65 años. Con 65 años Fernando Vázquez vuelve a trabajar. Todo el mundo tratando de adelantar la edad de jubilación. Y, de repente, aparece él: Fernando Vázquez, que regresa al Deportivo como entrenador a los 65 años. A una edad en la que a la mayoría le daría pereza, Vázquez recuerda que hay algo más importante que la jubilación: la vocación. Que las profesiones vocacionales no son tan duras  y que, si a todos nos gustase lo que hacemos, la jubilación no sería una herramienta tan venerada. Por eso hoy, Fernando Vázquez sólo es la excusa para escribir de esa idea que seduce a un porcentaje tan alto de la población: la de pasar a ser el dueño absoluto de tu propio tiempo, la de correr a la hora que te parezca, la de coger la bicicleta.  

Sin embargo, a los 65 años, con la vida ya resuelta, con los tres hijos con los estudios terminados, Fernando Vázquez ha renunciado a esa posibilidad para exponerse a un exigente trabajo cara al público, a dormir menos, a viajar más, quizás hasta a perder calidad de vida. Pero a la vez Vázquez nos demuestra que no todos somos iguales  o quizá algo bastante más importante. Y para entenderlo habría que regresar al año 95 cuando Fernando Vázquez ya tenía un trabajo para toda la vida como profesor de inglés en un instituto. Había aprobado las oposiciones en Madrid sin excesiva dificultad, pero entonces seguía diciendo que su verdadera pasión era la de ser entrenador. Y, efectivamente, así fue. Cuando le dieron la alternativa en el Compostela en Segunda B y se convirtió en uno de los mejores 120 entrenadores del país, arriesgó y cogió la excedencia. 

De eso han pasado 24 años más. Nunca más volvió a dar clase. Siempre fue entrenador de fútbol y cuando no pudo ser fue un entrenador en paro. Es más, hubo una época en la que llegó a estar seis años consecutivos en paro, en los que no le llamó nadie. Pero aun así nunca pensó en regresar a la enseñanza, en volver a su puesto fijo de profesor. Quizá todo eso explica que hoy , a los 65 años, haya decidido aceptar esta oportunidad para volver al Deportivo. No importa que el pesimismo siente cátedra en la ciudad.  Él quizá ya no sea  como aquel hombre que celebraba los goles del Compostela corriendo como un poseso por la banda y que tuvo la valentía de contestar  aquel día al presidente José María Caneda Caneda, que era un hombre de sangre caliente, cuando bajó tan irritado al vestuario tras aquel mítico gol de Ronaldo en San Lázaro en el año 96: «Presidente, ese gol nos hará eternos». Y fue verdad. Siempre que aparece por televisión se recuerda que el rival de ese día fue el Compostela. 

 De eso también han pasado muchos años. Fernando Vázquez fue un entrenador muy valorado en su momento cuando recorrió media España (Betis, Celta, Oviedo, Rayo…). Eran aquellos años en los que nunca le faltaba trabajo y en los que nunca se imaginaría que, a los 65 años, volvería a estar en un banquillo, al pie del cañón. Pero es la ventaja de realizar una profesión que te gusta: algo tan fácil o  tan difícil. A veces imposible. De ahí que Vázquez sea hoy un genuino representante de lo importante que es dedicarte a algo realmente convincente. No será fácil, pero la única forma de lograrlo es intentarlo  como lo hizo él. Por eso ahora no le importa volver a jugar a vida o muerte como no le importó a los treinta y tantos cuando tanta gente le decía: «¿Cómo vas a ser entrenador sin haber sido futbolista de élite?» Algunos también le recordaban que había miles de carnets de entrenador repartidos en todo el mundo. Pero nadie sabía que a los 65 años Fernando Vázquez Pena volvería a empezar como si se tratase de su primer día  en clase. 

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