Han sido pocos los que han puesto La Bombonera patas arriba. Apenas un par de elegidos lo han hecho portando la 10 de Boca. Uno de ellos es Juan Román Riquelme. Ídolo y figura xeneize. También heredero de Maradona, el único 10 hasta entonces. Para todos aquellos que no vieran jugar a Riquelme les puede valer la definición del maestro Enric González: «Riquelme, al paso o al trote, creaba figuras caleidoscópicas» o si se prefiere el lenguaje bostero de Carlos Bianchi, el entrenador que mejor entendió a Román y que lo catapultó hacia el fútbol europeo, «el juego de Riquelme es muy natural. Él se dedica a poner ese escalope, como le digo yo, encima de la pelota y empezar a amasarla de un lado para el otro». El último enganche argentino vuelve a la que fue su casa, pero esta vez para dirigir la orquesta xeneize desde la platea.

Los más de 84.000 socios de Boca Juniors estaban convocados a las urnas el pasado 8 de diciembre. Ese día se elegía al nuevo presidente xeneize para el período 2019-2023. La jornada estuvo marcada por la incertidumbre después de que las votaciones se iniciaran con retrasos, se produjeran momentos de aglomeraciones o el sistema electrónico de recuento de votos fallara en varias ocasiones. Finalmente el candidato de la oposición, Jorge Amor Ameal se imponía al candidato oficialista y delfín de Mauricio Macri, Christian Gribaudo, al conseguir el 52,8% de los votos. El Macrismo cosechaba un insuficiente 30,6% de los votos. La tercera vía encabezada por José Beraldi apenas rebasó el 16%. El apoyo de Riquelme a Ameal había resultado definitivo para que La Bombonera dejara de ser 24 años después el feudo de Mauricio Macri, quien recientemente también ha perdido la presidencia del país.

Y eso que el último gran ídolo de La Bombonera tardó en decidirse. Su presencia en la candidatura de Jorge Amor Ameal no estuvo confirmada hasta un par de semanas antes de los comicios. La locomotora del cambio ya estaba en marcha, pero Riquelme le iba a dar el impulso definitivo. Su sola presencia ha sido determinante para que estos sean los comicios con mayor participación de la historia de Boca Juniors. Los 38.363 socios que votaron suponen un hito mayor si además se tiene en cuenta que ese día el conjunto xeneize jugaba en Rosario, frente a Central, a más de 290 kilómetros de la capital. Una nueva estratagema del oficialismo para dificultar las votaciones, una zancadilla más a Riquelme, de la que el astro argentino también salió victorioso. Quizá la imagen que resuma la jornada es la de Román acudiendo a votar y a botar como un hincha más de Boca.


¿Quién es Jorge Amor Ameal?


El nuevo presidente de Boca es un viejo conocido de La Bombonera. De hecho, ocupó el cargo de presidente de forma interina tras la muerte prematura de  Jorge Pompillio entre 2008 y 2011, e incluso formó parte de las directivas de Mauricio Macri, aunque se fue alejando con el correr de los años. Ahora este empresario gastronómico e inmobiliario de 71 años ha formado un tridente imbatible junto a Mario Pergolini, empresario de medios de comunicación y nuevo vicepresidente primero, y Juan Román Riquelme, ídolo máximo de Boca al que el nuevo mandatario le entregará plenos poderes como director deportivo.

Ameal sucede en el cargo a Daniel Angelici, quien ha regido los designios xeneizes en los últimos ocho años. El pasado domingo, cuando se hacía oficial su victoria se mostraba exultante tras acabar con 25 años de macrismo: «Este triunfo es de la gente. La gente después de todo lo que hizo el oficialismo para dificultar que se votara, hay gente que ha esperado dos o tres horas para hacerlo. La gente no aguantó más. Se terminó esto, estamos ante una etapa nueva, una etapa en la que tenemos que abrir el club a los socios. Durante toda la tarde recibimos el cariño de los socios. Si el afecto se traduce en votos vamos a hacer una muy buena elección».

