El director inglés nos cuenta (también es co-guionista) de forma sutil y a la vez cruda, la historia de dos soldados británicos, que en plena I Guerra Mundial, son elegidos para realizar una peligrosa misión. Los cabos Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) son enviados a la primera línea para llevar un mensaje que evitará una masacre. Deben llevar de forma urgente, a contrarreloj y en el trascurso de un día, unas órdenes que pueden salvar la vida de miles de soldados, entre los que se encuentra el hermano de Blake.

Para contar esta historia, Sam Mendes se ha lanzado, como sus personajes, directamente al barro, y ha creado dos horas de un falso plano secuencia, que no solo demuestra un virtuosismo técnico extremo, sino una sutileza para interpretar el lenguaje cinematográfico, sin que la técnica anule la historia, que hacen de este film una verdadera joya. Contada así, el espectador tiene la sensación de vivir esta aventura junto a los dos soldados casi en tiempo real, y como continuamente maneja planos subjetivos, nos hace compañeros de viaje y aventura de ambos protagonistas.

Tanto George MacKay como Dean- Charles Chapman, los actores protagonistas, hacen un trabajo más que consistente, con unos personajes que tienen que ser creíbles y llenos de ingenuidad, que desbordan miedo y decisión juvenil. Los dos son los absolutos protagonistas de esta película, en la que actores como Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Richard Madden, aparecen como fantásticos secundarios, todos en trabajos que más parecen cameos, pero que dan peso a unos personajes que deben tener esa credibilidad, que con su mera presencia les dotan estas estrellas.

Mendes se aleja de esa crudeza sensorial del Salvar al soldado Ryan de Spilberg o esa maldad del Platoon de Oliver Stone, para introducirnos en un viaje lleno de angustia y miedo, de horror y desolación, en el que, curiosamente, en su primera hora apenas si se producen disparos, y pese a ello, nadie en la sala de butacas ignora que estamos en medio de una guerra, de una batalla, creando sin duda un nuevo referente del cine bélico, como lo fue el Dunkerque de Nolan (2017).

1917 es una de las mejores películas de este año, un viaje a través de la guerra, magistralmente rodado por uno de los directores más “diferentes” del momento, capaz de cambiar de registros entre una película y otra, de ahí que obras tan dispares como American Beauty, Camino a la perdición, Revolutionary Road o la Skyfall de 007  lleven su firma.

Con 10 nominaciones, entre las que se encuentran las de Mejor Director y Mejor Película, llega a los Oscar tras recibir hace dos días el premio a la Mejor Película otorgado por los Productores de Hollywood, y sin duda ha aparecido con una fuerza que va a cambiar y mucho las apuestas que ya hablaban del Irlandés, de Érase una vez… o del Joker como grandes favoritos.

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