Hola, Emmanuel. Te reconozco que soy capaz de opinar una cosa y la contraria sobre algunas jugadas polémicas en función de la toma que muestre la televisión. Y a veces durante una misma repetición. No por veletismo, sino porque tengo la impopular cualidad de entender en muchos casos cualquier decisión que tome el árbitro: creo que ambas opciones podrían razonarse con argumentos aceptables en jugadas como las del Madrid-Sevilla. Soy, lo que llaman en Argentina, ciudadano de Corea del Centro. Siempre genios. Pienso en aquellos que lo ven tan claro y me pregunto si más que en la acción no se fijan sólo en la camiseta de su equipo. Pasa también con los políticos que ahora cambian de opinión para defender a sus nuevos compañeros de gabinete, no vaya a ser que se hable demasiado pronto de clanes dentro del vestuario gubernamental.

A veces sólo decimos algo en voz alta para autoconvencernos, para ahuyentar nuestras dudas, más que para traer a los demás a nuestro terreno. Quizás nuestro discurso cambiaría si trasladáramos el barro al área contraria. Supongo que al final es un problema de conciencia: no nos gusta ganar por un error arbitral, así que buscamos la interpretación del reglamento que más se ajusta a la realidad que queremos ver. También sirve al revés: perder por culpa del árbitro ayuda a digerir mejor la derrota al quedarnos exentos de culpa. ¿No crees que en realidad todos somos iguales a pesar de proclamar que somos únicos? Nunca he entendido eso de “mi club es especial”, ya que lo máximo a lo que podemos aspirar es a ser coherentes, como el Unionistas de Salamanca.

Te dije hace algunas cartas que todos necesitamos un Casemiro. Me vuelvo a reafirmar. No por los goles ni por sus innumerables robos de balón, sino por el cariño que da y pide para sus compañeros. Esta vez le tocó a Luka Jovic. Le agradeció la genial asistencia de tacón señalando al serbio para que recibiera el reconocimiento del público. Poco más se pudo rescatar del partido de Jovic, pero al menos saldrá en los resúmenes.

Jovic se crió en Batar, un pequeño pueblo de mayoría serbia dentro de las fronteras de Bosnia. Así de compleja es aquella zona cercana al río Drina, donde a lo largo de los siglos han convivido diferentes etnias con sus respectivas religiones: ortodoxos, católicos, musulmanes y judíos. Jovic, que de pequeño no paraba de ver cintas VHS con todos los goles de los Mundiales hasta el de 2006 y que quedaba impresionado con Roger Milla y, sobre todo, con Ronaldo Nazario, quiso copiar la confianza del brasileño para poder hacer sus mismas maniobras delante del portero. Esa es la clave que da para explicar cómo llegó hasta el Real Madrid: la confianza. Su compañero de selección Stefan Mitrovic le dijo una vez: “La de cosas que yo sería capaz de hacer si tuviera tu confianza”. Es posible que la haya perdido un poco, pero gestos como el de Casemiro y las recientes palabras de Zidane (“Jovic es el futuro”) le ayudarán.

Acabé el otro día la novela Feliz final, de Isaac Rosa, en la que una pareja que acaba de separarse después de 13 años y dos hijas juntos excava en su relación para descubrir en qué momento empezó a fallar todo. Me recordó a Ernesto Valverde. ¿Fue Liverpool? ¿Fue Roma? ¿Fue el estilo de juego? ¿O fue quizás el recuerdo de una pareja anterior? Setién habla como Guardiola, pero a veces lo que queremos oír no es lo mismo que lo que queremos ver. Si Valverde hubiera ganado una Champions de las dos que pudo, ¿hablaría alguien del juego? Espero con ganas tu respuesta.

Un abrazo,

Juan Carlos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here