Desde hace ya algunos años, parece como si hubieran expirado los derechos de autor sobre el tema del narcotráfico en Galicia. A pesar de no tener nada que ver con el estilo de Fariña, es innegable que dicha serie ha abierto la veda y con ella, la aprobación de la sociedad gallega para mirar de frente a una de nuestras lacras sociales más olvidadas.

Con una envidiable puesta en escena, Quien a hierro mata se presenta como un thriller imponente (género que cada vez cosecha con mayor éxito el cine español) dirigido por Paco Plaza, uno de los reyes del terror con títulos como [REC] o Verónica. Luis Tosar interpreta fabulosamente (como siempre) a un enfermero que tiene que cuidar de un narco anciano y muy enfermo interpretado por Xan Cejudo, uno de los mejores actores y directores gallegos que casualmente ha sido el maestro y referente del propio Luis Tosar. Desgraciadamente, falleció en septiembre de 2018.

Esta particular relación personal se traslada a la pantalla de forma increíble. Sin embargo, a pesar de tener buenas ideas, algunas de ellas están cogidas un poco por los pelos. Una mayor dedicación a ese duelo entre los protagonistas habría estado genial. La unión entre los puntos más decisivos de la historia se percibe un tanto confusa e inverosímil, pero no dejan de ser buenas ideas de principio a fin a las que simplemente les faltó ese toque de gracia. Un desarrollo pensado e inteligente, a años luz de esa sucesión de sketches inconexos y sin sentido a los que nos tienen acostumbrados algunos guionistas.

La película traslada muchos mensajes del refranero español como el “ojo por ojo” o “quien juega con fuego, se quema”, pero paralelamente, nos enseñan el estilo de vida de los capos gallegos que no te puede sugerir otra cosa que rechazo. Desde que en Los Soprano extirparon el glamour de los criminales mostrándonos que eran personas humanas que van al psicólogo, que están cabreados con su familia, con sus colegas, con sus amigos, que tienen infartos… nos percatamos de lo cutre y cansado que es todo. Matar gente es muy cansado. Y cuando vemos que en un lugar como Galicia, a poco que destaque mínimamente tu riqueza, te trincan, enseguida piensas: “Esto no merece la pena”.

Sin spoilers, el personaje de Mario (Luis Tosar), con sus luces y oscuridades, es alguien con quien se podrán sentir identificado muchos gallegos. Sobre todo los damnificados directa o indirectamente por las drogas; y esto se extiende a toda España, unánime en la premisa de la culpabilidad de los capos que comercian en una clandestinidad eternamente violenta.

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