Lo que más me llamó la atención del año que se fue. Ni más ni menos. En ciclismo, que es de lo que sé. Bueno, también me gustan las patatas fritas, pero no es plan. O sí, vaya. Pero vamos, que nadie busque aquí un decálogo inamovible, porque yo soy más de becerros dorados. No, esto es pura filias y fobias. Y nada más. Disfruten.

(Una aclaración… aquí solo hablo de ciclismo en ruta masculino. No porque considere las otras disciplinas como menores, sino porque, sencillamente, no sé lo suficiente de ellas como para meterme en análisis rigurosos. Ya me gustaría, pero es que no me da la vida, oigan).

1. EL PRIMERO DE EGAN

No se puede empezar de otra forma. Vale, las circunstancias fueron extrañas. Caídas, ausencia de favoritos, un desarrollo algo insulso hasta la traca final. Y aun ésta quedó deslucida por suspensiones, corrimientos de tierra, superioridad manifiesta de uno y de todos. Pero hay que poner la hazaña en su justa medida. Primer colombiano que gana el Tour de Francia, nada menos. Un chaval, el más joven desde hace casi un siglo. La sensación de que, llegando de rebote, logró soportar perfectamente nervios y presiones. Añadan a eso otras victorias en pruebas por etapas y tendrán la auténtica dimensión del asunto. El gran vueltómano del futuro está aquí, y se llama Egan.

2. EL NACIMIENTO DE LAS BESTIAS

¿El gran vueltómano del futuro, dijimos? Bueno, lo dejamos entre paréntesis, por si acaso. Y es que 2019 representa el descubrimiento de ciclistas jóvenes, ambiciosos y, sobre todo, sin ningún tipo de complejos. Niños transmutados en hombres que despuntan antes que (casi) cualquier campeón del pasado y por ello parecen tener sus límites allende la imaginación. Queda mucho para que hagamos un repaso postrero de su palmarés, pero a día de hoy los Evenepoel o Pogačar resultan una deliciosa anomalía que bebe de la juventud y el descaro. Perderán la primera, resta por ver si mantendrán el segundo. Recemos por ello.

3. AQUELLA TARDE EN HOLANDA…

Y por él, claro. Por él. Él se llama Mathieu van der Poel y es el hombre que todo lo puede. O, al menos, lo parece la mayoría de las tardes. El tío se sube a cualquier cosa que tenga dos ruedas y arrasa. Ruta, montaña, ciclocross… no descarten que acabe corriendo el París-Dakar, ahora que está de moda lo de tirarse a la aventura. Yo no apostaría en contra. El caso es que Mathieu pasó por las clásicas como Atila sobre un campo de lechugas recién sembrado. Arrasando con todo y manteniendo una ratio entre días de competición y victorias que no se veía desde… bueno, desde el otro chaval, el belga, pongan ustedes el nombre, que a mí me da vergüenza (vale, les admito también el granjero irlandés… pero ya). Esa primavera tuvo su punto culminante en la Amstel Gold Race, carrera que venció de forma absolutamente increíble, en el sentido más estricto del término. Repasen esa prueba, repasen, pero no se fijen solo en el epatante sprint final. No. Son los diez, quince últimos kilómetros. Qué locura. Luego asustó en verano y se agarró una caraja en Yorkshire que nos hizo ver su humanidad (y a mí me recordó ciertas experiencias personales, ejem). Tiene carisma, es espectacular y no guarda nada. Si son ustedes haters de Mathieu van der Poel les esperan años muy duros…

4. FUGLSANG Y ALAPHILIPPE, AMIGOS Y RESIDENTES EN ARDENAS

Tuvo gracia lo de la primavera, con un danés y un galo convertidos en bromigos legendarios por cada carrera que pisaban. Unas risas. A veces ganas tú, y otras, las más, gano yo. El de la perilla. Porque además… vaya imagen. Toque d’artagnanesco de Julien, carita aniñada de ídolo adolescente (ya crapuleando un poco) Jakob. Al final el de Astana cobró pieza importante en La Doyenne, mientras que Alaphilippe se tiró ganando los siete primeros meses del año, Tour incluido. Los hubo que, incluso, llegaron a verlo de amarillo en París, pero eso ya era demasiado. Seguramente. O no, vaya usted a saber, que cosas más raras hemos narrado…

5. MOVISTAR, ENTRE EL RUIDO Y LA FURIA

Venga, empecemos por lo bueno. El equipo Movistar conquistó de forma inapelable el Giro de Italia. Lo hizo por medio de Richard Carapaz, gracias a una mezcla de fortaleza física y maestría estratégica. La misma que brilló a lo largo de tres semanas en tierras transalpinas. Hicieron de todo (defenderse, atacar, sorprender, desgastar) y todo bien. Un diez. Para poner en las escuelas de ciclismo. A partir de ahí, Luces de Bohemia. El callejón de los gatos. Fantochadas y esperpentos, vaya. En el Tour Movistar roza el ridículo un par de veces (persiguiendo a Quintana en el Izoard, pasando olímpicamente de pinganillos y tácticas claras en Val Thorens) y ya en la Vuelta a España lo conquistan sin discusión. Los aspavientos de Marc Soler en Andorra, la arrancada de Valverde camino de Gredos para detenerse cien metros más adelante. Videos, disculpas, reproches públicos. Si usted es de los que se ganan la vida escribiendo de esto sonreiría, maléfico. Me lo dan hecho, oigan…

