Tal día como hoy de hace dos años nació A la Contra. Según lo mire me parecen dos días o dos décadas. Desde entonces han pasado muchas cosas, creo que todas las que incluye el libro negro del emprendedor. No las voy a enumerar aquí porque me adelantaría a Halloween. Y también ha pasado mucha gente. Unos se marcharon de forma natural y sin rencores, como te alejas de otros lugares y de tantas personas. Esos volverán. Otros no. No obstante, y en fecha tan señalada, me gustaría prestar atención a los que siguen. Colaborando o leyendo. Desde dentro o desde fuera. Con la fidelidad intacta. Todos y cada uno me parecen admirables, deben saberlo.

Les contaré algo. Hace unos meses, bastantes ahora que lo pienso, quedé con un amigo para ver un partido en un pub. A continuación, y como la conversación se nos quedó a medias, quisimos cerrar la noche con una copa (la única que ganamos esa temporada). Le conduje a un local del que tenía vagas noticias y del que sospeché de inmediato. En el exterior había tres tipos serios que no invitaban al desenfreno. Entramos, pese a todo. Tal y como imaginamos, allí no había nadie salvo un camarero conservado en formol y un intenso olor a años 80. Justo cuando nos disponíamos a abandonar el desierto, uno de los tipos que antes rondaban la puerta, el más alto, se interpuso entre nosotros y la salida. “¿Tú eres Trueba?”, me preguntó.

Ante semejante pregunta hice lo que cualquiera: calcular si el puñetazo me llegaría por el sí o por el no. Dije sí. A continuación me invitó a salir. Intuí que había dado la respuesta equivocada. “Este es Trueba”, espetó a sus compañeros. “Joder”, exclamó uno. El otro movió la cabeza hacia los lados. Hasta que por fin sonrieron los tres. Yo no tardé en hacerlo. No nos habíamos visto jamás, pero nos conocíamos de diez o quince años atrás. Yo escribía un blog en el AS y ellos eran asiduos. No solo ellos. Alrededor de los comentarios de cada entrada se formó una comunidad activa y brillante a la que primero intenté responder como anfitrión y después como admirador. Hasta que no me dio la vida. Recuerdo que les dije que aquello era un bar abierto las 24 horas y que se sirvieran lo que quisieran. Dejé la luz encendida y me alejé no sin cierto remordimiento.

Supe que habían montado su propio establecimiento y que habían tenido el detalle de llamarlo el Bar de Trueba. Luego ya no supe más. Hasta que nos encontramos esa noche por pura casualidad. Ni qué decir tiene que animamos aquel bar con charlas futboleras aplazadas diez años y nos preguntamos por nuestras vidas. Les hablé de A la Contra, naturalmente. Se interesaron mucho, me dijeron que hablarían con el resto del grupo y prometieron ayudar.

Desde entonces y hasta ahora ese grupo formidable y heterogéneo ha escrito artículos, ha buscado financiación para el proyecto, ha convocado reuniones con posibles inversores y me ha preguntado qué tal cada vez que han notado que escribía poco o que escribía mal. No sé si recuerdan al ángel de Qué bello es vivir. Pues eso.

Ellos, los que siguen y los que se han incorporado, son lo mejor de esta aventura. El cumpleaños es suyo. Hace dos años no había nada y ahora tenemos un barco que flota y que en los días buenos hasta parece volar.

Enhorabuena a todos.

3 Comentarios

  1. Gracias por estar ahí Juanma. Desde mi rincón de presidente de una peña madridista que empezó, en enero hará veinte años, con más de 200 socios en un pequeño pueblo valenciano y que hoy cuenta con sólo 30 fieles y muy bien avenidos, te deseo larga vida y escritura y que sigas deleitandome con tus crónicas de los partidos de nuestro Madrid (de las cuales has hecho un par de fuchinas) y de vez en cuando incluyas a nuestro admirado Sabina. Un abrazo enorme.

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