Cuentan que en el contraataque de Patton, este le gritaba a Rommel: “¡Leí tu libro!… ¡Leí tu libro!”, intentando hacer ver a sus oficiales lo importante que es conocer al enemigo y saber cómo se posiciona en el campo de batalla. Rommel hizo caso omiso a los viejos mariscales teutones que le advertían de que no se debe meter vino nuevo en botellas viejas. En la innovación está la sorpresa —y en el combustible está que funcionen los tanques—. Aún así, Rommel pasó a la historia como el mejor combatiente táctico de la Segunda Guerra Mundial. A Patton, sin embargo, se le considera el mejor estratega de dicha contienda. Y es que aunque se tiende a confundir estos términos, táctica y estrategia no son la misma cosa.

La táctica está basada en el método para conseguir un fin determinado. Se aplica a corto plazo y de manera coyuntural. La estrategia es un conjunto de acciones encaminadas a conseguir el objetivo final. La táctica, por tanto, no es más que, en todo caso, una parte de la estrategia.

Si llevamos todo esto al fútbol, diremos que tener una buena plantilla, manejar bien el grupo, poseer carisma de líder, decidir donde pones los picos en la preparación física, aplicar la mejor filosofía de juego a la calidad de tus futbolistas, tener buenos consejeros técnicos… es la estrategia con la que un entrenador intenta acercarse a los títulos. La táctica es el recurso para afrontar cada partido. Pero…

Cuando tienes calidad por arrobas en la plantilla, la táctica es menos importante para cumplir tu estrategia. Un equipo de poco presupuesto está obligado a plantear sus partidos para intentar anular al contrario. No le pidamos que lleve la iniciativa en el juego o que haga propuestas donde la estética esté por encima de la disciplina. En cambio, si tienes a Messi, Cristiano, Mbappé o Salah, mejor plantear el sistema para afilar sus cualidades y no para meterles en corsés tácticos que no suelen tener un buen fin. La conclusión es que calidad y táctica están en proporción inversa. Cuanta más calidad, más libertad necesita el artista.

Con esto no estoy denostando lo táctico, pero sí afirmando que se puede ser un gran estratega sin tener las cualidades de Benítez y que también es posible ser un horrible estratega si sólo tienes las cualidades de Benitez ante una pizarra. Es más, hay entrenadores —Mourinho, por ejemplo—, que teniendo casi todas las virtudes para ser grandes estrategas, fallan a partir de más de dos temporadas en el mimo club. Magos a corto plazo, pero problemáticos en carreras de medio fondo. Nada suele ser casual.

¿Y Zidane? Pues lo que para unos es “flor», para otros —entre los que me incluyo— es una demostración de estrategia de marca mayor. Zizou no es Rommel. Ayer ya dejó claro en rueda de prensa lo que piensa de la táctica y de sus muchos detractores al respecto. Zidane es más Patton. Siempre sufre críticas en cada batalla, pero suele acabar ganando la guerra.

Por cierto, dar una buena imagen del club, ser educado y comedido, y no agarrarse a las maldades del VAR, también es parte de su estrategia. Y muchos la preferimos a dedos que señalan caminos. Todo en la vida tiene un porqué. La suerte de Zidane, también.

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