6. LA ESTRELLA TORNA ANÓNIMA

Bueno, vale, igual el anonimato es cosa un poco excesiva. Pero ustedes me entienden. Me refiero a Simon Yates, que pasó de hacer un 2018 realmente llamativo (victoria en la Vuelta a España, de rosa en el Giro hasta el día de Finestre, mostrando aptitud y actitud en ambas pruebas) y este año nunca se ha encontrado del todo. En la prueba italiana empezó con buenas sensaciones y algunas frases de asustaviejas realmente apreciables (yo es que adoro a los bocazas, qué le voy a hacer). Pero después resulta que pedaleaba… bueno, como una vieja, vaya. Y en el Tour lo mismo. Se recicló en cazaetapas de postín (dos de montaña, nada menos) pero queda la sensación de retroceso en su progresión. Y eso siempre es peligroso.

7. LESIONES, CAÍDAS Y OTROS MENESTERES

Ha sido un año con mil contratiempos. Algunos muy sonados. Para Tom Dumoulin pasó prácticamente en blanco (permítanme la hipérbole). Chris Froome no pudo ni acudir al Tour de Francia, porque se rompió el cuerpo por setenta sitios diferentes en Dauphiné. Bernal, su sucesor en Francia, inicialmente iba a postularse en Italia, pero se le quebró la clavícula en una rotonda apenas siete días antes de la salida. Otros directamente se borraron a las primeras de cambio en lo que antes eran objetivos de pedigrí. Enric Mas, en Tour. Vincenzo Nibali, en Vuelta. Esas cosas. El resultado final siempre es el mismo: ganan hombres, nunca nombres.

8. CUANDO QUEDAN DOSCIENTOS KILÓMETROS A META…

Restan doscientos kilómetros hasta Guadalajara. Tercera semana de la Vuelta a España. Posiciones más o menos establecidas, con Roglič dominando y los demás luchando por lo que parecen migajas. Etapa llana. Intrascendente. ¿Intrascendente? Hace viento, y cuando apenas se ha dado la salida salta un grupo enorme. Allí está Nairo Quintana. Lo que resta es, seguramente, la mejor etapa del año, una persecución alocada por páramos, toboganes y pequeñas subidas que propiciaron movimientos estratégicos de lo más interesantes (ese día sí corrió Movistar con ambición y originalidad). Al final la cosa no fue a más, y el esloveno (uno de los tres mejores ciclistas de 2019) domeñó la situación con calma y fortaleza, pero lo de Guadalajara queda ahí como ejemplo. Cada etapa es una nueva ilusión, y si alguien no quiere disfrutarla es asunto suyo…

9. LA TRAGEDIA CLÁSICA DE THIBAUT PINOT

Iba a ser el sucesor de Bernard Hinault. Lo que no pudo conseguir Fignon en 1989 por ocho segundos ni Richard Virenque en 1998 por ese pelo horrendo que me llevaba (vamos a ser serios, aquello no era imagen para el pódium final… ah, también hubo no sé qué gaitas de un escándalo, o algo así) estaba a punto de lograrlo Thibaut Pinot. Afrontaba los Alpes cerquita de un debilitado Alaphilippe, a tiro de piedra de los demás favoritos. Esos a los que había dominado en Pirineos, victoria de prestigio incluida. Tourmalet, nada menos. Qué mejor tarjeta de presentación. Francia preparaba los laureles, pero al final se los acabaron echando al guiso. Thibaut Pinot es un personaje clásico, y ahí reside su encanto. Su poética. Abandonó antes de subir el Iseran, la rodilla hecha un cisco. Llorando. Tendrá más oportunidades, pero…

10. LA LLUVIA EN YORKSHIRE ES UNA MARAVILLA

Y llegó el Mundial, que siempre es un día distinto, esperado. En septiembre. Yorkshire, norte de Inglaterra. De forma totalmente sorpresiva (los lugareños tenían rostros bronceados de caribeños sanotes) llovió de narices. Muchísimo. También hizo viento, y algo de frío, y hubo inundaciones. Lo típico, vamos. Ah, ciclismo también, ciclismo del bueno. Carrera de eliminación, con van der Poel sacando el córner, rematándolo y luego lesionándose en la celebración con los fotógrafos. Más o menos. Ganó Pedersen, un tipo no demasiado conocido, un joven con más mofletes que palmarés. Pero, ojo, lo hizo en una de las jornadas más duras de los últimos tiempos, así que haríamos bien en no perderlo de vista…

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