El problema que no tiene nombre es el primer capítulo de La Mística de la Feminidad, de Betty Friedan. En él, la autora analiza la insatisfacción de las mujeres de la clase media estadounidense en los años 50 y primeros 60. Mujeres amas de casa y amantísimas madres y esposas que materialmente tenían todo lo que les habían enseñado a querer y que no sospechaban que la causa de su malestar era precisamente haber culminado idealmente ese estilo de vida que otros habían escrito para ellas.

Todos los problemas, al final, tienen nombre y todos tienen sus causas. También los del Atleti. El problema de los rojiblancos no es que el malestar no tenga nombre, es que el problema es tan poliédrico que a veces cuesta ver qué cara va ganando. ¿Falta de gol? ¿Plantilla corta? ¿Debilidad defensiva? ¿Poca intensidad? ¿Imprecisión? ¿Planificación deportiva? ¿La personalidad que daban los que ya no están?

Ante la Cultural, el problema parecía que no iba a aparecer. Los primeros 20 minutos del Atleti fueron dignos: el equipo entró concentrado y con intensidad, sabedor de que tenía enfrente a un hipermotivado rival. La conexión Joao-Vitolo funcionó con ocasión para el segundo en el 7′ y Herrera tuvo otra oportunidad en el 19′.  Pero a partir de ahí todo se empezó a venir abajo. El centro del campo era un lugar en el que el balón nunca era rojiblanco, las imprecisiones en los pases de Herrera hacían imposible que hubiera una salida limpia y ofensiva del balón y Vitolo no daba el paso al frente que se necesita cuando es titular. El problema empezaba a mostrarse.

Lo intentó enmendar el Cholo dando salida a Thomas para ganar contención en el centro y sacando del campo a Vitolo, que antes de irse falló de nuevo en un tiro cruzado ante Giffard. Se ganó la batalla en el centro del campo y hasta llegó el gol, gracias a Correa.  Parecía que el problema había desaparecido…Pero el problema seguía ahí, como el elefante en la habitación de los matrimonios heridos. Su nombre fue entonces el de debilidad defensiva, cuando la Cultural empató en el 83 gracias a un tanto de Castañeda, que aprovechó un mal despeje de Adán. Y el problema mutó en falta de gol cuando el Atlético no supo evitar la prórroga en tres ocasiones rojiblancas casi consecutivas. La prórroga tampocó solucionó los problemas mientras los minutos se iban agotando. El Atleti subió la intensidad en busca del gol perdido, pero la efectividad era leonesa: Sergio Benito certificó el adiós colchonero a la Copa y el fracaso del Atlético.  Y todos los problemas emergieron: la necesidad de un delantero, ser consciente de que un veterano es mucho más que un jugador viejo, recuperar la intensidad perdida para volver a ser quien fuiste.

Si hay que sacar una enseñanza de la eliminación es que todos los problemas tienen nombre. Sólo hace falta, como nos enseñó Betty Friedan, identificarlos. Y nombrarlos. Porque sólo a partir de ahí se pueden buscar las soluciones. 

 

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