Decía Goethe que la memoria llega hasta donde llega el interés, y los resultados deportivos no parecen comportarse de manera diferente. El Barcelona se impuso con claridad en cuarenta minutos de buen baloncesto, y sobre todo, de intachable actitud. La cita no pareció tener el mismo peso para Laso, acostumbrado a considerar el partido de fase regular en el Palau como algo menor, un premio escaso que no merece enseñar sus cartas tácticas, mejor reservadas para los encuentros decisivos que están por llegar. El entrenador vitoriano descartó a Mickey y Mejri, y confió en el triple como aliado salvador. No bastó. Ganó el que más lo buscó desde el inicio, con un primer cuarto demoledor por parte de los azulgranas y desolador para los madridistas, que tienen que remontarse a la final de Copa de 2007 para hallar un parcial similar (22-5 ayer frente a un 21-5 hace 12 años).

La defensa blaugrana constituyó la clave que apuntaló su victoria. Al respecto, la reincorporación de Víctor Claver supone un factor decisivo: puede que el valenciano no acumule cifras de valoración desmesuradas, pero eso solo demuestra los límites de la estadística para comprender la complejidad del mundo. El nivel defensivo sube varios escalones con él en pista, y, desde su tapón a Deck en la primera jugada, resultó evidente que había vuelto con sangre en el ojo. El equipo de Pesic, contagiado de ese ímpetu, maniató a un Madrid que se desangró con un carrusel de pérdidas, incapaz de deshacer la tela de araña culé. Dos canastas casi autistas de Randolph fueron todo lo que pudo aportar el “mejor conjunto de Europa” –en palabras del de Novi Sad- en el primer período.

En el debe barcelonista se halla la escasa coralidad ofensiva. Lesionados sus dos bases canónicos, Pangos y el excepcional Heurtel, el puesto de uno reparte sus minutos entre Delaney, un tipo talentoso mas de esencia anárquica, y Hanga, que ha aprobado con nota su reconversión puntual en el aspecto defensivo y siempre aporta desde la distancia, pero no es capaz de llevar la batuta para hacer jugar un quinteto. La buena noticia radica en que los lesionados volverán, y si, incluso con esta dificultad innegable, la plantilla ocupa la posición de colíder en España y en Euroliga, el techo del FCB no se vislumbra al alzar la vista.

El Madrid comprobó pronto que su tarde iba a ser nefasta en el tiro exterior, de modo que intentó improvisar soluciones inconexas. Un desacertado Campazzo dejaba su hueco a Laprovittola, que tampoco conseguía encontrar pasillos expeditos al aro. Laso movió aún más el banquillo, pero la defensa aguerrida rival no permitió las condiciones adecuadas para las penetraciones de Causeur o el juego al poste de Thompkins. Incluso el microondas Carroll, fresco tras su permiso vacacional en Estados Unidos, dejó un porcentaje decepcionante. Garuba subió la intensidad sin aparejar acierto ofensivo similar –tampoco hay que exigir tamaña responsabilidad a un chaval tan joven-; quizá, por primera vez desde que se lesionó, se echó en falta el arrojo individualista de Llull. Cuando todo fracasa, suele reclamarse a los héroes.

El tercer cuarto dejó abierta una posibilidad blanca: varios minutos de defensas serias y ciertos nervios culés consiguieron minimizar la renta, que había alcanzado los veintiún puntos, a escasos siete. En ese instante se acumularon varias jugadas raras, con multitud de faltas en ataque pitadas consecutivamente, que terminaron por romper el ritmo y sacaron del partido a un Madrid de mentalidad mucho más frágil que su adversario, que enseguida retomó las riendas. Kyle Kuric colocó la puntilla desde la línea de 6,75, coronando una actuación estimabilísima. A partir de entonces los focos apuntaron a Mirotic, que levantaba el dedo, retador, con cada canasta. Debiera, eso sí, tener cuidado el montenegrino de no confirmar el tópico que lo señala como gran anotador en partidos intrascendentes y un ánimo encogido a la hora de la verdad. Griezmann, desde la grada, puede aconsejarlo sobre lo peligroso de dicho sambenito.

En cualquier caso, independientemente de lo descafeinado de los encuentros de liga regular en virtud del formato play-off, el Barcelona puede sacar conclusiones muy positivas. Este equipo, más el talentazo francés en la recámara, tiene argumentos suficientes para discutirle la hegemonía a los vigentes campeones. En febrero llegará la primera reválida, y, a falta de nuevos invitados a la fiesta del baloncesto español, solo uno podrá aprobarla.       

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