Ginebra albergala tercera edición de la Laver Cup, que enfrentará a un combinado de tenistas del Viejo Continente contra otros del resto del mundo. Los avales ya marcan distancia: el de los locales son Nadal y Federer; los visitantes presentan a Kyrgios y a McEnroe.

En una era de tenis muy europea (los cuatro miembros del Big Four son de aquí), 2019 no ha venido sino a refrendar la tendencia. La clasificación actual del ranking ATP (solo hay un no europeo, Nishikori, entre los diez primeros y tres más en el top 20, Schwartzman, Anderson e Isner) refleja lo sucedido durante el año: los jugadores del Viejo Continente han barrido al resto. Ninguno de los siete Máster 1000 disputados hasta la fecha se lo ha llevado un tenista nacido fuera de Europa.

En lo relativo a lo Grand Slam, el dominio es aún mayor. Djokovic y Nadal se han repartido el botín de manera equilibrada: Australia y Wimbledon para el serbio; Roland Garros y el US Open para el español. Y decimos que es mayor porque en los cuatro torneos más importantes del calendario no ha aparecido tenista americano, africano, asiático u oceánico alguno en las finales. Ni siquiera en semifinales. En Australia Nishikori (Japón), Raonic (Canadá) y Tiafoe (Estados Unidos) cayeron en cuartos; en la hierba del All England Club otra vez Nishikori, al que acompañaron Pella (Argentina) y Querrey (Estados Unidos); Kei topó de nuevo con la barrera de cuartos en la arcilla de París y Nadal echó a Schwartzman en esa misma ronda camino de su cuarta victoria en Flushing Meadows.

Europa, que alineará a un gran equipo, tiene las bajas sensibles de Djokovic y del tenista del momento, Daniil Medvédev. Sí estarán los citados Federer y Nadal, los jóvenes irregulares Thiem, Zverev y Tsitsipas más el veterano Fabio Fognini. Si alguno no pudiera jugar, le sustituiría el castellonense Roberto Bautista, cuyo objetivo central de final de temporada es asegurar su presencia en el Torneo de Maestros.

Los seis elegidos por John McEnroe, atracción de por sí siempre y más por esta presunta balanza desnivelada, son Isner, Raonic, el polémico Krygios, Fritz, Shapovalov y Sock.

La brecha que se abre a la esperanza para el combinado del resto del mundo es el formato. Todos los partidos son al mejor de tres sets (el último en realidad es un tie break) pero no todos puntúan lo mismo: las victorias van en orden creciente. El viernes valen un punto, el sábado dos y el domingo tres. Viernes y sábado se jugará un doble, mientras que el domingo serán todos individuales. Todos los tenistas tienen que jugar al menos una vez y ninguno lo puede hacer más de dos en individual. Quien llegue primero a trece gana.

Como sucede en la Ryder, de los emparejamientos, combinaciones y estrategias dependerá parte del éxito, cuya capitanía en el caso europeo cae, como en las dos ediciones anteriores, en la leyenda sueca Björn Borg. Los partidos, que empiezan este viernes, se sabrán siempre pocas horas antes de su comienzo. De Europa se conoce alguna bala, seguramente la más atractiva: Federer y Nadal jugarán juntos el doble. Un sueño hayas nacido en la parte del mundo que hayas nacido.

Praga, en 2017, y Chicago, en 2018, ya vieron alzar el título a Europa. Los pronósticos indican que en la neutral Suiza, la Suiza de Federer, ocurrirá lo mismo pero, por supuesto… hay que jugar.

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