Entrada muy pobre en el Camp Nou. Apenas 63.000 espectadores. Entre los culpables directos a los que señalar estaría la lluvia que cayó dos horas antes del partido o el adelanto de la salida de vacaciones por parte de muchos socios. Las razones indirectas apuntan a que el juego de este Barça no enamora en absoluto y nadie quiere perder un día de descanso para dormirse en el sofá.

Tampoco ayuda a que cada vez haya más partidos-siesta de este tipo al año. Son esos partidos que el aficionado ya sabe que aunque saliera el 11 suplente, se ganaría el partido sin grandes problemas. Hubo un tiempo en el que equipos como este Alavés contaban con 2 o 3 jugadores con nivel para ser titulares en un grande. Se podía ver a todo un Logroñés con el Bota de Oro europeo Anton Polster en sus filas. A un Tenerife con Fernando Redondo y Diego Latorre. Un casi recién ascendido como el Depor con dos campeones del mundo con Brasil. Hoy, algunos de ellos estarían calentando banquillo en el Camp Nou o sin convocar en la grada del Bernabéu.

Así que ante un Alaves que defendía por acumulación, entregado a su destino desde el minuto 1, un Barça con espacios y tiempo, podía permitirse jugar al ritmo cansino de su avejentado equipo (de nuevo un 11 titular con 6 jugadores por encima de los 31 años) a la espera de que antes o después algún buen pase se filtraría entre la endeble defensa visitante. Lo consiguió inicialmente Busquets conectando con Messi a la primera, aunque el VAR anuló la magia del argentino. A la segunda, el Hombre Gris culminó exquisitamente con la derecha, teniendo en cuenta su condición de zurdo, y continúa con su racha goleadora en la liga: lástima para él que la principal vara de medir del aficionado culé son las actuaciones frente al Madrid.

El francés había culminado la buena jugada del ataque azulgrana iniciada por Arturo Vidal. Y es que el Paulinho Chileno siempre aprovecha sus minutos para reivindicarse: es fácil agitar el alma tribunera con sus excesos físicos en un equipo que juega caminando. Su violento tiro cruzado al filo del descanso dio por finiquitado el debate de si tiene lugar en el equipo: Don Honesto ya ha demostrado repetidamente su predilección por este tipo de jugadores. Y Arthur y De Jong lo saben.

Se esperaba una segunda parte aún más soporífera que la primera. Y el Barça no defraudó: salió del descanso con el turrón en la mano. El equipo bajó dos marchas, lo que al ir normalmente en segunda, significó directamente ir marcha atrás. Una actitud con la que hasta el Malaquito de Memphis plantaría cara en el Camp Nou. El Alavés, sin nada que perder, se asomó tímidamente en ataque y en su primer disparo a puerta Pere Pons, hizo ver a Jordi Alba el fantasma de Origi.

Llegaron los peores minutos del Barça de Valverde, frase que ya suena a pleonasmo. Las continuas llegadas visitantes y el cabezazo de Rubén Duarte colmaron la paciencia de Messi: el argentino, ya con el billete de avión a Argentina, dejó el polvorón a medias y decidió descongestionar (una vez más) el partido. Dicho y hecho. Su gol número 50 en 58 partidos entre Barça y Argentina en el 2019. En un año natural. Natural para él.

El cierre lo puso un VAR que tardó en revisar el penalti casi tanto como en leer el apellido del autor: Aguirregabiria. Pese a que este año la Bota de Oro está más disputada que en los anterioes, Messi cedió el honor a Luis Suárez. Un gol y tres asistencias para el uruguayo que no tapan su pesada ausencia en el Clásico.

A la salida del estadio, la pregunta más repetida entre los aficionados era ¿dónde conseguir el BluRay del partido? Puede ser el regalo de estas navidades para la gente con insomnio: Don Honesto, está haciendo grandes progresos para la cura de esta enfermedad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here