Me levanto y veo salir el sol. Y me siento bien, porque mi vida ha comenzado. Tú y yo somos libres y hacemos lo que nos da la gana. Sí, desde el principio hasta el final del día.

Soy un kinky porque soy un inadaptado, tengo miedo de mí mismo así que huyo y me escondo. He sido un inadaptado toda mi vida. ¿Por qué no me uno a la masa y me integro de una vez? Vago por esta ciudad como si hubiera perdido el rumbo. Un día tuve mi oportunidad, pero la eché al traste. Ya sabes lo que dicen, que hasta el más desgraciado puede tener su día de suerte. Estoy en una isla, no tengo donde escapar porque soy el único habita la isla. Así que te seguiré allá donde vayas si tu mano aún sigue abierta y tendida para mí. Extraños en este camino en el que estamos, no somos dos, somos uno.

Soy un kinky porque veo a gente tomándose fotos unos a otros solo para demostrarse que de verdad existieron y que un instante podría durar para siempre en una época en que de verdad le importaron a alguien. Todo el mundo es un soñador, todo el mundo es una estrella y todo quisqui sale en las películas, da igual quién seas. Ojalá mi vida fuera una continua película de Hollywood, un mundo de fantasía con villanos y héroes de celuloide. Porque los héroes de celuloide nunca sienten dolor y nunca mueren realmente.

Soy un kinky y pertenezco a la Sociedad por la Conservación de los Verdes Campos, también a la Sociedad por el Mantenimiento de los Barriles de Cerveza, dios guarde a la mermelada de fresa y sus diferentes variedades. Preservando las viejas costumbre de los abusos, protegiendo las nuevas formas, para ti y para mí ¿qué más puedo hacer? Me tomaré el té de las cinco si tú te lo tomas conmigo porque la hora del té ya no es lo mismo sin mi querida. Pienso en aquel pequeño café donde nos encontrábamos cada día y nos sentábamos un rato para echar nuestro té de la tarde. Un día fui a nuestro café y me dijeron que ella se había largado.

Allá en el campo, lejos de la contaminación y el ruido de la ciudad hay un pueblito verde. Allí conocí a una chica llamada Margarita a la que besé junto al viejo roble. Y aunque la amaba, yo anhelaba el éxito así que abandoné el pueblo. Ahora las todas las casitas del verde pueblito son como extrañas antigüedades, los turistas americanos toman sus fotografías y dicen “canastos, vaya marco incomparable”. Margarita se casó con el chaval de la tienda de ultramarinos que ahora regenta su propio negocio. Algún día volveré y, junto a mi Margarita, tomaremos té, reiremos y hablaremos de nuestro pueblito.

Soy un kinky porque no soy el hombre más masculino del mundo, pero sé lo que soy y me alegra ser un hombre. Las niñas serán niños y los niños serán niñas, es un mundo mezclado, confuso y sacudido excepto para Lola que caminaba como una mujer pero hablaba como un hombre y que me agarró, me sentó en sus rodillas y me dijo: “chavalito ¿te vienes a casa conmigo? Voy a hacerte un hombre”. Gracias por los días, aquellos días interminables y sagrados que me diste. Pienso en esos días, no olvidaré ni uno solo de ellos, créeme. Te adueñaste de mi vida y entonces supe que me abandonarías muy pronto. Aun así, no hay problema, no tengo miedo de este mundo, créeme. Y mañana a esta hora ¿dónde estaremos? En una nave espacial por algún lugar navegando a través de un mar vacío. Mañana a esta hora ¿qué sabremos?

Nací, dichoso de mí, en una tierra a la que amo. Aunque soy pobre, soy libre. Cuando crezca lucharé, moriré por este país. Haré que su sol nunca se ponga. Pero señor director, he destruido la poca fe que usted tenía en mí. He sido un chico muy malo. Estoy a su merced porque he sido un idiota y he deshonrado a quien confiaba en mí. He quebrantado todas las normas. Estuve otra vez con esas niñas traviesas y ahora hacen que eso me avergüence. Sí señor, no señor, permiso para hablar, señor. Permiso para respirar, señor. ¿Qué digo, cómo me comporto?

No importa quién seas, estás ahí y ahí estás. Cada cosa en su lugar, la autoridad debe mantenerse y así sabemos cuál es nuestro sitio. Déjales sentir que son importantes para la causa pero que sepan que están luchando por sus hogares. Asegúrate de que están contribuyendo al máximo. Dale a la escoria un arma, haz a ese cabrón pelear y asegúrate de que fusilen a los desertores. Si la palma, le mandaremos una medalla a su esposa.

Soy un kinky porque mi pobre espalda reumática es mi almanaque otoñal. Una oruga se arrastra desde el seto empapado de rocío. Cuando el amanecer empieza a agrietarse es parte de mi almanaque otoñal. La brisa hace caer las mohosas hojas amarillas así que las barreré y las recogeré en mi saco, en mi almanaque otoñal. El lechero es un espía, el tendero me persigue y la vecina de al lado es una agente encubierta de la KGB. Fui al psiquiatra para que me diagnosticara y me dijo que se trata de un típico caso de esquizofrenia aguda. ¿Alguien me ayudará a romper esta corona? Mi maquillaje está seco y se agrieta alrededor de mi barbilla. Ahogo mis penas con güisqui y ginebra. El látigo del domador ya no resuena, los leones no lucharán y los tigres no rugirán así que brindemos todos por la muerte de un payaso.

Soy un kinky porque soy un hombre del siglo XX y no quiero estar aquí, en la era de la pesadilla mecánica. Un maravilloso mundo tecnológico de napalm, bombas de hidrógeno y armas biológicas. Tú te aferras a todos tus elegantes escritores modernos, a mí dame a Shakespeare. Quédate con todos tus relamidos pintores contemporáneos, a mí dame a Rembrandt, Tiziano o Da Vinci. Nací en un estado del bienestar controlado por los sirvientes de la burocracia, gente vestida de gris. Sin embargo, me dedico a perseguir la última moda y todas las tendencias. Pienso que soy una flor a la que admirar porque cuando tiro de mis ajustados pantis de nylon siento que soy un rendido apasionado de la moda. Aquí viene la gente de gris para llevarme a dios sabe dónde. Aun no estoy listo, no tengo tiempo de hacer la maleta así que estoy sin ropa que ponerme. Los grises se largaron y me han quitado el derecho a la pataleta. El gobierno de Su Majestad me ha enviado un cuestionario y debo rellenarlo hoy mismo. Esto me entristece, no quiero contarle todos mis secretos a la gente de gris.

Enfrentarse al mundo no es sencillo cuando no sucede nada y permaneces en la esquina viendo el tiempo pasar. ¿Trabajaré hoy o tendré que esperar más tiempo? Entonces veo a ese sindicalista por la calle, el hombre que decide si vivo o muero, si pasaré hambre o comeré. Se acerca hacia mí y el sol empieza a brillar. Después pasa de largo y sé que no me queda otra que volver al final de la fila. Mientras, el dinero y la corrupción están arruinando la nación. Los desalmados políticos traicionan a la clase trabajadora, se embolsan las ganancias y nos tratan como borregos. Promesas, promesas, todo lo que obtenemos son promesas.

Soy un kinky porque cada día miro el mundo desde mi ventana, veo a millones de personas pululando como moscas y puedo distinguir a una pareja que se cita cada viernes por la noche y que cruza el río en el que se sienten seguros y a salvo. Y yo, al igual que ellos, no necesito amigos.

En definitiva, soy un kinky porque no soy como todos los demás.

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