Decía Ortega y Gasset aquello de “yo soy yo y mis circunstancias”, una frase que resumía cómo las experiencias de nuestra vida, desde el momento y el lugar en el que nacemos, van moldeando al ser humano en el que nos convertimos. Unas experiencias o enseñanzas nos parecerán mejores que otras y así vamos formando nuestro código de valores. Todos lo tenemos, seamos contables, arquitectos, profesores, periodistas o deportistas.

No sé muy bien por qué, quizá porque la sociedad les idolatra o quizá porque ganan mucho dinero, esperamos un imposible de los deportistas de élite. Por ejemplo, queremos que sean modelos de comportamiento para los más jóvenes, que no se impliquen políticamente y que no se presten a desarrollar su actividad en según qué lugares del mundo. Todo eso es, para empezar, incompatible. Si Rory McIlroy decide no jugar en Arabia Saudí por motivos políticos, aunque él simplemente dice que prefiere un viaje más corto e ir a otro torneo, está tomando una posición política.

Quiero explicar un par de cuestiones llegados a este punto. Primero, hay que diferenciar entre instituciones y deportistas. Es la IAAF la que decide disputar el Mundial de atletismo en Doha, no los atletas. Es FIFA quien elige Catar como sede del Mundial 2022, no Messi, Ronaldo, Ramos o Neymar. Y es la RFEF quien decide disputar la Supercopa en Arabia Saudí. La prensa británica preguntó a Klopp por la sede del reciente Mundialito de clubes, en Catar, y respondió de la única forma que podía: “si te respondo te voy a dar un titular negativo o positivo. No es a mí a quien tienes que preguntar; nosotros jugamos donde nos dicen”. Los deportistas podrían presionar, pero, ¿qué van a lograr cuando el COI, la FIFA o cualquier otro organismo ha elegido una sede “complicada” con la excusa oficial de expandir el deporte y llevarlo a nuevos lugares, en lugar de designar sedes donde no se prohiba la homosexualidad, se vulneren derechos fundamentales de ciudadanos o se discrimine por sexo o religión?

Segundo, me parece muy bien que personajes públicos tengan ideas políticas o de cualquier ámbito social y las expongan, siempre y cuando estén dentro de lo legal. Personalmente, preferiría que ningún jugador del Madrid, por ser mi equipo, simpatizase con partidos políticos de derechas, pero son opciones legales y aunque algún mensaje he leído diciendo “que le vendan ya” en relación con las ideas de un par de jugadores, hay que tener en cuenta que ningún vestuario será del gusto de aficionado alguno al completo. Que un jugador vote a tal o cual partido es su derecho como persona y no debería afectar a su posición contractual en su club de fútbol. Otra cosa bien diferente es que un jugador hiciese declaraciones racistas, homófobas o sexistas.

Tomar públicamente una postura política es también una responsabilidad, y así es normal que se critique a Xavi cuando dice que en Catar la gente es muy feliz pero en Cataluña hay opresión. Él vive muy bien en Catar, como otros deportistas millonarios, como Verdasco, que se afincan allí, en Dubai o Abu Dabi y no ven más allá del circuito de lujo en el que se mueven. Por una postura similar ha sido cuestionando y criticado Guardiola en la prensa británica. Su discurso sobre Cataluña pierde credibilidad cuando recibe un enorme sueldo de un estado no democrático.

Decía al inicio que esperamos que los deportistas sean el ejemplo para nuestros hijos, cuando ser su ejemplo y su educación nos corresponde a nosotros. Siempre y cuando se comporten dentro de la ley, ¿qué más se puede pedir? Ellos mismos están interesados en hacerse selfies, firmar autógrafos, regalar gorras y portarse bien en público para cuidar su imagen y sus contratos publicitarios. Sepamos elegir qué deportistas, músicos, escritores o actores pueden servir de ejemplo inspirador y cuáles no.

Cabe no perder de vista que, antes que un deportista profesional, existe una persona que tienen los mismos derechos y obligaciones que cada uno de nosotros.

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