: Wolverhampton (en la FA Cup), FC Barcelona y Nápoles (en la Champions). Finalista en las dos últimas ediciones de la Copa de Europa y actual campeón, los de Klopp no se arrugan ante la etiqueta de máximo favorito. El Atlético de Simeone será el examen definitivo para saber si los reds tienen fuelle para defender su corona. Aunque con la Premier encarrilada ya en enero, el Liverpool cuenta con plantilla y argumentos futbolísticos para pelear con garantías en ambas competiciones.


Liverpool vuelve a ser la referencia


Y es que en estos casi cinco años de Klopp en Liverpool, el técnico alemán ha ido aportando matices y nuevos recursos a su gegenpressing. La marca de la casa de Klopp ha evolucionado desde el robo y el contragolpe hacia nuevas fórmulas de ataque donde su equipo cada vez se siente más cómodo. Ahora el Liverpool es capaz de abrir defensas cerradas gracias a la gran movilidad de sus piezas ofensivas y sobre todo al vuelo conseguido por los laterales. Con ese abanico de recursos el Liverpool se ha instalado en la cima del fútbol mundial y amenazan con extender su dominio varios años hasta convertirse en la referencia de la década recién iniciada.

Porque gracias entre otros al Liverpool de Klopp cada vez son menos los equipos que siguen la senda de la posesión del balón y cada vez son más los que apuestan por que el balón lo tenga el otro para robárselo y atacar sus espacios. El Liverpool es ya mucho más que un contragolpe perfecto pero sigue sumando piezas (la última Minamino) para que nadie pueda cortarle las alas. Su vuelo recuerda ya al de otros equipos que marcaron época, desde el Milán de Sacchi al Barça de Pep, pasando por el Ajax de Cruyff o el propio Liverpool de Paisley. Más pronto que tarde Klopp también tendrá una estatua en los alrededores de Anfield. Porque no solo les ha devuelto la felicidad, también está a punto de devolverles la Premier. Será precisamente en el éxito, donde tendrá Klopp su próximo examen, porque reconstruirse desde la cima siempre resulta lo más complicado. Que se lo digan al Liverpool.

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