La franquicia Shenmue se ganó un enorme prestigio a pulso en la añorada Sega Dreamcast hace casi dos décadas que seguía los pasos de Ryo Hazuki en una historia plagada de misterio y magia que destacó por encima de todo por una clase de innovaciones que le hicieron ser uno de los referentes en el género de los juegos de mundo abierto.

Cuanto todo parecía perdido a la hora de poder seguir su historia y encontrar al asesino de su padre más allá de la sensacional oportunidad que se nos ha brindado con la remasterización de los juegos clásicos en la generación actual de consolas, la iniciativa vía Kickstarter en 2015 redescubrió la pasión que había con la saga cuando superó con creces la recaudación necesaria para continuar con el proyecto gracias a los más de seis millones de dólares que le supusieron un récord Guinness y, más importante si cabe, la oportunidad de seguir adelante gracias al imprescindible respaldo de Sony, Deep Silver y Epic.


Retomando el hilo


Aunque no podremos subrayar lo muy importante que es poder jugar a los títulos anteriores, Shenmue III sigue la historia allá donde lo dejara la segunda parte en 2001 y es que la búsqueda del paradero de Lan Di por parte de Ryo alcanzó un punto álgido en el final de la entrega previa que nos dejaba con el colmillo goteando, circunstancia para la que hemos tardado quizás demasiado tiempo.

En ese sentido, la historia girará en torno a ese objetivo que se ve entrelazado con el misterio que rodea a los Espejos Dragón y Fénix en la China continental a la que nos lleva nuestra aventura, comenzando en el idílico pueblo rural con la chica de nuestros sueños como es Shenhua, cuyo padre ha desaparecido y para lo que tendremos que emplear una horquilla muy generosa que oscila entre las 20 y 50 horas si somos de los completistas a los que nos gusta mejorar nuestro personaje a máximo, registrar cada esquina del increíble mapeado y empleamos nuestro tiempo a la hora de hacer hasta las actividades más rutinarias a priori, pero que forman parte del atractivo que siempre ha rodeado al universo Shenmue.

Precisamente la obra de Yu Suzuki se caracterizó por un infinito universo de posibilidades en Sega Dreamcast y que sentó cátedra respecto a lo que tenía que ser el entretenimiento en un mundo abierto con múltiples cosas por hacer.
¿Queremos hacer trabajos físicos para obtener ingresos extra? Shenmue era nuestro juego. ¿Ayudar a los habitantes del rico y variado escenario? Más de lo mismo. ¿Mejorar nuestras capacidades de lucha marcial en el dojo? Definitivamente lo podíamos conseguir

Todo ello se veía aderezado por un novedoso ciclo día-noche en el que dependiendo del momento en el que se encontrase nuestro protagonista, distintas actividades o personajes estarían disponibles (o no) para seguir avanzando en la trama, ya fuera tanto en la principal o en las numerosas secundarias.

Todo esto ha sido ‘repescado’ para este Shenmue III en el que la mecánica pausada y tranquila tan propia de sus antecesores sigue más que presente y eso puede ser un hándicap a la hora de atraer a nuevos jugadores puesto que los veteranos ya saben a lo que atenerse, sabiendo de antemano que se trata de un título con un desarrollo muy específico y que probablemente no cuadre mucho con los tiempos actuales ni con las propuestas de referencia en el género.


Esclavo del pasado


En este sentido, lo comentado con anterioridad se convierte en su mayor enemigo al igual que el ‘gameplay’ en el que las peleas siguen un estilo similar al Virtua Fighter aunque no tan refinado y para el que necesitaremos emplear un tiempo no pequeño a la hora de desbloquear los distintos golpes que nos permitirán no tanto avanzar en nuestra historia sino para el momento concreto en el que los enemigos más complicados sí que requieran de nuestra mayor pericia y sabiduría en las artes marciales.

Precisamente, estos aspectos son los que le convierten en una saga tan querida y no tan evolucionada como pudiésemos haber pensado para estos tiempos, pero es lo que le convierten en Shenmue y más concretamente en su tercera entrega que sigue fiel a sus principios.

Donde la saga brilla como siempre es el cuidadísimo nivel de detalle a nivel artístico que podemos observar en los escenarios, con unas melodías dignas de la franquicia y que hacen que nuestra aventura pueda ser más satisfactoria.

Sin embargo, hay aspectos que no pueden pasarse por alto puesto que nos encontramos con personajes con un realismo descomunal en sus rostros y con otros que parecen no sacados de una generación previa sino dos si se nos apura un poco, lo que nos deja una sensación ciertamente agridulce aunque la explicación es sencilla puesto que el presupuesto que Yu Suzuki ha manejado no llega ni por asomo al que le permitió convertir a los primeros Shenmue en obras de referencia.


Conclusiones


Es innegable que el hecho de poder estar hablando de este Shenmue III cuando se nos va este 2019 es toda una proeza si pensamos en todo el camino recorrido hasta la continuación de una saga que ha sido idolatrada por los fans a pesar de estar hablando casi de una generación distinta por todo el tiempo transcurrido entre la segunda y la tercera entrega y creemos que este debe ser un buen punto de partida a valorar.

Es cierto que este título puede que se quede un poco corto respecto a las expectativas que se podría haber generado en una fecha mucho más cerca a la excelente segunda parte y que cuenta que con una serie de limitaciones que pueden observarse en determinados aspectos, que denotan una falta de presupuesto como ya os hemos comentado, pero resulta ser precisamente lo que esperaban los amantes de la saga incluso después de tantos años.

Aunque el conjunto en sí puede ser calificado como de notable, su abrupto final apunta muy claramente a una potencial próxima entrega que debería poder contar con más recursos de cara a obtener un producto mucho más redondo aunque sólo esperamos que no haya que esperar tanto para tiempo para disfrutar de ella.

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