Los primeros recuerdos que tengo de la Copa Davis son de una competición imposible de alcanzar. La Federación Internacional de tenis permitía jugar en cualquier tipo de superficie y nuestros jugadores -hablamos de los 80 y 90- eran muy buenos en tierra batida y muy poco competitivos en el resto. En tierra batida España, con Emilio Sánchez y Sergio Casal, se impuso a la Alemania de Becker en el quinto partido, cuando la figura alemana perdió con Casal, un gran especialista en dobles pero mucho menos competitivo en individuales. En el otro lado de la balanza, recuerdo jugar contra Yugoslavia, con un tipo llamado Zivojinovic que eran tan especialista en el saque que tenía un brazo mucho más musculoso que el otro. El segundo jugador era un jovencísimo Goran Ivanisevic, y así en una pista ultra rápida nos ganaron.

Para los países que la persiguen, la Copa Davis era una conquista romántica. Pero requería mucho esfuerzo: 3 eliminatorias a 5 partidos de 5 sets y normalmente justo después de un Grand Slam y cambiando de superficie de juego. Los grandes jugadores han ganado una al menos (Djokovic, Federer, Del Potro, Murray, Nadal) y una vez ganada han tenido menos interés, mucho más claro en el caso del suizo, que tenía que tachar el torneo de su lista de objetivos fallidos. Poco a poco la competición había ido perdiendo fuelle e interés. Los jugadores habían pedido reformas, quizá alargarla a 2 temporadas, o al menos recibir puntos para sus rankings. Al no ser atendidas sus reclamaciones, han ido limitando su participación para proteger su estado de forma y competir mejor en los torneos donde ganan puntos, prestigio y dinero.

Algo había que hacer. El nuevo torneo tiene algunos problemas, quizá por la falta de rodaje. Así, a bote pronto, se me ocurre que no es normal esperar hasta las 4 de la mañana para acabar una jornada, y tampoco me parece lógico el número de participantes. 18 es un número raro; clasificar a 2 segundos de grupo y eliminar a 4 no parece normal (tampoco me gusta cuando se hace en la Eurocopa) porque cada equipo debe competir en su grupo y nada más. Luego se dan situaciones como cuando Canadá se retira del doble, intranscendental para ellos, y le regala a Estados Unidos una victoria 6-0, 6-0 muy beneficiosa para los coeficientes, que no me voy a poner a explicar. Basta decir que es lo suficientemente complejo como para evitar la clasificación de esos 2 segundos.

No todo es negativo. Con este formato tan concentrado, la atención al torneo es constante y no algo que te encuentras de cuando en cuando durante el año. También es posible para los equipos usar precisamente eso, un equipo de jugadores, haciendo cambios de un día para otro. Y el torneo en sí, con otra denominación, sería muy atractivo. Pero no es la Copa Davis. O aún no lo es. Djokovic decía que sería bueno reducir la fase final y tener una previa más parecida al estilo clásico ante tu público. La fase final podría tener 8 equipos, por ejemplo, y arrancar en cuartos de final. No haría falta llegar a las 4 de la mañana ni serían necesarias enormes instalaciones para albergar el torneo, aunque siempre se buscará un lugar en el que la capacidad de público sea notable.

Estamos ante una primera edición del nuevo formato y quizá sea prudente poner el cartel “en construcción”, porque hay tanto espacio para la mejora como señales de que algo puede cuajar y aceptemos a Piqué como animal de compañía y a su torneo como la Copa Davis. Aunque sea distinta.

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