Los celtas (no confundir con los celtistas) consideraban que tocar madera daba buena suerte porque en los árboles vivían las hadas. Los indios americanos compartían el concepto. Ellos pensaban que los dioses habitaban en los robles, razón suficiente para no alejarse mucho de su sombra. Los primeros cristianos también otorgaban poderes extraordinarios a la madera porque la relacionaban con la cruz de Cristo.

Dicho esto, y sin más preámbulo, conviene apuntar que las porterías ya no son de madera, sino de acero, por lo que no existe contradicción en tocar tres veces los postes y empatar un partido. Eso le ocurrió al Real Madrid contra el Athletic. Y aunque sospecho que no servirá de consuelo a los madridistas, me permito recordar que en la final de la Copa de Europa de 1961 que el Barcelona perdió contra el Benfica (2-3), los azulgrana estrellaron seis balones en los postes, que entonces sí eran de madera y además cuadrados. Pero esa es otra historia.

En la que nos ocupa, el Madrid volvió a hacer exhibición de su falta de gol, o de su falta de convicción en el remate, o de su mala suerte. Tal vez deberíamos mezclar los ingredientes para obtener un diagnóstico certero. Nunca existe una única razón. Primero te falta gol, luego pierdes la confianza y a continuación te abandona la suerte como lo hace el desodorante.

Kroos chutó contra el larguero después de plantarse solo ante Unai Simón, que rozó el balón con parte indeterminada de su anatomía. Nacho cabeceó contra el mismo palo en una embestida digna de un miura. Jovic, también de cabeza, estrelló la pelota contra la base del poste en uno de los últimos arreones madridstas. Bien, pues no salió ningún hada.

Es verdad que el Athletic lo puso difícil (anularon un gol a Kodro), acumuló gente en el mediocampo y evitó el juego fluido del Madrid. Tan cierto como que el equipo de Zidane se obceca en colgar balones al área, como si por allí estuvieran Santillana, Zamorano, Van Nistelrooy… o Cristiano Ronaldo. Lamento mencionar el nombre prohibido, pero lo que sigue pendiente tiene que ver con su ausencia. Se ha recuperado el fútbol y el ánimo, incluso el optimismo, pero todavía faltan los goles. Y sin un rematador excelente, los grandes equipos se quedan al borde de la excelencia.

El último partido de 2019 señala un viejo problema que será complicado que resuelva Hazard en su totalidad. A estas alturas ya podemos afirmar (por si había dudas) que Jovic no es delantero diferencial, que Mendy es un lateral con mucho físico y poco fútbol y que tanto Rodrygo como Vinicius están en primer curso de estrella. Pese a todo, la situación es mejor de lo que hubiéramos calculado al principio del curso. Llegado el crudo invierno, el Real Madrid sigue en la pelea. Y eso debería preocupar al resto del corral. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here