Con 29 años deberías estar aprovechando los últimos momentos antes de entrar en la treintena. En el caso de un deportista, puede parecer un instante ideal en su carrera. Es el momento donde el dinero, la fama y la edad en la que una persona dedicada al deporte llega al rendimiento óptimo, combinan a la perfección. Pero no siempre es todo tan brillante, y uno de los mejores ejemplos de ello es el quarterback de los Indianapolis Colts, Andrew Luck.

Fue en 2012, tras una temporada horrible en la que quedaron últimos de la AFC South con dos victorias y 14 derrotas, cuando se marchó Peyton Manning de la franquicia de Indianapolis. El quarterback que habían drafteado en 1998, y que había registrado 4.204 pases acertados de los 6.492 intentados, con un rating de 95,3, logró 401 touchdowns y acumuló 49.481 yardas. El mismo que condujo a los Colts a dos Superbowls y le hizo ganar una (en 2006 contra los Bears), puso rumbo a los Denver Broncos. Aquello parecía una hecatombe, pero los Colts pudieron seleccionar a Andrew Luck en el número 1 del draft de 2012.

En Estados Unidos todo el mundo hablaba del gran proyecto que iba a ser este joven nacido en Washington D. C, que en sus tres años universitarios logró 9.430 yardas y 82 touchdowns. Años en los que ganó el Maxwell Award, el Walter Camp Award, fue nombrado 2 veces jugador ofensivo de la Pac-12, 2 veces elegido en el First Team All- American y otras dos en el First Team All Pac-12. Un sustituto de garantías para el legado que dejaba Peyton Manning en Indianapolis.

No defraudó. En sus tres primeras temporadas en el Lucas Oil Stadium, no bajó de las 3.800 yardas por temporada. Incluso, en su tercer año en la NFL, consiguió 40 touchdowns durante la temporada regular. Aquella temporada se quedó a las puertas de disputar su primera Superbowl, porque los Patriots se lo impidieron. El equipo de Brady y Belichick ganó el AFC Championship por 45-7. A partir de aquí, la prometedora carrera del quarterback cambió por completo. Una espiral de lesiones le hicieron perderse la mitad de la temporada de 2015 y toda la de 2017.

Las dudas surgieron cuando el jugador regresó la pasada temporada. En el Lucas Oil Stadium había un rumor constante sobre el nivel al que regresaría Luck. Como siempre, acostumbrado a ofrecer su mejor versión, su regreso fue inmaculado. Hay personas que nacen con un don, que lo aprovechan, lo cuidan y cuando más necesitan que éste les brinde una nueva oportunidad, nunca les falla. En el caso de Luck fue lo que ocurrió. El ruido crítico de las gradas se transformó en sonrisas y jadeos procedentes de los aficionados de los Colts. 4.593 yardas y 39 yardas llevaron en volandas a los Colts a la postemporada, donde cayeron en Divisional Round contra los Chiefs por 31-12. Ese mismo año fue premiado con el NFL Comeback Player of the Year.

“Durante los últimos cuatro años más o menos, he estado en este ciclo de lesiones, dolor, rehabilitaciones y ha sido incesante, incansable, tanto en temporada como en la pretemporada”, dijo Luck tras la derrota del sábado ante los Bears de Chicago. “Me sentí atrapado en ello, y la única manera que veo es no jugar más al fútbol americano. Me ha quitado el gozo por este juego”, terminó explicando. Por sorpresa, Andrew Luck anunció en la conferencia postpartido de Bears que se retiraba del football a los 29 años. Muchos aficionados le agradecieron sus grandes temporadas, otros tan solo se dedicaron a silbarle. Lo único cierto es que las lesiones privaron a Luck de seguir disfrutando como profesional y a los aficionados a este deporte de un talento sobresaliente.

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