Tadej Pogacar. Añadan otro nombre a su disco duro. El niño esloveno logró la hazaña que esperábamos de otros. Se escapó a 38 kilómetros de la meta, ganó la etapa (la tercera), se metió en el podio en detrimento de Nairo y se aseguró el maillot blanco del mejor joven de la Vuelta. Sólo él consiguió alterar la clasificación, incluso el sistema. El Movistar fue burlado de nuevo. No tuvo fuerzas para reducir distancias con el muchacho contestón y vio cómo se le escapaba el doblete en el podio del que tanto pensaba presumir. Astana no quedó mucho mejor. Después de varios ataques de López, la única preocupación del equipo fue vengar la afrenta del día anterior y perjudicar en lo posible a Movistar, aunque fuera en contra de sus propios intereses. Caín y Abel corrían en equipos distintos.

En última instancia, el podio glorifica a los tres corredores que más lo merecen. Roglic resistió los desafíos de López y Valverde en la última jornada y confirmó que es uno de los campeones del momento, sólido, completo y aparentemente impasible; el hecho de perdiera unos metros en meta nos indica que estaba exhausto y que lo disimuló muy bien.

También es de justicia que Valverde termine en segundo lugar, su séptimo podio en la Vuelta desde que hace 16 veranos fue tercero. A sus 39 años, ha competido hasta el último instante, con un optimismo admirable dentro y fuera de la carrera que ejerce de contrapeso ante las desventuras de su equipo, casi siempre en fuera de juego y eligiendo mal cada vez que toca tomar decisiones. A falta de la última etapa, la despedida de Movistar fue tan desconcertante como el resto de la Vuelta. Con cuatro ciclistas en el grupo que perseguía a Pogacar fue incapaz de defender el podio de Nairo, maillot gris de la irregularidad.

Para el niño queda el resto de la gloria, que no es poca. Ya había ganado bastante como para echarse a dormir y atacó. Esa ambición es la que distingue a los tipos distintos, también las piernas que siguen frescas después de tres semanas. Algún día lo recordemos. El futuro llegó en 2019. Habremos de acostumbrarnos a un ciclismo dominado por un esloveno que se destapó en la Vuelta, por un colombiano que ganó el Tour (Bernal) y un par de holandeses que lograrán lo que deseen (Evenepoel y Van der Poel). No es mal horizonte siempre y cuando elijamos doble pasaporte.

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