El faro es el segundo trabajo de Robert Eggers,  que sigue los mismos derroteros que su ópera prima La bruja. Una propuesta clasificada como cine de terror que realmente era de desasosiego. Un film con ideas visuales muy logradas, que ya demostraban un peculiar gusto y sentido de lo escénico.

Con El faro me ha ocurrido algo muy personal. Veamos, en el aspecto visual sin duda le reconozco un enorme trabajo tanto de utilización de la escenografía, como de la composición del encuadre y sobre todo de la iluminación, justifico su blanco y negro, aunque su uso como herramienta para la intriga, el misterio y el terror empieza a cansarme, estamos en el 2020,  pero sin duda aquí tiene su porqué. ¿Su inusual formato? Supongo que la intención es angustiar aun más al espectador, meterle más en la historia, pero ese 4/3, no sé, si tienes una isla minúscula, un faro, el blanco y negro, tormentas, planos claustrofóbicos y violencia, ¿por qué no dejarnos verlo a pantalla completa? Me parece una apuesta estilística sin sentido.

La película, se supone, intenta trasmitir una atmósfera claustrofóbica, y además lo intenta de manera sobrecogedora, que notes la soledad despiadada de ese faro, ese punto entre la cordura y la locura, ese espacio que separa la inocencia de la culpabilidad…pero no, o al menos conmigo no.

Y ahora, el problema que tuve con la película… Aunque el guion y la localización tiene todo lo que se necesita para influir en el espectador, Eggers se dispara, decide llenar de diálogos interminables situaciones que pedían silencios o miradas, pero no a un Defoe convertido en el Samuel J. Jackson de Tarantino, y sus interminables monólogos existenciales. La historia nos sitúa en 1890, en una remota isla de Nueva Inglaterra. Dos fareros, el muy veterano Thomas Wake (Willem Dafoe) y su joven ayudante Ephraim Winslow (Robert Pattinson) mantienen en funcionamiento un  destartalado faro, y allí deberán convivir durante cuatro semanas hasta la llegada de sus relevos. Una sucesión de tormentas alargan su estancia en la isla haciendo que los días y las noches se hagan muy largos, la convivencia se complica, y surgirán muchos conflictos entre estos dos peculiares personajes.

La trama, de por sí, podría ser interesante, la localización en sí misma ya da miedo y angustia, solo hay que recordar  la estupenda The Vanishing (Keepers) de Kristoffer Nyholm del 2018. Tienes una isla, un faro, tormentas, soledad, locura, en fin, hay ingredientes suficientes, pero repito, no. Eggers se embarca en un trabajo pretencioso sin sentido, en algo que supuestamente parece un ensayo sobre la locura o la culpa, con claras referencias o influencias del expresionismo alemán, pero no entiendo esas larguísimas parrafadas de Defoe, el porqué de esa necesidad de afear y asquear tanto esa convivencia llevándolo casi al gore. No entiendo muchos de los enfrentamientos entre esos personajes, y mucho menos esa simbología que aparece continuamente, como queriéndonos llevar a algún lugar al que nunca llegas. El porqué de unos discursos terroríficos y misteriosos engarzados en la historia, como maldiciones perdidas de las profundidades de los océanos que no logran meterme en la trama.

La película cuenta con dos actores de talla, pero que se desbocan y llenan el metraje de gestos y poses sobreactuadas. Defoe, el que supuestamente tiene el papel más «brillante», cruza la frontera de la sobreactuación constantemente y Pattison no encuentra como dar contrapunto al trabajo de su compañero, y lo acompaña con poses y gestos, para mí fuera de tono.

El resultado final es una película lentísima, demasiado oscura y sórdida, casi hasta desagradable de ver en algún momento, si no fuera porque en ese momento ya estás aburrido, algo, lo primero, que quizá es lo que buscaba Eggers, con esa trama que no logro entender, con una escalada emocional y de violencia que no comprendo, con un tramo final donde los larguísimos diálogos, sobre todo esos casi monólogos del personaje de Defoe me desconectan del conflicto, por cierto, un personaje, el de Thomas Wake (Willem Dafoe), al que innecesariamente llevan a un punto de soez, que da casi asco, un asco innecesario. Pocas veces he tenido la intención de marcharme de una sala de cine, y con esta película estuve muy, pero que muy cerca.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here