Se dice que los españoles y los irlandeses hemos tenido una magnífica relación histórica porque durante siglos hemos compartido enemigo: Inglaterra. Se cita el naufragio de los barcos de la Armada Invencible en 1588 como muestra del hermanamiento definitivo. Hasta 24 barcos se vieron vencidos por las olas de nueve metros cuando los 112 que habían sobrevivido al contraataque inglés intentaban completar el camino de regreso después de bordear Escocia. Hasta entonces, la derrota de la Armada no había sido un desastre. Lo fue entonces. Se cuenta que los ingleses ejecutaron a cientos de supervivientes. Se sabe que los pocos que se salvaron de las olas y las ejecuciones fueron cobijados por irlandeses cuyos descendientes siguen honrando a los españoles caídos.

Hay quien va más allá y asegura que existe un rastro genético de aquellos españoles naufragados. El término Black Irish define las características físicas de los irlandeses morenos de pelo y piel, supuestamente descendientes de españoles que no volvieron nunca a casa. Entre ellos, y la especulación es poco científica, estarían el actor Colin Farrell o los miembros del grupo The Coors, todos guapísimos. El caso es que a los españoles en Irlanda se nos recibe como si fuéramos parientes lejanos, quizá porque los irlandeses son simpáticos por naturaleza o tal vez por la llamada de la sangre (del inglés o compartida).

Es posible que haya llegado ya el momento de señalar que un irlandés, Sam Bennett, ganó en Alicante y su compatriota Nicolas Roche continúa como líder de la general. Ninguno es Black Irish, pero es fácil que sus antepasados nos socorrieran en delicado trance. Así que toca devolver la galantería y celebrar su triunfo. Lo que han unido los ingleses no deberíamos separarlo nosotros.

La etapa no tuvo demasiada historia. Asistimos a la fuga de rigor (Madrazo refuerza su liderato de la montaña) y Gaviria se quedó descolgado en el segundo puerto de la jornada, lo que facilitó las cosas a Bennett. Cabe señalar, y quizá sea más que un detalle, que Roglic peleó por la bonificación del último pase intermedio y recortó un segundo su diferencia con el maillot rojo. A lo mismo jugó el colombiano Sergio Higuita, un escalador de 22 años con algún plan secreto. Ambos serán vigilados más de cerca a partir de ahora.

Mañana habrá una nueva oportunidad para los sprinters y en caso de que continúe el protagonismo irlandés aprovecharemos para contar la historia del capitán Francisco de Cuéllar, náufrago y héroe en tierras irlandesas. Algo parecido a Bennett, pero al revés y más moreno.

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