El club tiene que nombrar ya al nuevo entrenador”. La frase podría atribuírse a los medios de comunicación, aficionados, comentaristas o exjugadores del Arsenal tan significativos como Paul Merson. Sin embargo, el ultimo en articularla fue Freddie Ljungberg, precisamente el actual entrenador del Arsenal, interino, por si quedaban dudas. Es mas que probable que el Arsenal, si tenia dudas al respecto, también haya decidido firmar a un entrenador ya mismo y no esperar al final de la temporada. Ljungberg ya ha dejado claro que, con sus números, no se va a ninguna parte: Dos derrotas en casa, contra el City de Guardiola (0-3) y, mas grave, contra el Brighton (1-2); un empate en Norwich (2-2) y una victoria en 10 minutos inspirados ante el West Ham United de Pellegrini (1-3)

Parecía que una vez se decidió el despido de Emery todo volvería a su curso, pero sea cual sea el curso que el club cree que es el normal, la realidad del club y del equipo es bien distinta. El Arsenal navega por la zona media de la tabla, con pinta de acabar el campeonato allá por la décima posición. Por raro que parezca no supieron anticipar que a ellos les pasaría como al United tras la era de Alex Ferguson. Como el United, el Arsenal se ha encontrado con una plantilla demasiado heterogénea, con caros jugadores que no parecen contar, con talento mal utilizado, no invirtiendo en las posiciones peor cubiertas (la defensa, especialmente) y sin que parezca que exista una hoja de ruta. Es fácil entender que el Arsenal se fijase en Brendan Rodgers, pero el Leicester ya tenía su plan en marcha antes de contratar al entrenador norirlandés.

La falta de planificación puede deberse a la situación contraria a la del United. Si en Old Trafford no hay director deportivo ni nada que se le parezca, el Arsenal tiene el organigrama saturado. Fruto de ello puede ser que los nombres de los posibles entrenadores se parezcan entre ellos como un huevo a una castaña. En la lista de posibles se introdujo el nombre de Carlo Ancelotti, simplemente porque el Nápoles le había despedido, de la misa manera que apareció el nombre de Pochettino. Ancelotti tiene una notable hoja de servicios, siempre obtenida en grandes clubes. Su currículum muestra Juventus, Milán, PSG, Real Madrid, Chelsea y Bayern. Siempre grandes plantillas y posibilidades de ganar, incluso el proyecto del Nápoles aprecia ambicioso. Pero mal estará viendo las cosas Ancelotti en Londres cuando parece estar cerca de firmar por el Everton.

Con todo, el Arsenal parece –ahora– decantarse por Arteta, pese a que no tiene experiencia alguna como entrenador principal. Especulando, el Arsenal querrá que su antiguo capitán traiga el conocimiento del club (y sus rarezas) junto al estilo táctico de Guardiola.

La afición empieza a dar la espalda al equipo. A los pitidos semanas a tras a Xhaka podemos añadir el desolador aspecto del Emirates en un partido tan significativo como el del Manchester City. La afición seguramente esperaba que el partido fuese como fue y es que antes de cumplirse 2 minutos de juego de Bruyne puso el 0-1 y acabo con cualquier ilusión –por mucha Navidad que sea– de los aficionados gunners.

Como las malas noticias nunca vienen solas y las redes sociales las carga el diablo, Mesut Ozil tuvo la ocurrencia de hacer suya la opinión de la ONU sobre el tratamiento de una minoría musulmana en la región de Xinjiang, una minoría en términos de la población china, pero significativa, pues se refiere a algo más de un millón de personas. Las criticas de Ozil hacia el gobierno chino y la pasividad de la comunidad musulmana (ese millón de personas ha sido detenida y enviada a campos de “reeducación”, sin posibilidad de apelar a su detención, por razones como citar versos del Corán, visitar mezquitas y practicar la religión musulmana) han supuesto una cascada de críticas de los aficionados chinos, que han quemado camisetas de Ozil y del Arsenal y una declaración del gobierno chino explicando que Ozil fue confundido por “fake news”. Decidieron retirar el Arsenal-City de la programación, como unas semanas antes los Houston Rockets perdieron varios contratos de patrocinio por criticar el tratamiento de las manifestaciones en Hong Kong.

La Premier League y el Arsenal, preocupados por los ingresos que reciben de China, decidieron desmarcarse de la opinión de Ozil –insisto, pese a ser la postura oficial de la ONU– simplemente diciendo que las opiniones de Ozil son las de un individuo y no refleja las opiniones del club ni de la Premier League.

La oportunidad y el derecho a opinar de los jugadores de fútbol o de los deportistas en general es un tema que da para mucho más y que habrá que dejar para otro momento, pero que duda cabe de que el Arsenal ha preferido alinearse con su cuenta de resultados antes de pensar en cómo se sentaran sus miles de aficionados musulmanes en el propio Londres y en el resto del mundo. En lo privado es posible que algún directivo del Arsenal le diera las gracias a Ozil por evitar mostrar el ridículo del 0-3 con el City a tan vasta audiencia.

El comportamiento del club fuera del campo es tan mediocre como en el terreno de juego. El Arsenal esta décimo, tan lejos del descenso como de la Champions (7 puntos) y con las mismas victorias que derrotas (5) y con la sensación de que cualquier equipo les puede ganar.

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