Rumanía no es lo que era, pero nosotros tampoco, de manera que hay valorar el triunfo, quinto consecutivo de la Selección camino de la Eurocopa. Nunca es fácil vencer en campo contrario, y menos ante un equipo con orgullo y con pasado, el presente es otro cantar. Es cierto que lo mejor de Rumanía estaba haciendo la digestión en la grada (Hagi padre, Popescu, Belodedici…), pero el carácter persiste aunque se haya perdido el toque. No hay más que ver a Andone, un delantero que pincha como erizo.

Entre las notas positivas hay que volver a destacar a Fabián, cada día mejor futbolista. Recordemos que el Nápoles lo fichó por 30 millones de euros (la cláusula) un verano atrás sin que los grandes de España se dieran por aludidos. Es un clamor: hacen falta gafas de cerca para los ojeadores patrios.

Fabián, de solo 23 años, se convirtió en líder del equipo acompañado por Ceballos (23), Saúl (24) y Busquets (31). En principio, ese mediocampo juega más de lo que aguanta, pero el fútbol siempre nos ha cautivado más que la resistencia. Eso sí, habrá que probarlo contra selecciones de mayor rango.

Arriba jugaron Rodrigo y Alcácer, y aunque la pareja es extraña (ninguno es un nueve puro) funcionó razonablemente. Incapaces de estarse quietos, ambos aportan dinamismo, condición fundamental para agilizar el juego del centro del campo y desesperar a los centrales.

El primer gol de España lo consiguió Sergio Ramos con un penalti evidente que ejecutó de una manera exquisita; en vez chutar pellizcó a la pelota; es obvio que le están influyuendo los experimentos de El Hormiguero.

España se envalentonó al verse por delante y el segundo tanto llegó tras una hermosura de jugada de tan simple y limpia: tres pases incluido el gol, de Alcácer. Nos las prometíamos felices pero Andone entró al campo y nos arañó la confianza. Al poco acortó distancias y al rato fue expulsado Diego Llorente por derribar a un atacante que encaraba la portería. El defensa reclamó dolorosamente su inocencia y la repetición nos mostró que es un actor de método.

Si nos salvamos del empate o de algo peor es porque nos guarecimos bajo la capa de Kepa (valga la aliteración). El portero del Chelsea justificó su titularidad con dos paradas excelentes que zanjan el debate, si es que todavía existen defensores de De Gea, que no creo. La nueva España va tomando forma y no conviene dar pasos atrás.

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