Gol, divino tesoro. Sobre todo para el Atlético, para el que ahora mismo meter el balón entre los tres palos es alta alquimia. Se han superado algunos de los males de inicio de temporada (la debilidad defensiva, la falta de personalidad o la falta de concentración en las primeras partes), pero el gol se le sigue resistiendo a los rojiblancos. Y el gol (o su ausencia en este caso) condiciona todo. Condiciona tanto que lo que pudo convertirse en la redención del nefasto partido de hace ocho meses acabó en derrota.

Porque los fantasmas de hace ocho meses no sobrevolaron Turín. La Juventus salió bien, pero no fue el vendaval de aquella noche de octavos. El Atlético salió mucho mejor que entonces, concentrado y, por fin, convencido de que los primeros 45 minutos también importan. Y pese al aviso de Dybala en el 9 los rojiblancos se mantuvieron firmes, con salida estable de balón y jugadas largas y construidas, sin perder el dominio del centro del campo que les aportaba el cuatrivote.

Pero al Atlético le faltó contundencia, la ausencia que le acompaña desde el inicio de temporada. En el 12′ Vitolo se lió el sólo y no logró disparar la fantástica asistencia entre líneas que le había puesto Herrera. En el 20′ Saúl cabeceó fuera un buen centro de Lodi y en el 24′ Morata pudo atajar el rechace de Szczesny, que atrapó en dos tiempos un disparo de Saúl. Todo agua. 

Las ocasiones llegaban y el Atlético se sentía todo lo cómodo que se puede sentir un rival ante un equipo como la Juve. El juego del equipo italiano pasaba fundamentalmente por las bota de Dybala, que estuvo magnífico y que puso el broche en el descuento. El argentino marcó con un magnífico golpeo en una falta (que fue discutible) en la que apenas tenía ángulo. Gol y a vestuarios.

El gol, lejos de amilanar a los rojiblancos, les motivó. Sabedores de la necesidad de puntuar tras la victoria del Leverkusen, los rojiblancos salieron con un alto ritmo de juego en la segunda mitad. El manejo del juego era colchonero, pero el dominio no se transformó en gol… ni en apenas ocasiones.

La salida al campo de Joao Félix y Correa aportó velocidad y movilidad al ataque y aquella personalidad que faltó hace ocho meses era ahora colchonera… Pero la ocasión más clara en esos momentos la tuvo la Juve: un fuerte disparo de Bernardeschi que se estrelló en el palo.

En torno al minuto 80, el Atlético tuvo un arreón que pudo acabar en gol de Correa, pero De Ligt le cortó a la perfección. La roca juventina no tenía ni una grieta. Una grieta que pudo romper Morata, que casi al término pudo empatar, pero que incompresnsiblemente no pudo rematar en boca de gol un gran pase de Lemar. 

La derrota complica lo suficiente la vida al Atlético en la última jornada para estar obligado a ganar. El Leverkusen está a sólo un punto, tiene el goal-average ganado y recibirá a una Juve que ya no se juega nada (es primero de grupo matemáticamente). El Atleti depende de sí mismo… Pero el Atleti, sobre todo, depende del gol.

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