Aquella frase del Barón de Coubertin se ha quedado anticuada en el deporte profesional de la actualidad. Pocas veces será tan evidente el paso de siglo y cuarto que para «lo importante es participar». Diría que hoy en día lo importante es competir, dar la mejor versión de uno mismo; y lo mejor es ganar, aunque ganar pueda simplemente significar batir una marca personal o lograr un campeonato del máximo nivel. Ganar mola, como se diría en otros tiempos. Ganar es lo que gusta, es el objetivo.

No voy a entrar en el «ganar a toda costa» que da por bueno el dopaje o la compra de rivales o árbitros con tal de lograr el objetivo. Quiero tratar las maneras de ganar en varios deportes, lo que es moralmente aceptable o lo que resta valor a una victoria. Tenía la idea en mente con la caída de Roglic en la Vuelta cuando lideraba la clasificación y ha vuelto tras la acción de Valverde en la pasada Supercopa de Arabia. Digo, de la RFEF.

La falta de Valverde sobre Morata es un acción tipificada por el reglamento. Todos los jugadores saben tanto que cometer esa falta supone tarjeta roja, como saben que en cualquier momento pueden ser objeto de una falta así. Sin ir más lejos, viendo el resumen del City-Palace de la Premier, el comentarista decía que Guardiola estaba furioso porque sus defensas no hicieran falta en la jugada de Zaha que acabó en el 2-2. Normal. Hacer faltas en fútbol es hacer trampas de alguna manera, pero una trampa asumida por el reglamento. Cualquier jugador sacará un balón que entra en su portería de un manotazo aunque sea penalti y expulsión. El gol es peor.

Eso se podría evitar con una figura que, por ejemplo, existe en rugby: penalty try, un ensayo concedido por el colegiado si un equipo defiende ilegalmente y evita un ensayo seguro (en opinión del árbitro). Es difícilmente comparable con una acción como la de Morata: en rugby se puede llevar el balón con la mano y la zona de marca es todo el ancho del campo. En fútbol hay portero y la portería es mucho menor. Dicho esto, en el caso de la mano sobre la línea de gol sí podría concederse un gol que ya era casi cierto.

Lo que en fútbol nos parece aberrante, quizá porque el infractor acabó ganando el partido, en baloncesto lo asumimos. Si tu equipo pierde por poco en los últimos 40 segundos de partida, la táctica es clara: haces falta personal, esperas que fallen al menos un tiro libre y luego tu equipo anota. Si son 3 puntos, mejor. Y luego volvemos a «defender». No es diferente a la acción de Valverde, pero para el mundo del baloncesto es una manera perfectamente aceptable de darle la vuelta al partido. De nuevo, frecuentemente ambos equipos se comportarían igual. Vuelve a tratarse de una trampa que ofrece el propio reglamento. Como agotar la posesión del balón o caer en juego pasivo en balonmano. Eso si el rival no hace una falta antes que acabe con tus intenciones.

Volviendo a lo que fue la semilla de este artículo, cuando Roglic se ve envuelto en una caída salta la polémica: Movistar quiere trabajar para Valverde (casualidades, vuelve el mismo apellido) y la acción se consideró sucia. UCI interviene y obliga a que el grupo de Roglic vuelva al pelotón como si nada hubiera pasado, provocando una serie de reacciones contrarias a la decisión. Si yo hubiera sido Roglic sentiría que perder por una caída ajena es una mala jugada del destino que no merecía. Pero neutralizar la carrera le quita brillo a mi victoria. Si hubiera sido Valverde (Alejandro) no hubiera querido ganar así, pero si hubiera sido Valverde (Fede) sí habría hecho falta a Morata.

Accidentes y desgracias son parte del juego en otros deportes. Los esquiadores, cuando ven a un rival salirse de la pista, no celebran igual de efusivamente mantener el primer puesto que cuando el rival que llega a la meta no me supera, pero saben que salirse del recorrido es un error y eso surge de un exceso de fogosidad o falta de concentración y por tanto que un rival se salga o se caiga no quita un ápice de brillo al triunfo. En Fórmula 1, romper el motor del coche o quedarse sin neumáticos es también un error del equipo o del piloto, y quien hereda una victoria por algo así no lo ve como un extraordinario golpe de fortuna.

Si en alguna ocasión hubo un auténtico golpe de fortuna, vean a Steven Bradbury proclamarse campeón olímpico. Quien acuñase aquello de ganar de cualquier manera, seguramente no pensaba en esta

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here