Pocas veces serán tan unánimes los tabloides, y aunque sus titulares hay que tomarlos con cautelas, todo parecía ya claro. Tras la derrota ante el Frankfurt en la Europa League, la foto mas repetida era la de Unai poniéndose el abrigo para protegerse de la fría noche londinense. Los diarios vieron rápido el titular: Me pongo el abrigo y me voy.

El cese de Unai se ha confirmado pasadas las 10 de la mañana del viernes. Pero se veía venir desde hace ya algunos partidos. No son solo los siete partidos sin ganar, ni la distancia cada vez más grande entre el cuarto puesto y el Arsenal.

Emery se presentó en el Emirates Stadium hablando un inglés muy quebrado, lleno de errores gramaticales y de vocabulario. Pero se le apreció la valentía de dar la rueda de prensa en inglés, sin tener que apoyarse constantemente en un intérprete. Su nivel no daba para superar un examen de la Universidad de Cambridge pero sí para hacerse entender. La afición le recibió bien y estaba dispuesta a darle el tiempo necesario, entre otras cosas porque culpaban de sus males a Wenger, al club, a una plantilla mal hecha. Emery acaba de llegar y parecía dispuesto a ponerse manos a la obra.

Hoy en día su inglés apenas ha mejorado, y no hablo de su acento. El vocabulario sigue siendo pobre, y entre la prensa —la misma que tiene la caradura de defender a Bale: no hablar castellano en seis años no es un crimen pero no hablar inglés en 17 meses, sí— ha empezado a decirse que si es incapaz de encadenar varias frases correctamente también lo será de hacer llegar sus ideas a los jugadores. El juicio es duro pero es evidente que tiene una parte de razón.

Mas allá de sus problemas de comunicación, algunas de sus decisiones son extrañas. Tras dejar marchar a Ramsey gratis a la Juventus, Ozil es el jugador con más talento del equipo. Sin embargo, el alemán pasa más tiempo en la grada que en el campo, y aunque se rumorea con frecuencia que el club quiere deshacerse de su sueldo, resulta mucho más difícil poner a un jugador en el mercado si no está en el escaparate de cuando en cuando. Admitiendo que esto sean ordenes directas del club, es menos entendible la situación con Ceballos. Su cesión fue una petición directa del entrenador y el jugador del Madrid conectó con la afición inmediatamente. Hacerle titular, darle el capricho a la afición, podría haberle dado tiempo a Emery, que ya vivía entre silbidos.

El incidente con Xhaka posiblemente terminó de romper las relaciones con la plantilla, o al menos con el grupo más fuerte dentro del vestuario. Xhaka, convertido en la cabeza de turco de la afición del Emirates, fue sustituido entre insultos y pitidos durante un partido. Reaccionó, contestando a los espectadores y tirando su camiseta. Emery se puso de parte de los aficionados, sin cuidar a uno de sus capitanes. En su inglés y a su manera fue duro con el jugador. Lacazette y Aubameyang amenazaban con irse y estaba claro que Emery, en las últimas semanas, estaba perdiendo al vestuario.

No todos los males del Arsenal han sido culpa de Emery, pues recordemos que el club ya venía de una situación difícil en los últimos años de Wenger. La plantilla está descompensada y necesita más tiempo para mejorar. Si bien el ataque con Lacazette, Aubameyang y los jugadores jóvenes que Emery estaba metiendo en las rotaciones tiene buen aspecto, en el centro del campo tiene un rompecabezas aun sin resolver. Sin sitio para Torreira, Ceballos u Ozil, el único que juega con frecuencia es Guendouzi y hasta hace poco Xhaka.

No es ese el mayor de los problemas: es la defensa. David Luiz debía aportar algo de experiencia, pero sigue cometiendo los errores típicos de su carrera, esos que hicieron que Benítez le colocase de centrocampista defensivo, cuando los errores aun se pueden corregir. Mustafi no tiene nivel para la zona alta de una liga de primer nivel. Kalasinac y Sokratis también están un peldaño por debajo de lo que cabría esperar. Los que tenemos una edad recordamos un Arsenal donde la defensa la dominaba Tony Adams, con Martin Keown, Lee Dixon y Nigel Winterburn. Allí si algo había seguro era su línea de cuatro. El Arsenal de hoy si tiene algo seguro es que su defensa creará problemas a sus propios jugadores, y aunque la plantilla no es la que hubiera querido Emery, su tarea pasaba por corregir errores.

Ya hay diez favoritos para sustituirle, empezando por Nuno Espirito Santo, ahora en el Wolves, o Arteta, ayudante de Guardiola. También suenan Ljungberg, exjugador y ahora parte del cuerpo técnico del club, el propio Pochettino, en lo que sería un cambio de acera espectacular, Benítez, Vieira y tres candidatos británicos: Rodgers —al que no veo dejando el Leicester por un proyecto hoy por hoy peor— Gerrard, ahora en el Rangers, y el habitual Eddie Howe, siempre entre el octavo y décimo favorito para cualquier cargo.

Tiene sentido aguantar a Ljungberg hasta final de temporada y preparar el relevo con calma, pero en Inglaterra hoy en día gustan de ofrecer el mercado de enero al entrenador nuevo, cual regalo de Reyes, aunque no pasen por aquí. Pochettino no tiene prisa por aceptar un nuevo cargo. Todavía cobra del Tottenham y puede tomarse su tiempo y elegir en verano, pidiendo lo que quiera si hay ofertas. Respecto a Steve Gerrard podría ser el siguiente entrenador del Liverpool, en un escenario en el que Klopp ganase la Liga por fin y decidiera tomarse un tiempo o aceptar la selección alemana. En cualquier caso, Gerrard podría poner fin al dominio del Celtic esta temporada, y probablemente no quiera dejar pasar la ocasión.

Se decía que Arteta estaba preparándose para tomar el relevo de Guardiola, pero hace unas semanas se publicó que el City tiene en nómina a Gio van Bornckhorst con acceso a todas las áreas del club, y le ven como recambio de Pep de aquí a 18 meses, lo cual pone a Arteta en el mercado. Que nadie tome esto como una sugerencia para apostar, pero yo creo que el nuevo entrenador será un exjugador: Ljungberg, Arteta o Vieira.

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