Hola, Juancar

Estos días, mientras veía a las estrellas de Madrid y Barça desfilar por las terminales de los aeropuertos para escapar de su rutina diaria me acordaba de En busca de la felicidad. Griezmann rumbo a Nueva York para ver un partido de la NBA, Arthur de fin de semana en Roma o Bale de vuelta en las islas para resolver algún asunto privado y quien sabe si mejorar su putt en algún campo de golf. Fueron los daños colaterales del No Clásico y una muestra más de que los futbolistas nunca tienen suficiente. Por qué ver un partido por la televisión cuando puedo verlo in situ en el pabellón?, deben pensar y poco importan los 6.000 kilómetros de distancia. Como si el fútbol solo fuera ese algo engorroso que ocurre dos o tres veces por semana mientras hacen otro planes. O tal y como dicen en la película protagonizada por Will Smith: «Esta parte de mi vida, esta parte de aquí, la llamo felicidad» y en su caso no parece coincidir con partidos de fútbol.

Al hilo de tu carta anterior, me preguntaba si a un futbolista se le pueden quitar las ganas de jugar al fútbol. Son varios los casos conocidos como el de Iniesta, disminuido por una depresión, o el de Batistuta, provocado por las múltiples lesiones, que en algún momento han aborrecido el balón, pero siempre pudo más la ilusión fraguada en la infancia que los obstáculos derivados del fútbol de élite. El caso paradigmático sería, tal vez, Carlos Vela, quien en varias entrevistas reconoció que lo que le gustaba a él era el basket pero que la diferencia la marcaba con los pies y así el fútbol se había convertido en una forma de ganarse la vida. La diversión la encontraba en otras latitudes. Griezmann ya tiene compañero de viaje para su próxima escapada.

A mí, te reconozco, también me ha pasado. Lo curioso de ese distanciamiento es que ha venido emparejado con trabajos periodísticos en los que el deporte en general era accesorio y en los que el ruido se llevaba todo por delante. De tanto alejarse de la pelota uno acaba más pendiente de las peleas de ultras, de los vídeos virales o de los accidentes deportivos.

De aquello me rescató Messi devolviendo el foco a lo verdaderamente importante. Son actuaciones como la de anoche la que dibujan una sonrisa (ya sea de alegría o de impotencia) en los aficionados al fútbol. Leo es el Joker descendiendo las famosas escaleras del Bronx, bailando entre rivales mientras reparte asistencias o colecciona goles que ya hemos visto pero que sabemos que volveremos a ver. Messi al igual que Joaquin Phoenix antes de su actuación estelar en el late night de Robert de Niro también escribe en el vestuario aquello de «Put on a happy face» (ponle buena cara). El Barça, al menos en Liga, la ha recuperado tras un inicio con demasiadas dudas.

Hablabas de la serenidad que aportan los treinta, que además es la edad en la que empezamos a contar batallitas. Para entonces ya tienes la mochila cargada de recuerdos vintage. Quizá ninguno como el debut de Raúl (en tu caso) o el de Ronaldo Nazario (en el mío). Del primero se cumplen 25 años estos días y uno se estremece al pensar en el paso del tiempo o al recordar aquel huracán en La Romareda. Valdano ha contado varias anécdotas de aquel día para explicar lo que entonces parecía una locura: «Cuando saqué a Raúl por el Buitre le dije que para mí era difícil. Él me contestó: ‘más difícil es para mí defenderte ante mi familia'». Era el cambio de testigo de un mito a otro y aunque creo conocer la respuesta me arriesgo a hacértela. ¿Has vuelto a ver a alguien que se parezca al 7? ¿Puede alguien resumir mejor lo que es el madridismo que Raúl?

Y cuando pensábamos que los dinosaurios se habían extinguido aparece José María García y nos suelta un discurso caduco y machista sobre el fútbol femenino. Luego quiso aclararlo para, en realidad, volver a reivindicar el mismo mensaje. Es un buen ejemplo de tipo anclado en el pasado, de esos que se han mirado tanto el ombligo que cuando vuelven a alzar la vista ya no reconocen el paisaje que hay a su alrededor. El fútbol femenino habrá cometido errores, pero es parte de su crecimiento que sepa resolverlos, y en ello andan.

Un fuerte abrazo y saludos cordiales.

Emmanuel.

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