¡Feliz Año, Emmanuel!

Últimamente creo que, a pesar de la mala prensa que tiene, es recomendable cambiar de opinión. Estas navidades, por ejemplo, ha sido el primer año que he visto con buenos ojos un parón futbolero. Antes defendía que había que hacer como la Premier, aumentar aún más el número de partidos durante estas fechas, pero no sé si será la edad, la sobreexposición a la que estamos sometidos o que necesitaba un respiro, pero me ha venido bien bajar a cola de pelotón a recoger bidones para lo que queda de temporada.

Eso sí, hay historias relacionadas con el fútbol que vienen en forma de regalos navideños, como ese Informe Robinson sobre La Quinta del Buitre. Yo sólo vi el ocaso de aquella generación, por lo que me fío de los que la disfrutaron en su esplendor, quienes suelen decir que ningún Madrid ha vuelto a jugar como aquel grupo comandado por canteranos. Seguramente lleven razón, pero quizás coincide que los vieron siendo niños o adolescentes y ya sabemos que el filtro de la ilusión en esa edad tiende a embellecerlo todo. Si te pregunto por el mejor Barça que has visto, supongo que me hablarás del cuatrienio de Guardiola. Pero, ¿te gustó más al principio o al final?

Las comidas y cenas familiares también tienen sus dosis de fútbol y discusiones de cuñados (no olvidemos que el cuñado de nuestro cuñado somos nosotros mismos) y en una de ellas salió un tema interesante: ¿puede un profesional cambiar de equipo del alma incluso rozando la treintena? Yo, amparado por el ejemplo de Zidane, defendía que sí. No creo que Zizou tenga un equipo al que quiera más que al Madrid. También pienso que el Cholo es atlético y que Messi es culé. Pues mi cuñado ve a los profesionales como aficionados corrientes y piensa que Zizou es del Olympique de Marsella, el Cholo banca más que a nadie a Racing de Avellaneda y Messi siempre será más de Newell’s que del Barça. ¿Qué piensas tú? Quizás ninguno lleve razón y la única respuesta en este caso sea el poliamor.

Me preguntabas por el propósito de 2020 del Madrid y ya apuntabas tú que diría el de mejorar la puntería. Lo hizo en Getafe, donde sacó más premio que peligro creó; todo lo contrario a lo que pasó a finales del año pasado. Pero sigamos pensando que el fútbol se puede explicar de forma racional.

Sigo maravillado con Fede Valverde, a quien le bastan unos minutos para hacerse notar. Cuando vi que le iba a regalar el gol a Modric en el descuento, porque se veía a la legua, pensé en lo difícil que es hacer lo fácil, en este caso, dársela a placer al compañero que llega desde atrás para que marque a puerta vacía. Primero, porque no se me ocurre mejor momento para que asome el ego que cuando estamos cara a cara con el portero. Y, segundo, porque ese pase debía ir con la fuerza justa para que Modric rematara en ventaja. Unos newtons de más y adiós gol. Parece fácil pero no lo es.

Del Barça prefiero que me hables tú. Escuché algunos pitos ¡a Valverde! de aficionados del Espanyol cuando anunciaron su nombre por la megafonía antes del partido. ¿O quizás eran del Barça?

Un abrazo, Juan Carlos.

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