Seguro que alguna vez te has obsesionado con alguna canción que te atrapa por dentro, tanto que necesitas enseñársela a ese amigo, padre, madre o hermano para que compartan tu pasión. Ésta difícil misión se ha propuesto el dramaturgo argentino Pablo Messiez que, partiendo de los personajes de Las Tres Hermanas de Anton Chejov, invita a toda una sala a escuchar (que no oír) detenidamente el poder de la música.

Un poder tan elocuente, que sustituye en ocasiones al texto cuando los protagonistas tratan de expresar lo que supone la muerte de su padre. El elenco de Las Canciones se mete de lleno en éste curioso experimento en el que se filtra el deseo, la incomprensión, el sufrimiento que ha podido rondarnos a todos alguna vez como cuando escuchamos una canción triste para estar aún más tristes. La música mágicamente hace esas cosas. Desde el humor nos acercan a una historia que realmente no tiene principio ni final, siendo nosotros tan sólo meros partícipes de una parte inevitable de la historia en la que de pronto tres hermanos quedan huérfanos en el mundo.

¿Cómo se logra conmover al público con algo tan subjetivo como la música? Lo que a uno le gusta, el otro lo aborrece. El secreto de Messiez es que no impone su visión, sino que te deja a ti que escuches y te montes tu película, que te dejes llevar por lo que sea que te esté sugiriendo, que decidas bailar o simplemente observar como una canción une a la gente, como les hace sentir partícipes de algo. No es casualidad que la ingeniosa escenografía sea como una caja de resonancia gigante para envolvernos.

Messiez disfruta jugando y creando sus obras no solo únicamente a partir del teatro, sino de todas las artes, incorporando a sus montajes nociones de pintura, poesía, danza o, en éste caso, música. De hecho, ya hizo algo parecido en su obra anterior, La otra mujer, que era un híbrido entre concierto y obra teatral interpretada por la también actriz argentina Guadalupe Álvarez Luchía y que conformaba todo un homenaje a Nina Simone. En esta obra hay una gran investigación apoyándose en autores como Rilke o Bresson, a los cuales cita en la propia obra y, de paso, se burla del propio hecho de citar, dejando una huella muy postdramática.

En definitiva, es una obra para cualquier melómano que se precie y para cualquiera que haya comprobado como la música te transforma y te transporta a cualquier lugar y a cualquier momento, como un viaje por los recuerdos. Las Canciones estará en el teatro Kamikaze hasta el 6 de octubre.

 

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