Aunque pueda parecer paradójico, en el deporte profesional las rachas de victorias suelen constituir una forma extra de presión antes que un acicate. En la rueda de prensa previa, Laso, que posee entre sus virtudes principales la gestión psicológica de su plantilla, intentó alejar el foco de los trece triunfos consecutivos del Madrid en Euroliga para ponerlo en el récord negativo que él mismo, como entrenador, tiene en sus visitas a la pista del CSKA. Como si aludiendo a una racha negativa pudiese contrarrestar el inevitable mal fario que lleva aparejado una positiva. Y así, en medio de este juego de gafes y contragafes, a los blancos se les escapó el partido.

Empezaron bien, con una fluidez ofensiva notable que quedó registrada en los 21 puntos logrados en el primer cuarto. Thompkins, elástico y activo, anotaba fiel a su elegante estilo, con canastas tan efectivas como plásticas. Causeur y Campazzo también se hallaban inspirados desde el perímetro, y una defensa muy atenta a puntear cada tiro moscovita impedía que el equipo del ejército rojo estuviese cómodo sobre el parqué. La distancia se fue incrementando hasta llegar a una diferencia de 12 en el electrónico, a falta de ocho minutos para la conclusión del segundo período. Tan plácido se veía el Real que aprovechó para el retorno de Felipe Reyes y Llull, tras largas semanas de convalecencia. En ese instante, un furibundo Itoudis solicitó un tiempo muerto, y a partir de entonces comenzó un nuevo partido.

El CSKA acostumbra a jugar en su pista con una permisividad arbitral que le aporta un comodín extra contra todos los rivales. Sabedor de esta pequeña ventaja, el entrenador griego ordenó prietas y filas, cemento defensivo hasta que las musas iluminasen a su francotirador, Mike James, mera cuestión de tiempo. Mientras tanto, los rusos castigaron las dudas para generar jugadas de Llull y Laprovittola, obteniendo un botín de pérdidas que apretaron el marcador. El caudal ofensivo del Madrid se detuvo, por lo que Laso trató de tirar de Carroll, pero el de Wyoming tiene últimamente la mente junto a su familia, ya de vuelta en Estados Unidos -¿anticipando la retirada del escolta mormón?-, y su precisión se ha volatilizado. Sin Randolph ni Rudy, la creatividad a la hora de llevar la batuta quedó reducida a un sobreexplotado Campazzo, bien cubierto, ora por Hilliard, ora por Ukhov.

El atasco devino en tragedia a partir del tercer cuarto, cuando el conjunto del Ejército Rojo terminó de asentarse a lomos de un Mike James que, si bien no rozó la excelencia en el lanzamiento a la que tiene acostumbrada a su parroquia, recuperó unos porcentajes suficientemente dañinos. Por fuera, Hilliard secundó al norteamericano, y los tapones de Tavares en la pintura no conseguían achicar toda el agua que introducían, aunque fuese con cuentagotas, Kurbanov y sobre todo Hynes. Aprovechando que los árbitros se habían tragado los silbatos, Laso dio orden de subir la intensidad defensiva, llegando a encadenar varias series de acciones en las que las infracciones de ambos bandos se sucedían sin que nadie pusiese impedimento. En ausencia del Estado y la ley, en contra de lo que dicen los liberales, lo que queda no es la refrescante liberación, sino la dura selva. Y, en la selva, el CSKA es el rey. La estadística de doce rebotes ofensivos habla por sí misma.

Pese a todo, los arrestos defensivos del Madrid –hasta cinco gorros con etiqueta de Cabo Verde— consiguieron mantenerlo a una distancia razonable en el marcador, y una acción de coraje de Deck colocaba a los merengues 55-54 a falta de 1:21 para la conclusión del encuentro. Un triple errado por Facundo finalizó con un rebote larguísimo que cayó en manos rojas. En mitad del desajuste, la bola llegó a Hilliard, que sentenció el partido. Quedaban algunos segundos para intentar la heroica, pero un desacertado Llull tiró por el sumidero la última opción. El muro ruso no cayó tampoco en esta ocasión. No obstante, lo bueno para el Madrid es que el fantasma de la racha dejará de atosigarlo. El que no se consuela es porque no quiere. Tampoco hay tiempo para ello: en 48 horas llega el Khimki.

60 – CSKA Moscú (14+12+17+17): Mike James (19), Hilliard (14), Hines (10), Kurbánov (4) y Voigtmann (3) – equipo inicial – Ukhov (-), Antónov (-), Bolomboy (2), Vorontsevich (-), Baker (-), Koufos (4) y Sant-Ross (4).

55 – REAL MADRID (21+12+10+12): Campazzo (10), Thompkins (14), Deck (4), Causeur (3) y Tavares (2) – equipo inicial – Taylor (3), Llull (-), Mickey (5), Laprovittola (8), Reyes (3) y Carroll (2).

Árbitros. Christos Christodoulou (GRE), Carmelo Paternico (ITA) y Joseph Bissang (FRA). Sin eliminados.

Incidencias: partido correspondiente a la decimonovena jornada de la fase regular de la Euroliga disputado en el pabellón Megasport ante 8.500 espectadores.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here