Nos ha faltado meterla”
-Zidane, en sus dos últimas ruedas de prensa-

Prueben con su pareja. Elijan la noche adecuada. Dejen la habitación en penumbra. Sírvanse un té aromático con bolitas de cardamomo. Enciendan el aparato de música y elijan un tema chill out. Siéntanse uno enfrente de otro en cada borde de la cama. Ya tienen el ambiente adecuado. Dicen que no hay buena actuación sin un gran escenario.
Crucen tiernamente sus miradas. Cójanse de la mano. Empiecen un juego de caricias para recorrer todo el cuerpo de la persona amada. No debe quedar ningún rincón sin tocar. Vuelvan a mirarse a los ojos. Empiecen a contraer sus respectivos músculos pubocoxigeos como si fuesen una sola alma. Sientan vibrar al universo…

Si, al final, les pasa como a casi todos, manden el Tantra a esparragar. Consideren todo lo hecho como unos bonitos preliminares y rematen la faena de manera tradicional. Los fabricantes de métodos anticonceptivos o, en su caso, el control de natalidad, les quedarán eternamente agradecidos. También su autoestima.

Viene todo esto a cuento porque el Madrid de los últimos tiempos se ha convertido en tántrico. Lo hace casi todo bien y presume de buenos chacras, pero deja al contrario irse igual que vino. Baño, masaje, demostración de buen juego… pero no le marcan un gol al arco iris.

Desde la salida de Cristiano, el Madrid ha perdido un 30% de su producción cara a puerta. Si el curso pasado, la base de la plantilla actual, se tiró más de 400 minutos sin enchufar un chicharro, este año ya llevamos tres partidos con un único tanto marcado. Y lo metió Benzema después de que Courtois demostrase que ser muy alto sirve también de privilegio en los córner. Un gol desconectado de cualquier sistema de juego. Más épica que fútbol.

Así que es inevitable la añoranza de la figura de Cristiano. Ojo, no digo del mismo Cristiano, pero sí de ese tipo de jugador diferencial, cara a puerta, que al final hace que cuando juegas bien, ganes, y cuando no lo haces tan bien sigas teniendo posibilidades de hacerlo. Esos futbolistas que te hacen llamar al éxito de tú. Nosotros tuvimos uno.

De manera que, teniendo claro que encontrarlos es como hallar un trébol de cuatro hojas en el Sáhara, y que los que existen no te los venden de momento, le toca mover ficha al entrenador del Madrid. Activar a Jovic, convencer a Bale de que puede ser más Hulk que Banner durante 90 minutos, sacar a Rodrygo de la banda derecha -es un gran segunda punta-, rezar para que no se lesione Hazard y se reactive Marcelo -ambos armas de destrucción masiva- o que Vinicius se convierta ya en mariposa. Y, a la par, demostrar que tiene libreta para curar la disfunción eréctil en la búsqueda del gol. Viagra deportiva.

El Madrid debe dejar de ser tan tántrico y convertirse en argumento de película de Nacho Vidal. Está muy bien calentar al contrario, pero siempre que al final te corones. El gol es al fútbol lo que el orgasmo a una buena noche de sexo. Como diría Maradona, sigue teniendo porterías.

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