Froome tendrá muy difícil ganar el quinto Tour y Pinot o Landa el primero. Una nueva generación ha tomado el mando del ciclismo mundial. Las tres grandes vueltas han sido ganadas por corredores que han estrenado su palmarés en competiciones de tres semanas, Carapaz, Bernal y Roglic. Los campeones del 2019 no pertenecen a países de rancio abolengo ciclista, lo que sugiere que está más próxima la internacionalización definitiva de las carreras en bicicleta. Sólo falta Asia (y no es poco). Esa será la última conquista del ciclismo y hasta entonces toca disfrutar de lo que viene, un paisaje distinto al acostumbrado, donde los españoles tendrán un protagonismo incierto. Es obvio que hará frío cuando se marche Valverde.

Por lo que se refiere a la Vuelta, parece claro que Roglic no será flor de un día. En los tres próximos años debería ser candidato allí donde se presente. Cumplirá los 30 en octubre y su generación (Dumoulin) defenderá el castillo (o lo que queda) ante la irrupción de jóvenes caníbales como Bernal, Pogacar o Evenepoel. Será divertido ver chocar a esas dos corrientes y hay que esperar que Enric Mas y Marc Soler encuentren su lugar en la pelea. Ellos son las cantimploras que tenemos para cruzar el desierto.

Roglic estaba radiante en el podio. Por primera vez en tres semanas se permitió el lujo de sonreír de oreja a oreja y se quitó diez años de encima. El esloveno lució el maillot rojo y luego el verde, y en cada caso mostró una felicidad infantil, a punto de ruborizarse. Si se hubiera reído antes habría sido más fácil atacarlo.

Pogacar recibió el maillot blanco al mejor joven con una enorme bandera eslovena y su cara de niño salido de Sonrisas y Lágrimas. Su rendimiento ha sido uno de los mayores asombros de la carrera. Movistar recibió el reconocimiento al mejor equipo, premio que ha logrado también en Giro y Tour, récord que le iguala con el mítico Kas. Lástima que nadie se acuerde de esta clasificación a partir de mañana.

También pasó por el estrado el ganador del último día, Jakobsen, otro genio en edad (23) de tomar apuntes que ha ganado dos etapas en la Vuelta.

El podio fue la viva imagen de las tres generaciones que todavía cohabitan en el ciclismo, perfectamente separadas por décadas: Roglic (29), Valverde (39) y Pogacar (20). Esa foto es un símbolo y la presencia de Valverde da testimonio de la grandeza de uno de los mejores y más completos ciclistas de los últimos 50 años.

Terminó la Vuelta y finalizó el verano. Acabó en el anochecer de Madrid, incomparable en el mes de septiembre. Y se bajó el telón con la misma sensación de nostalgia que nos deja cada año. Falta mucho para que el Giro dé inicio a la próxima primavera y el Tour al siguiente verano. Hasta entonces habrá que entretener la espera imaginando batallas colosales entre veteranos guerreros y niños con arco y flechas. La historia del ciclismo. Y de la vida.

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