No sé si saben que el partido que disputarán el Real Madrid y el Valencia se jugará, presuntamente, junto a lo que queda de la tumba de Eva. Y no tiene nada que ver con la justicia poética. Nunca debería celebrarse un acontecimiento deportivo en un país reticente con los derechos humanos u opresor con las mujeres. Parece mentira que tenga que ser yo la que lo diga en voz alta, pero es que el dinero nos impide discernir con claridad. Les pasa también a los venerados genios de nuestro tiempo, a Guardiola o a Xavi. Desde su unificación en 1932, el gobierno saudí se ha dedicado a someter a su pueblo y a asegurarse de que la creación de un parlamento o de algún órgano de poder que no estuviera integrado por su propia familia fuese una mera utopía.

Hablemos de la tutela masculina a la que se ven sometidas las mujeres. El sistema legal saudí parte de la base de que una mujer es una persona moralmente incapaz de gestionar sus propios asuntos y con la necesidad imperiosa de contar con la supervisión de un salvador a su vera. Sus derechos legales equivalen prácticamente a los que tendría una persona menor de edad, es decir, no puede tomar decisiones de manera independiente sobre educación, salud o trabajo.

En Arabia Saudí se lleva a cabo un apartheid de género. Por ejemplo, las mujeres y los hombres deben entrar por diferentes puertas o las mujeres deben sentarse en una zona específica para ellas en los estadios, en el cine o en la mayoría de los lugares públicos. Eso desde el 2018, año desde el cual se les permite asistir a eventos públicos. Teniendo en cuenta el tacto que tiene Rubiales con la mujer española —y futbolista—, me atrevo a asegurar que la mujer saudí le importa entre cero y nada, a no ser que su marido tenga una gruesa cuenta corriente. Hay una diferencia crucial entre ganar dinero o prestigio. Y Luis Rubiales ha vendido su alma por la primera para perder toneladas de lo segundo. Un contrato de 120 millones jamás debería servir de excusa para llevarse un evento de la índole que sea a un país reticente con la democracia. Es sumamente cínico y vomitivo lo que provoca la mercantilización suprema de nuestro fútbol.

Y ahora, si les quedan ganas, hablen del partido. Bienvenidos a la Supercopa de la vergüenza. Tomen asiento, no se muevan y no levanten la voz, no vaya a ser que por razones ajenas a la organización terminen siendo lapidados en el centro del campo. No voy a ser yo hoy la que hable de fútbol cuando nadie quiere hablar de lo que verdaderamente importa. En mi caso, guardaré 90 minutos de silencio. No tengo nada que celebrar.

2 Comentarios

  1. Buff fenomenal el articulo, de los mejores que he leído. Sigo este sitio desde hace mucho tiempo y este es delos articulos más criticos y fenomenales que he leído. Vivo en una país con una democracia ficticia sin sustento donde los gobernantes salen y ni siquiera los conozco. Y tal vez los derechos de las mujeres estén mejor que en Arabia saudí pero igual me siento identificado por la situación

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