Las películas están repletas de historias de anti-héroes; personas que en apariencia no tienen nada, pero que guardan un secreto que sólo conoce el telespectador. En un momento dado, ocurre algo en la trama que deshace el nudo. El protagonista se transforma en un ser especial y distinto, que, ahora sí, vemos que merece una película.

Desde el inicio de la temporada, la sensación que tengo con el Atlético de Madrid es bastante parecida. Creo que el equipo tiene algo, pero que sólo lo veo yo. Es como si necesitase un John Keating que le invitase a subirse a la mesa de clase para soñar, un Morfeo que le convenciese de ser el elegido, o vestirse de rockera, como Olivia Newton John, para desatarse como lo que es de verdad. Ayer, en Sevilla, ocurrió algo de esto. Durante más de media hora vimos un equipo especial y distinto. Uno protagonista. El problema ahora es saber por qué ocurrió.

Si esta temporada fuese una película, el Atleti sería un adolescente tímido, sensato e intrascendente. Lo que vemos es un equipo en construcción, sin gol, sin capacidad de creación, timorato, frágil, falto de personalidad y carente de carácter. Uno que vive rodeado de matones de instituto a los que es incapaz de enfrentarse, y que le critican con saña cada vez que aparece por los pasillos. Pero luego llega el partido de Sevilla, ves la segunda parte, y todo lo que parecía evidente ya no lo es. Todo lo que era obvio deja de serlo. Ya no vale ese disfraz pesimista, con un letrero en el frontal que decía «esto es lo que hay», porque hemos visto que lo que hay es otra cosa. La duda es descubrir si es temporal o no. Casual o forzado. Si ha sido una conjunción cósmica o el efecto de Simeone. En positivo, pinchando donde quiera que haya pinchado; o en negativo, levantado el pie de ese freno que aparentemente limitaba al equipo. La duda es también saber qué pasará después.

La primera parte del Sevilla-Atleti fue otro de esos partidos para olvidar. Tacticismo por ambas partes y una versión constreñida del Atleti. Relativamente compacto en defensa, pero completamente nulo en ataque. Incapaz de robar el balón y mucho más incapaz todavía de hacer algo con él. Plano, seco, inane y absolutamente intrascendente. Lo lógico hubiese sido llegar al descanso con empate (ha pasado un millón de veces), pero no fue así por un fallo impropio de la mejor defensa de la Liga. Un fallo de marcaje, a la altura de un juvenil de competición municipal, junto a la prueba fehaciente de que Oblak es un ser humano. El Sevilla se ponía por encima sin haber hecho mucho más, pero habiendo dado la sensación de ser superior.

Algo debió pasar en el descanso; algo más allá de decirle a Trippier y Lemar que se quedasen en la caseta, quiero decir. El primero está lejos del jugador que conocimos al inicio de la Liga y muy lejos del futbolista que habíamos imaginado. Tan es así, que humildemente pienso que Arias, haciendo otra actuación sobresaliente, le ha pasado ya por la izquierda en la carrera por la titularidad. El segundo, continua siendo un expediente X. Potencialmente es un jugador excelente, pero la realidad es que no recuerdo un sólo partido en el que su concurso haya sido verdaderamente relevante. Me pasa como a Mulder, que quiero creer, pero en esto cada vez soy más Scully.

El Atleti que vimos en la segunda parte no se pareció a nada que hayamos visto antes en esta temporada. Rápido, intenso, vertical, valiente, con carácter, con juego, con confianza y con gol. Primero Diego Costa, aunque el VAR anuló bien el gol por fuera de juego previo. Después Morata, tras una buena jugada en la que, otra vez, cómo no, apareció Correa. El argentino se está revelando como un jugador fundamental para este equipo, y yo bien que me alegro. Los de Simeone no se quedaron ahí, no. Siguieron igual. Con ambición y con fútbol. Y claro, cuando estás cerca del área contraria pasan cosas. Algunas raras, como que el VAR te pite un penalti que nadie había visto (y que yo, sinceramente, seguí sin ver después de la explicación). Pero hay una cosa que los rojiblancos siguen sin poder superar: la mala suerte. La interna, la que está en la cabeza, y la externa, la que no se sabe de dónde viene. Diego Costa lanzó el penalti a las manos de Vaclik y Koke hizo lo mismo con el rechace.

Al equipo le faltó físico al final; eso hizo que el partido se volviese loco y que el Sevilla se acercase a la victoria. Fue sin embargo el Atleti el que estuvo más cerca de ganar. Sobre todo en el último minuto, cuando sólo la incompetencia de uno de esos colegiados originales que alberga la Liga española resolvió la última jugada de la única forma en que es imposible de entender.

El equipo de Simone se fue de Sevilla con la sensación de que se dejaba dos puntos. Aun así, quiero creer que sale reforzado. Si el Atleti 2019/20 va a ser el de la segunda parte del Sánchez Pizjuán, me lo pido. Me gusta. Lo reconozco. Si llegar a eso es cuestión de paciencia, me apunto al viaje. Eso sí, si lo que vimos es simplemente el resultado de un animal herido y renqueante, si hay que llegar a una situación límite para ver lo que debería ser la carta de presentación, entonces no me vale. Entonces no merece protagonizar una película.

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