El Real Madrid no mejora, pero es colíder del campeonato. Así debería analizarse el partido, añadiendo a cada frase el latiguillo final: pero es colíder del campeonato. Esa obligación nos lleva a una crítica moderada porque la Liga se gana en la comparación con tus rivales directos. Y los adversarios, transcurridas once jornadas, no son mejores que el Madrid. Tal vez lo sea el Granada si gana mañana a la Real Sociedad, cosas verdes, amigo Sancho. Quién sabe. Quizá la clasificación sea la única que no miente. Nueve equipos en el escaso margen de cinco puntos a falta de completar la jornada. Habrá quien piense que la clase media ha subido un escalón; yo creo, sin embargo, que la aristocracia tiene la sangre cada vez más roja.

El empate del Real Madrid contra el Betis es un resumen de su temporada. Solvente por momentos y disperso a ratos. Según se distribuyan los porcentajes el equipo gana, empata o pierde. No entraremos en las razones porque están bien descritas: revolución incompleta, años de más y también, en ciertos casos, años de menos. La ausencia de gol sigue siendo un problema crónico. El único goleador, Benzema, no es precisamente un depredador del área, dicho sin ánimo de desmerecer a un futbolista cada vez más completo.

Con semejante panorama, las opciones se reducen. Con Valverde el equipo es más sólido y con Modric más imaginativo e inconsistente. Quedó claro una vez más. Mientras le duró la gasolina al croata (media hora), el Madrid se deslizó sobre el partido y dominó con lujuria. El VAR anuló un gol a Hazard por fuera de juego y Joel evitó dos goles casi cantados. Cumplidos los 30 primeros minutos, el Betis se tanteó el cuerpo y descubrió que no le faltaba nada. Entonces, Canales se puso a los mandos.

Es una verdadera lástima que Canales coincidiera con Mourinho en el Real Madrid; también son una pena sus lesiones. Porque es un futbolista que controla el tiempo, capaz de hacer que pase rápido o despacio. Y tanto como el tiempo controla el aire. Su juego abanicó al Betis cuando le faltaba oxígeno y su equipo no volvió a dar bocanadas hasta los últimos diez minutos del partido, cuando también las dio él.

En ese momento y en los que siguieron, el Real Madrid se chocó de bruces con la cruda realidad. El buen fútbol va y viene sin que los jugadores (ni el entrenador) lo puedan controlar. Es algo que ocurre de pronto y que se desvanece sin previo aviso, como si no existiera volante para conducir ese coche. Lo que deja al equipo entregado a las aportaciones individuales. Y entonces tropezamos con una nueva barrera. Benzema es magnífico como agitador del ataque, pero los goles los tiene que parir. Y Rodrygo está creciendo. Y Hazard todavía no está en forma. Y Carvajal anda confuso. Y Mendy sólo funciona como defensa… En resumen: cero a cero contra el Betis, el equipo más goleado del torneo (21 goles en 12 jornadas).

Vinicius sustituyó a Rodrygo en el minuto 64 y no hizo más que reincidir en sus errores: precipitación y falta de olfato goleador. Pudo marcar en el tiempo añadido, pero Joel atrapó su disparo. Si no quiere seguir haciéndose daño, Vinicius debería sugerir una cesión en el mercado de invierno.

A falta de ocho minutos, Zidane hizo un cambio de autor al retirar a Benzema y dar entrada a Jovic. No suele ser recomendable sustituir a tu mejor (único) delantero cuando necesitas un gol. Menos aún si es para poner en el campo a un jugador de una rigidez tan exasperante como el serbio. Pero él chico no tiene la culpa. Y es posible que tampoco la tenga Zidane. El Real Madrid es la viva imagen de la inconstancia… pero es colíder del campeonato.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here