Juraría que fue Valdano quien dijo (no puede ser otro) que el fútbol es un juego de asociaciones. Cabe entender, por tanto, que, a mayor número de socios/cómplices, mejores resultados (ver Ocean’s Eleven). Pues bien. Desde la teoría de las sociedades no limitadas se puede explicar la victoria del Real Madrid en Éibar. En esta ocasión, Benzema encontró los colaboradores necesarios para unir su isla con el resto del continente. No quisiera repetirme, pero no deja de asombrarme la madurez casi repentina de Benzema, personal y futbolística. Desde que se fue Cristiano se ha revelado como un líder, como un goleador (aún con matices) y como un futbolista esencial en la construcción del ataque y en el carácter del equipo. Mucho se ha escrito sobre la quijotización de Sancho y la sanchificación de Don Quijote, pero tal vez habría que escribir algo más.

El fútbol también es un juego de equilibrios. Debe existir un balance entre el ataque y la defensa (disculpen la obviedad), entre los que corren mucho y los que lo hacen menos, entre los que dan y los que quitan. Y si algo pareció la alineación del Real Madrid en Éibar es equilibrada. El trabajo de Valverde, Casemiro y Lucas compensaba la creatividad de Modric, Hazard y Benzema. Admito que el análisis es superficial, pero este cálculo se puede hacer con los dedos, no hace falta una calculadora científica. Si cubres la espalda de los futbolistas de más talento, el equipo optimiza los recursos que lo distinguen.

Benzema marcó a los 16 minutos con un remate que tenía su ciencia, aunque muchos me lo negarán y no me quedará más remedio que citarlos en un campo de fútbol cualquier amanecer. Dos minutos después, un defensa zancadilleó a Hazard, y lo hizo más herido en su orgullo que engañado por el quiebro. Tiene disculpa: los regates del belga siempre dejan malheridos a los rivales. Sergio Ramos transformó la pena e hizo ver que marcar penaltis es sencillo; solo hace falta imaginarse el mejor lanzador del mundo.

Ya podemos afirmar que Hazard ha tardado trece jornadas en alcanzar el nivel de su prestigio, y no es mucha espera. Las razones de su glorioso despertar en un campo tan áspero son difusas. Diremos, por si sirve de algo, que él nació en una ciudad industrial (La Louvière) donde siempre llueve. Tal vez se sintió como en casa.

Los locales cometieron otro penalti para dejar de sufrir y Benzema hizo su segundo gol de la noche, con el que supera a Puskas como goleador del Real Madrid en Liga. Eso sí, el dato, para ser justos con la historia, debe acompañarse del número de partidos disputados por cada uno. Benzema ha marcado 157 en 323 encuentros y el húngaro hizo 156 en 180.

El niño Valverde marcó el cuarto a la hora de juego mientras el Éibar hacía lo posible por redimirse; la bronca de Mendilibar en el descanso debió ser deliciosa, digna del pago por visión.

Llámenme loco (o cosas peores), pero debo señalar que la temporada del Real Madrid promete, precisamente por la reconocida irregularidad del equipo, por esa humanidad que no existía en tiempos pasados y que resulta reconfortante porque no permite triunfos a medio gas, sino que exige lo mejor para que el marcador corresponda. Es obvio que el Madrid ha tenido equipos mejores en los últimos tiempos, pero creo que pocos han sido tan abrazables.

1 Comentario

  1. […] El efecto Casemiro-Valverde es tan enorme que hasta Zidane se ha tenido que rendir a la evidencia. Muchos de los errores del entrenador han venido por la cabezonería de querer juntar a la vez a jugadores que ya no están para la ida y vuelta de los partidos. Un equipo con Marcelo, Modric y Kroos, al mismo tiempo, dura lo que un capítulo de CSI las Vegas. Si incluyes también a James o Isco en ese once, aparte de la duración del capítulo, verás como cada 15 minutos se paran para dar publicidad. Lo que no puede ser, no puede ser. Si quieres agradecer a los tuyos lo mucho que te hicieron ganar, no les sacrifiques en el once inicial. Zidane se ha apuntado el mensaje. […]

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