Cats no es un musical fácil, de hecho su representación teatral, ojo, teatral, necesita mucho de la complicidad de los espectadores, ya que la historia que nos cuenta obliga a convertir a los actores que interpretan a los protagonistas en gatos.

Esta película es la adaptación de este famoso y reconocido musical de Broadway basado en la obra de Andrew Lloyd Webber, inspirada a su vez en una colección de poemas de T. S. Eliot. En ella, Tom Hooper, director de muy buenos filmes como El discurso del rey, La chica danesa o la maravillosa adaptación del musical Los miserables, ha sido el encargado de llevar a los gatos de los escenarios de Brodway a las pantallas del Hollywood cinematográfico.

La cinta, que está recibiendo pésimas críticas, es una apuesta muy ambiciosa en la que se han invertido 96 millones de dólares para hacer creíble y lo más realista posible esa noche mágica de gatos Jélicos. Hooper se la ha jugado con una estética arriesgada, muy arriesgada, con un uso, para muchos abusivo y hasta “antinatural” de CGI (imágines creadas por ordenador), para dar vida a esos gatos, en una apuesta que muchos definían como imposible y que ha creado un universo, con un toque de Isla del Doctor Moureau, en el que el espectador debe poner también de su parte. No es fácil ver a Francesca Hayward, Jennifer Hudson, Judi Dench, Taylor Swift, Ian McKellen o James Corden convertidos en esos gatos pseudohumanos que cantan y bailan y cuyas colas tienen vida propia. El libreto/guión, como en el musical original, apenas tiene diálogos, ya que son las canciones las que te llevan a través de la historia: “Una gata es abandonada en un barrio bajo londinense, en la noche en la que los ‘gatos jélicos’ participan en una especie de ceremonia/concurso musical, para que una vieja gata decida quién es el elegido para tener una nueva vida.” Tan sencillo y tan complicado como eso.

En el musical de Brodway, los gatos/actores interactúan con el público, pasean por el patio de butacas cual suburbio londinense, logrando convertir el teatro al completo en ese callejón oscuro o en el “Egipcio”, lugar donde se hará la magia. Así, y con la ayuda del público, se logra una complicidad y una atmósfera que no se puede dar en el cine. Además, en la búsqueda de ese hibrido humano-gatuno por parte del director, sin duda inquietante, no seré yo quien lo niegue, hace de éste un trabajo que le va a pedir un esfuerzo al espectador, sobre todo los primeros minutos; además, como la historia se cuenta en las canciones, si no eres bilingüe hay momentos en los que leer se te puede hacer cansado y despegarte de la trama; es lo que tiene la versión original.

Ese esfuerzo que el director nos pide no es superior al que nos pidió Cameron con su Avatar, Burton en su Alicia o cualquier director en el 90% de las películas de terror; simplemente es ir a favor.

Personalmente diré que a mí me ha gustado bastante, que le reconozco decisiones debatibles y en algunos casos arriesgadas, que no encuentro justificables algunas críticas como la luz, el ambiente oscuro en algún momento, la escala en la escenografía o le elección de la paleta de color. La dirección artística me parece acertada como en su día lo fueron obras como Moulin Rouge o la ahora película de culto Corazonada, de Coppola.

Cats ya es sin duda el fracaso económico del año, las críticas la han devorado y el público no la está apoyando, pero yo creo que hay muchos y buenos trabajos en el filme y diré que he visto muchas películas mucho peores este año con críticas menos afiladas.

Cats no es Mamma Mia!, no es Rocketman y desde luego no es Bohemian Rhapsody; Cats es otra cosa y creo que en unos años será sin duda otra de esas películas de culto, con sus errores y sus decisiones más o menos arriesgadas, que seguirán siendo muy debatidas y debatibles, pero un musical que no se debería despreciar; repito, a mi me ha gustado.

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