Durante toda la semana previa al encuentro, el público del Palacio se mostraba expectante ante la vuelta de Sergio Rodríguez. Sin embargo, el verdadero protagonismo corrió a cargo de otro ex madridista que retornaba: Ettore Messina. El técnico italiano planteó un partido repleto de dificultades para los blancos, con un triple poste escoltando a Scola, conformado por Micov, Brooks y Tarczewski, que apabulló en el rebote y minimizó el juego interior merengue. Laso se vio sorprendido, y su apuesta por Causeur en la titularidad fracasó. Los triples no entraban y el Ax Milan anotaba casi con sigilo, como temiendo despertar a la bestia. La intimidación de Tavares se vio perjudicada por dos faltas en el primer cuarto, lo que desguarneció el aro madridista.

La espesa primera parte se explicaba en la distimia de algunos jugadores como Deck o el punto de mira desviado de Randolph, pero ante todo por la excesiva tensión de Campazzo. El emparejamiento del base argentino con el Chacho dejó dos cuartos para olvidar del cordobés, como si los recuerdos de su antigua suplencia en favor del tinerfeño aún lo condicionasen. El duelo entre los dos mejores unos de la Euroliga se decantó en favor de la barba canaria en su primera mitad, y Campazzo se marchó renegando al túnel de vestuario. Su sustituto y compatriota, Laprovittola, ofreció la versión que acostumbra: ni sí ni no, sino todo lo contrario.

La reanudación dejó un decorado completamente diferente. Campazzo se sacudió todas las dudas y comenzó a asumir el papel de director asistente a la que tiene acostumbrado al respetable. El resto de piezas blancas encajaron: Randolph fustigaba desde el triple y contenía a Scola, Tavares recuperaba la compostura intimidadora, Deck se fajaba posteando con los treses milanistas y Mickey guardaba las espaldas atrás y barría todo en el aro italiano. Enfrente, una serie de defensas desganadas de Rodríguez lo mandaron al banquillo –quién sabe si el castigo de Messina destruyó las postreras opciones- y solo Micov, con un acierto exterior desmesurado, mantenía a la escuadra rossonera con opciones en el marcador. El resto de interiores, los alfiles que el ex-asistente de Popovich había dispuesto con mimo para tejer su red, fueron agotándose poco a poco. La mayor profundidad del banco madridista marcó la diferencia hasta el 76-67 final.

Novena victoria consecutiva en el Palacio de los Deportes. Sin duda, números que asustan a primera vista. Pero el tramo amable del calendario se acabó, y el Madrid deberá luchar por los puntos en canchas ajenas dispuestas a la encerrona, que en la Euroliga son casi todas. A domicilio está prohibido sestear y entregar medio partido. En dos días, en Vitoria, Laso y sus chicos tendrán la ocasión de recordarlo.

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