Hola, Emmanuel (y demás contrari@s).

Quedará la ilusión es el título del libro que recopila las cartas que intercambiaron Galder Reguera y Carlos Marañón durante el Mundial de Rusia, a las que hacías mención en tu primera carta en nuestra nueva casa, y que nos sirvieron como punto de partida para intentar esta locura de reflexionar sosegadamente hablando del Madrid y el Barça (pocas cosas más a la contra que bajar revoluciones en estos días). Me gusta el título porque creo que refleja lo que sentimos muchos cuando flaquea nuestra afición futbolera. Siempre volvemos, o nunca terminamos de irnos, porque en la reserva nos rescata la ilusión. ¿No has tenido nunca un distanciamiento con el fútbol pero al final permaneces porque piensas que esto es incurable?

Me voy a quedar con una reflexión y una anécdota del libro. La primera la traslada Marañón, quien siempre defiende que prefiere jugar antes que ver fútbol, incluso si se trata de contemplar la final del Mundial o de la Champions. A mí me pasa algo parecido, pues a veces veo un partido sólo para poder escribir sobre él después. Supongo que es un pequeño consuelo con el que sentirse partícipe, igual que aquellos que creen que su equipo gana porque ellos han cumplido a rajatabla con sus rituales prepartido. La anécdota divertida la cuenta Galder, cuando en mitad del verano, mientras se encontraba jugando un partidillo con sus hijos y otros niños, apareció un pequeño ataviado con la equipación del Real Madrid pidiendo permiso para jugar, aunque en realidad estaba abriendo las aguas: «Me llamo Raúl, como Raúl González Blanco, el mejor jugador de la historia del fútbol». Reconforta saber que el futuro está en buenas manos.

Ay, el futuro. Yo siempre fui más de novela histórica que de ciencia ficción, por eso prefiero analizar el pasado a imaginar lo que vendrá, pero es tentador visualizar al antiguo 7 blanco en el banquillo del Real Madrid. Sin embargo, ya con la serenidad que da la treintena, creo que es mejor que el tiempo desacelere un poco no vaya a ser que de tanto correr acabemos avanzando en dirección contraria y hablando con acento portugués otra vez.

Ter Stegen dijo aquello de “tenemos que hablar” nada más ganar al Slavia en Praga. Rápidamente pensé en cómo serían esas charlas de vestuario, quién empezaría, quién hablaría más y con qué tono, aunque quizás todo sea más normal y menos peliculero. Recordé la saga de En el corazón de… las últimas Champions del Madrid y lo cierto es que no hay ningún Al Pacino ni ningún domingo cualquiera. Ya sé que dirás que el discurso de Zidane no es grandilocuente, pero para la estatua de Cruyff han elegido la frase “salid y disfrutad” y eso nos lo podrían haber dicho nuestras madres un sábado por la noche acompañado de un “tened cuidado”. Cero épica.

Quizás mañana, a eso de las 13 horas, sea un buen momento para que la plantilla del Barça, los políticos, los dirigentes del fútbol español y todos nosotros mantengamos nuestras conversaciones pendientes ya que nos han despejado la agenda. Aquí iremos intercambiando palabras gracias a que A LA CONTRA nos ha abierto sus puertas. ¡Muchas gracias por la oportunidad!

Un abrazo,

Juan Carlos.

1 Comentario

  1. […] Al hilo de tu carta anterior, me preguntaba si a un futbolista se le pueden quitar las ganas de jugar al fútbol. Son varios los casos conocidos como el de Iniesta, disminuido por una depresión, o el de Batistuta, provocado por las múltiples lesiones, que en algún momento han aborrecido el balón, pero siempre pudo más la ilusión fraguada en la infancia que los obstáculos derivados del fútbol de élite. El caso paradigmático sería, tal vez, Carlos Vela, quien en varias entrevistas reconoció que lo que le gustaba a él era el basket pero que la diferencia la marcaba con los pies y así el fútbol se había convertido en una forma de ganarse la vida. La diversión la encontraba en otras latitudes. Griezmann ya tiene compañero de viaje para su próxima escapada. […]

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