Esta fotografía es de una maravillosa atleta de Jamaica: Shelly-Ann Fraser Pryce. En esta fotografía ella acaba de proclamarse campeona del mundo de 100 metros este año en Doha. Es más, en esta fotografía tan expresiva Shelly-Ann Fraser Pryce refleja lo que pasa con cualquiera de nosotros cuando logramos lo que soñamos. Por eso algún día nos iremos de este mundo y seguiremos escuchando que una imagen vale más que mil palabras o que el periodismo sin imágenes como ésta se quedaría mudo o no sería lo que es.

Shelly-Ann Fraser Pryce es una mujer de 1,52 de estatura, de 32 años y de un currículum fabuloso desde la primera vez que se proclamó campeona olímpica en Pekín 2008. Pero en esta fotografía Shelly-Ann Fraser Pryce también es una mujer que representa a algo más que a una atleta. Representa a la mujer que hace dos años dio a luz a su hijo Zyon y a la mujer que, después de dar a luz, escuchó que ya casi era preferible que no volviese. Que no había necesidad de arriesgar su prestigio. Que su época tal vez había pasado y que su última competición en los JJOO de Río de Janeiro 2016 había sido una tortura. 

Fraser-Pryce celebra el trunfo en Doha con su hijo.  FOTO: BOUE SEBASTIEN

Por todo ello, en esta fotografía Shelly-Ann Fraser Pryce no representa a la mujer que tiene una estatua en el Estadio Nacional de Kingston. Ni tampoco representa a la atleta que, a su edad, ya debería estar por encima del bien y del mal. En esta fotografía Shelly-Ann Fraser-Pryce, en realidad, representa a la motivación, a la banda sonora de las canciones en las que nunca te das por vencido y a todos a los que creen en la siguiente oportunidad y en qué tienen que hacer para que vuelva.

Pero la diferencia es que en esta fotografía Shelly-Ann Fraser Pryce ha encontrado esa oportunidad. Y la celebra de tal manera que los sueños de cualquiera de nosotros se sienten domiciliados en esa fotografía. Pero para disfrutar hoy de ella tiene que haber un fotógrafo que sepa tirarse al suelo para hacer esa fotografía. Un tipo que se pase media vida viajando, que tenga ese sexto sentido, que sepa trabajar contrarreloj, en décimas de segundo. Por eso en esta fotografía de Shelly-Ann Fraser Pryce no es posible no hablar de su autor. No darle las gracias también a él. No entender que, en estos mensajes que se meten tan adentro, es tan importante quien protagoniza la  fotografía como el que está detrás de la cámara. Por eso esta no solo es la fotografía de una atleta que ha vuelto a ser la mejor del mundo. También es la mejor fotografía del año según ha decidido la Federación Internacional de Atletismo entre miles de fotografías.

Y todo por culpa de un joven fotógrafo de Guipúzcoa, Félix Sánchez Arrazola, que era el que estaba allí en Doha. El que apretó el gatillo. El que explicó a Shelly-Ann Fraser Prize y a millones de ciudadanos del mundo en una fotografía. El mismo que nos recuerda que se puede ser joven y ser un número 1. Quizás por eso nunca dejaremos de aprender de esta fotografía y de lo que fue capaz de transmitir en décimas del mundo. De lo contrario, no sería lo que es: la mejor fotografía del mundo.

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