Como todos ustedes supongo saben, un outlet es un establecimiento, normalmente asociado a grandes marcas, dónde se venden a precio de saldo artículos descatalogados, de segundo mano, de temporadas anteriores o que se pretenden sacar de inventario con la idea de reducir stocks. Por lo general, estos productos se pueden adquirir a precios muy por debajo de su valor inicial de mercado dado su carácter de producto de saldo. ¿Quién no ha comprado alguna vez algo en uno de estos establecimientos? No es raro encontrar pequeños tesoros, extraviados entre mucha morralla, para regocijo de uno mismo. Cuando se encuentra una ganga es como haber encontrado petróleo en Valdeajos; produce una enorme satisfacción inicial, un éxtasis coyuntural, pero poco duradero en el tiempo. Es como dar por amortizado el tiempo invertido en la búsqueda.

Los outlets nos ofrecen muchas oportunidades que nos facilitan la vida de alguna forma, no obstante, es algo más complicado articular la vida en torno a suplirse únicamente de este tipo de productos, puesto que no siempre está disponible el artículo que se precisa con urgencia en cada momento. Desde este punto de vista, lo que dicta el sentido común es intentar sacar el mayor provecho posible en aquello que es accesorio y pagar lo que sea menester por aquello que nos es indispensable.

Mirándolo desde el punto de vista del Real Madrid que está volviendo a reconstruir Zidane, no cabe duda que está aplicando la máxima del uso y disfrute del outlet antes expuesta. Darle uso a unas piezas que ya habían sido más que amortizadas o estaban desfasadas y gastarse el parné en aquello que considera primordial reforzar. Recogió un equipo de saldo, descatalogado, venido a menos, del que todos dudábamos y al que queríamos despedazar y, poco a poco, lo está reconvirtiendo nuevamente en el equipo de moda.

Jugadores como Modric, Marcelo, Isco o el propio Kroos, que habían sido puestos en la picota durante la temporada anterior, y para quién el aficionado medio exigía su inmediata salida del club, se muestran ahora como piezas indispensables en los distintos planteamientos tácticos que Zizou empieza a manejar a su antojo en función de las circunstancias. Si se sabe dosificar físicamente a los tres primeros, cuyo fuelle no está para muchas fiestas, son jugadores irreemplazables y diferenciales en sus puestos. De Kroos poco se puede decir. Es arroparle en el centro del campo para reducir su demanda física y volver a mostrarse como el mariscal teutón que mueve todo un ejército con precisión y solvencia.

Viendo el desempeño actual de Valverde, que se está convirtiendo en una agradable sorpresa por lo eficiente e inesperado, se entiende la fijación de Zidane por el fichaje de Pogba, al precio que fuera. Todo parece indicar que el puesto de Valverde, por posición, desempeño físico y táctico, era clave en el sistema sobre el que Zidane quería asentar al equipo. Ese puesto estaba (¿está?) reservado para el controvertido jugador francés aunque ahora, tras la irrupción del joven uruguayo que últimamente sale a ovación popular por partido, se hace menos urgente su incorporación y menos traumática su ausencia. Doble buena noticia para el club: la pieza clave que buscaba Zidane la tienen en casa y ahora se tendrá más margen de maniobra para negociar por el francés, si es que aún se pretende su incorporación a la plantilla, o por otro tipo de recambio.

Del gato no voy a decir nada que no se haya dicho ya. Otro que, habiendo sido diana de todas las iras del Bernabéu habidas y por haber, se está destapando no solo como un futbolista descomunal, también como un goleador excepcional. Estamos redescubriendo en Karim una juventud que permaneció adormecida y opacada a la sombra de la gigante figura de Cristiano Ronaldo. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Pero si de algo adolecía el equipo era de una figura esencial en todos los equipos ganadores: un jugador de ataque con la suficiente presencia como para aglutinar tanto la posesión del balón, como la atención del contrario. Poder amenazar con argumentos el área contraria es una condición indispensable para mantener el peligro alejado de la propia. En este sentido, y pese al desembolso, la incorporación de Hazard se ha revelado como una pieza indispensable, como un acierto irrefutable, pese a que se dudase de él en un principio para no romper con los principios no escritos de un madridismo en esencia Descartiano. Era el papel que estaba reservado para Gareth Bale, pero que, por personalidad o por el infortunio de las lesiones, nunca supo interpretar del todo o, al menos, no supo hacerlo de forma sostenida en el tiempo.

A falta de saber si Jovic, como los pimientos de Padrón, pica o no, o de si algún día se incorporará al club ese tranvía llamado deseo, aka MBappé, cerrando una delantera más que interesante, queda por acabar de escrutar a Militao y Mendy para saber si es necesario apuntalar la defensa o urge buscar nuevas soluciones. En el caso del francés cada vez se nos va haciendo más evidente un nuevo acierto de Zizou (o ese departamento técnico que no existe en el Real Madrid). Por momentos está empezando a mostrarse competente tanto en el aspecto defensivo, como en su aportación ofensiva, pese a que su apariencia de tronquete no le acompañe. Para ser galán de cine no es suficiente con saber actuar, se debe tener percha. Ocurre con la fruta de la pasión. Tras ese aspecto un tanto rudo, tosco, poco sugerente, se nos oculta un delicioso manjar.

Como dijo Albert Einstein, la solución a un problema debe ser simple, pero no más simple de lo necesario, y esa parece ser la receta que está empleando Zidane en la reconstrucción del equipo. Dónde todo el mundo pedía una reconstrucción con derribo y refundación incluidos, Zizou está haciendo un provechoso uso de saldos y jugadores descatalogados y apuntalando las necesidades más perentorias poniendo el dinero que sea necesario. La clave está en saber distinguir entre lo esencial y lo accesorio y tener claro cómo dar respuesta adecuada a todo ello.

Así que ya sabe. Haga como el bueno de Zizou y ponga un outlet en su vida. No solo ahorrará dinero, de vez en cuando se llevará una grata sorpresa.

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