Entre los nuevos proyectos de Ameal sobre sale la reforma de La Bombonera, en una decisión que no termina de convencer a todos por más que suponga un aumento en el aforo. También sería el fin de sus míticos palcos verticales, perdiendo su forma de caja de bombones. El proyecto Bombonera 360 tiene previsto la compra de un par de cuadras (las manzanas aledañas a esa parte del estadio) y levantar ahí una nueva tribuna. Los 49.000 asientos actuales del coliseo xeneize pasarían a ser 90.000. El nuevo estadio de Boca será uno de los caballos de batalla de este nuevo gobierno.


Riquelme vs Maradona


Una figura de culto como Riquelme era consciente del riesgo que suponía dar el salto al campo político. Poner en juego esa idolatría y su imagen en un terreno de juego que nunca había pisado. Pero tal y como solía hacer en el césped Román asumió el reto y se embarcó en esta nueva aventura. Y una vez consumada su victoria la afición xeneize se muestra excitada al haber depositado el futuro deportivo de la entidad en un tipo serio y honrado como Riquelme. Aunque hay quien teme ante la inexperiencia del 10 en un ambiente tan hostil y recargado de intereses extradeportivos como los despachos del fútbol argentino. Lo que antes eran zancadillas y marcajes pegajosos serán ahora representantes codiciosos, intereses políticos y críticas despiadadas desde los medios afines al Macrismo, siempre que la pelota no dé la razón a Riquelme. la pelota no obedece

El período electoral ha sido un buen termómetro de lo que le espera al ex jugador argentino. En este tiempo ya ha tenido que zafarse de las críticas furibundas de Diego Armando Maradona, quién consideraba que un inexperto al volante de Boca solo terminaría por dañar a la institución. El Diego sigue rigiéndose por sus propias normas capaz de autodenominarse hombre de izquierdas y apoyar al candidato oficialista, Gribaudo, ha comparado la situación de Riquelme con lo que le ocurrió al eterno rival, River Plate. Allí Daniel Passarella fue el gran ídolo millonario, lo fue como futbolista y lo fue como técnico. Luego daría el salto a la poltrona presidencial y llegaría el drama, tras conducir a River a la B. Esa caída del mito es la que pronostica ahora Diego para su Boca.

En cualquier caso, Riquelme ya se ha puesto manos a la obra para crear el nuevo Boca Juniors a su imagen y semejanza. Y lo primero que ha hecho es rodearse de gente de su confianza. Sebastián Battaglia, Marcelo Delgado o Jorge Bermúdez, algunos de los guardaespaldas con los que contaba Román en aquel Boca de finales de los 90 forman ya parte de su grupo de trabajo. A ellos se unirá como consejero personal del nuevo dueño del fútbol xeneize, el ‘Virrey’ Carlos Bianchi. Y la toma de decisiones no se termine ahí, armada la tramoya de la dirección deportiva hay que preocuparse por los actores principales. El primero el entrenador, tras la marcha de Gustavo Alfaro después de perder 1-0 frente a Rosario Central hay que buscar un sustituto. Miguel Ángel Russo, ex entrenador de Boca que alzó la última Copa Libertadores (2007) con Riquelme impartiendo su última master class, es el primer candidato en todas las quinielas. Pekerman, con el que Román vivió su mejor etapa en la selección albiceleste, también aparece como opción.

Luego tendrá que lidiar el nuevo director deportivo con los referentes de una plantilla que necesita una renovación. Y ahí el primer nombre que aparece es el de Carlos Tévez. La renovación o no del Apache puede ser la primera piedra en el camino de Riquelme, aunque éste sepa mejor que nadie cómo tratar a las figuras: «Yo ya hablé con él. Fue el único jugador con el que hablé. A los jugadores que nos han dado mucho, hay que respetarlos y tratarlos con cariño», dijo Riquelme antes de los comicios. No debería haber problemas entre dos amigos. Más complicado puede resultar la contratación de Paolo Guerrero, el veterano delantero peruano de 35 años es el gran deseado de los grandes equipos sudamericanos, tras su gran actuación con Internacional de Porto Alegre.

Cinco años después de disputar su último partido Juan Román Riquelme vuelve al fútbol profesional, vuelve a su casa, al templo de La Bombonera, donde tal y como ocurría cuando se vestía de corto tomará la batuta de los xeneizes para dirimir los designios deportivos del club de rabo a cabo. Plenos poderes desde la platea para agrandar su leyenda o deconstruir el mito. Y todo ello bajo la atenta mirada de Maradona desde su palco privado del coliseo bonaerense.

 

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